Feliz Navidad, cojones
(Sí, bueno… vale por ahora. Claro que lógicamente este no va a ser el título definitivo. De ninguna manera optaría yo por una fórmula tan frontal, tan directa, tan, tan… vamos, que hasta expresa el auténtico fondo de aquello que quiero transmitir, y yo esto nunca lo hago así. Mi estilo es mucho más sutil y rebuscado… yeah, hugo boss. Pero de momento lo dejamos de forma provisional hasta que se me ocurra algo)
(…en fin, naturalmente ahora procedería algún tipo de saludo de bienvenida con tintes melodramáticos para abrir una de mis nuevas manifestaciones de egocentrismo como la que escribo cada año para mi página, haciéndola pasar por una felicitación navideña. Iré abriendo el ironify, el ‘grasias.txt’ y otras chuletas que tengo por ahí para tratar de hacerlo ameno… “como siempre, Colega”. Rezad lo que sepáis.)
Ya estamos otra vez. El reloj corre implacable y se agota el calendario. Como cada veinticuatro de diciembre, llega el momento de intentar responder a una serie de preguntas sobre mí mismo para tratar de convencer en vano a mis lectores –si aún los hubiera- y a ese que he dicho antes, o sea, a mí mismo, de que la vida no es un asco.
Echando la vista atrás , me toca preguntarme francamente qué es lo que ha cambiado en este tiempo, y si de verdad mis argumentos son los mismos de siempre o si a lo mejor ya carezco de ellos. Sin embargo no es esa pregunta la que me quita el sueño. La pregunta absolutamente crucial que tengo que afrontar es… la que en este momento sin duda todos os estáis planteando, y mi Pepito Grillo también...
...
...
“Colega, ¿en qué va a ser diferente este rollazo de cualquiera de tus rollazos anteriores?”
(Bien, bien… la autoparodia es un recurso que no me suele fallar. Intento construir o retomar un vínculo de complicidad con el lector que ya me conoce, que es para quien yo escribo… Es curioso, porque lo de antes no iba de coña: tengo cientos de blocs de notas con apuntes ingeniosos o meras estupideces que a mí me hacen gracia. Son muy socorridos, pero por ahora me esta saliendo del tirón, a base de imaginación y nada más. Me ilusiona pensar que el método tradicional todavía puede funcionar, que sigo siendo capaz de hacerlo como en los viejos tiempos… Reconozco que para mí representa todo un desafío…)
(También es evidente que tanto escribir durante este año tenia que servir para algo… además de aquello para lo que se supone que debería de servir, claro… es decir, además de para algo útil. Pero aún falta mucho pa esa parte de la felicitación, además tengo la sensación de que va a ir insinuándose implícitamente a lo largo de todo el texto. A fin de cuentas, aquí todo tiene que ver con todo… ¡si, eso es! De eso se trata y así es como me lo montaba yo…)
(En fin, sigamos… ha llegado la hora de ir metiendo algún pensamiento o reflexión en plan profundo y trascendental…)
Claro que, hablando de cualquiera de mis rollazos anteriores, se me viene a la cabeza que… justamente, ¿Por qué debía ser este diferente? Es decir, ¿por qué me empecino en dejarme llevar por mis devaneos filosóficos precisamente este día? ¿Acaso cualquier otro es menos importante para mi, eh?
Bueno, ¿y para tí? Seas quien seas, ¿eres tú practicante de una religión que celebre algo por estas fechas? Si es así, supongo que tendrás una respuesta… aunque también sabrás que en el mundo actual cada vez sois menos. En realidad te envidio. Y es que tengo por seguro que cuando llegan estas fechas es a todos los demás a quienes nos sobreviene el marrón, y nos toca comérnoslo con papas. Nos metemos nosotros solos en un laberinto sin salida.
(…ahí, hablando en plural, estoy haciendo trampa… pero no creo que nadie se dé cuenta)
Pero mira tú por donde, que yo creo que he encontrado mi propia respuesta: Ya sea por recuerdos de la infancia, por los programas de la tele, por las luces en el cielo o por los folletos que inundan nuestros buzones, esta es la época en la que nos detenemos a pensar en la felicidad.
La nuestra.
La de cada uno y cada una, vascos y vascas. Aquello que en teoría debería ser lo más importante para nosotros.
¿Somos felices?
Nuestros más profundos anhelos, ¿se han cumplido?
¿Hemos resuelto nuestras más hondas inquietudes?
¿Y qué ha sido de nuestras inconfesables motivaciones?
Hay que reconocerlo: sería una locura que nos tiráramos todo el año dándole vueltas a estas cuestiones. Se pararía el mundo. De hecho, yo cada vez que abro esa ventana que da a mí mismo, me doy de bruces con el rompecabezas sin sentido que es mi persona toda ella. Y allí encuentro, por encima de toda la montaña de trastos viejos… algo.
(Hmmm, tal vez se me ha ido la mano con la pamplina filosófica… Lo que pasa es que, una vez más, partes de mí se quieren explayar a sus anchas, mientras que del otro lado una voz en off no para de repetirme un mensaje diáfano: ”habla de cualquier otra cosa”. No logro acallarla y, bien mirado, tal vez haya sensatez en su consejo. Aún recuerdo aquella otra voz en off que tuvo que retirarse por K.O. técnico y que me insistía categóricamente: “PIENSA en cualquier otra cosa”… Al final, ¿en qué quedamos? No lo sé, pero por ahora voy a poner otra cancioncica y a seguir escribiendo, y a ver qué pasa.)
(por cierto, nota mental: en el futuro haz alguna gracia de patio de colegio con lo de las “partes de mí que se quieren explayar”)
(de verdad que no me quiero ni imaginar lo que puede salir de aquí…)
De la felicidad se puede hablar palabras muy sabias.
Se pueden decir misas muy convincentes y mandar power points muy bonitos.
Por la felicidad se pueden hacer viajes muy largos, consultar a terapeutas muy competentes y cometer suicidios muy vistosos.
Y para la felicidad se pueden beber cervezas muy caras, acertar quinielas muy difíciles y tener coitos muy duraderos.
Pero nada de eso acaba con mi tristeza de la mañana siguiente.
He salido. He intentado pasarlo bien. Y a fe mía que a ratos lo he conseguido.
He intentado soltar lastre. Me ha costado. No pocas veces he tenido la impresión de que me iba a estallar el corazón. Los momentos más difíciles han sido aquellos en los que, perdido en mis ensoñaciones, como un jarro de agua fría la verdad de la situación volvía a parpadear en mi mente y me bajaba de la nube.
Pero lo he logrado. Un poquito al menos.
Gracias a quien corresponda. No, qué pollas… Gracias a algunas personas que me han ayudado mucho. Demonios, no dejo de lamentarme… ¿Por qué no aparecisteis antes en mi vida? ¡Qué bien me habríais hecho esta primavera, sin ir más lejos!
Y es que hay veces que me da la sensación de que la gente normal tiene una vida y yo tengo un descuento equivalente. La sensación de que no hay un futuro. Y es posible que no lo haya pero oye, al menos hay un presente. Hay cosas nuevas que van a cambiar mi vida, aunque no quiera –que ya lo creo que quiero-, o aunque no estuvieran planeadas.
(Hombre, eso está bien… por una vez voy a poner en común mi perorata con algún acontecimiento concreto… a ver si soy capaz de repetir la jugada unas cuantas veces. Y es que la vida también puede ser… cualquier otra cosa. Le estoy haciendo caso a la vocecita y no me esta yendo mal el proceso creativo, oye…)
Mi ‘cosa nueva’, una de mis tablas de salvación y un buen estimulo para levantarme por las mañanas… es que voy a ser tío.
Tendré una sobrina preciosa que escuchará mucha música, muy variada, a la que daré mis pésimos consejos sobre todo en general y que, para colmo, cuando vaya cogiendo años se burlará de mis frikadas. O eso espero.
Y mi hermana será una madre maravillosa. Tiene mucha práctica conmigo. No hay más que ver que a mis veintiocho años me sigue tratando como a un niño chico ("me he fijao que tienes muchas amigas en tu Facebook, que te admiran mucho...").
Eso sí, a cambio yo me la camelo con mi labia elocuente y mi irresistible encanto personal… ("¿te gustaría entrar a formar parte de mi comunidad de acreedores?")
De todos modos, y al hilo de esto mismo… ¿quién dijo que las estrecheces eran cosa mala? Para mí han supuesto la mejor ocasión de comprobar que cuento con personas estupendas que velan por mí, que me aprecian, que me quieren y que están dispuestas a echarme un cable. Aunque claro que prefiero no ser una carga. Pero el caso es que muy a menudo he necesitado reírme en compañía. Y me he reído.
Porque estaba triste. Lo he pasado mal. Puedo decir que he probado todas las formas de soledad acompañada en un muy breve periodo. O a lo largo de mi existencia, sí, pero las últimas que me quedaban las he completado en tiempo récord. Y es que tengo la impresión de haber vivido en este último año más que en toda mi vida... Dadme un respiro, coño.
(Bueno, esto sería menester ponerlo un poquito más en orden… Además, me queda pendiente algo que me encanta hacer: probar nuevos giros y figuras con las que me gusta creer y hacer creer que tengo una forma única y especial de percibir las cosas. Perderme en algún punto del camino entre el propio y puro sentimiento y el universo de las ideas codificadas y codificantes… y todo ese rollo. Por ejemplo, frases del tipo "la anestesia es el mejor camino a la sinestesia”, etc etc)
No quisiera dejar pasar que tanta salida nocturna y tanta barra de bar me han dado la oportunidad de hablar y de que me hablen bastante. Y me encanta, aunque el valor de lo que te dicen cambia mucho según la persona que te lo diga. Yo procuro arrimarme a aquellos a quienes les importo, y/o de los que tengo algo que aprender.
Porque es cierto que cuando te revelan algo como si no lo supieras de sobra, suele ser mejor hacerse el tonto. Pero algunas obviedades sí ayudan, si te las dice alguien en quien confías. Alguien que te dice “puedes hacerlo”, y tú vas y lo haces.
Después de haber probado de las dos aguas, yo me quedo con quien me dice sin rodeos que todo es una mierda, antes que con quien intenta hacer fáciles problemas que él desconoce o no padece.
De todos modos me pongo a disposición de cualquier desconocido, o de cualquiera con quien simplemente me crucé en la vida y ahora nos saludamos por la calle –o no- : si necesitas una espalda a la que dar palmaditas, cuenta con la mía. Ya verás como te sientes mejor. Vivirás una vez más la falacia de la madurez y podrás calmar tu necesidad de sentirte por encima de alguien. Pero no quieras saber de mí. Te responderé con monosílabos corteses.
(Hmmmm, creo que aquí lo que de verdad estoy diciendo es: “quiéreme y no seas simple conmigo… yo no lo seré contigo”)
(“Ya… desde luego que no lo serás, Colega… Cuidao con las pelotas…”)
"A partir de ahora vamos a ir a mejor", me dijo una persona muy querida. Fue hace un par de semanas, por teléfono y a las siete de la mañana. Y después de este par de semanas sigo queriendo muchísimo a esa persona, lo juro. A pesar de que anteayer recibí un balonazo en la cara y acto seguido me vi escupiendo minúsculos trocitos de diente. En fin, es navidad, ¿como podían empeorar las cosas?... Pues así exactamente, Colega, así exactamente.
Y lo más curioso es que el balonazo ni me dolió, oye.
(“Oye Colega, te estas pasando con tanta naturalidad… A ver si no estarás errando el tiro. No se trata de no parecer un bicho raro. Quienes leen esto ya saben que lo eres. Lo que esperan encontrar no es el detalle, no es la anécdota... es el cacao mental absurdo, desordenado e incoherente… el mismo montón de mierda de siempre, vaya”)
(“Y no te esfuerces tanto, coño, que ninguna felicitación va a ser tan buena como la de 2008…”)
(oye, ese es un muy buen truco subliminal para hacer que la gente se ponga a escarbar en mi página… si es que mi Pepito Grillo tampoco me falla nunca, jejeje)
(Bueno oye, y ¿qué seria de mis felicitaciones navideñas sin alguna confesión secreta de las que tanto le gustan a la peña?... Se me ocurre una. Por ejemplo, algo como “a estas alturas de la vida, he de admitir que Beyoncé me parece una gran intérprete y mejor artista; hizo muy bien el papel de Etta James en aquella peli, pero sobre todo es que cuando oigo If I were a boy o Halo, se me pone el vello de punta.”)
(…)
(…)
(…)
He decidido que ha llegado la hora de hacer una confesión.
Ahí va: he tenido miedo.
Miedo de un futuro posible. Miedo de perder lo que había conseguido, aun sin saber lo que era, por celebrarlo demasiado alto. Y miedo de disfrutarlo por miedo a perderlo. Por eso a veces parece que hablo a susurros… Cuando hablo, claro.
Miedo de que las cosas volvieran a ser exactamente como antes.
Ha vuelto mi propio fantasma de la Navidad pasada, para hacerme añorar emociones ya de por sí frustrantes que es como si volvieran a despertar en mí. Pude pasar por un moderno, un alternativo, un cultureta, un pijo, un guay, un pez gordo, un creador de opinión, un legendario músico en retirada... y otras muchas pantallas que enmascaran al mismo afectado de diógenes que siempre he sido.
Miedo de intentar ir un poco más lejos.
Y eso que nunca hasta ahora había sido una persona pesimista. Todo lo contrario. Jamás pensé que yo me convertiría en uno de esos apologetas de la depresión navideña. Y no lo soy ahora tampoco; de hecho en Navidad veo las cosas mejor que en cualquier otra época… Pero mira, cuando las cartas te vienen dadas así, intenta cambiarlas o en cualquier caso intenta sobrevivir, no hay otra. Pollas, para esto también sirve un blog, porque de alguna manera hay que descargarse. Digo yo.
(Después de esto, creo que ya sólo me queda la ultima parte… la felicitación propiamente dicha, con los tradicionales chistes, chascarrillos y lamentables juegos de palabras... Espero que guste porque yo al menos estoy moderadamente satisfecho.)
Bueno, ahora que yo ya me he descargado, os deseo a todos Feliz Descarga Respectiva. Buon Natale, Feliz-feliz en tu día, Feliz y llevadera Embriaguez, Feliz Resaca al Día Siguiente, Felices Fiestas Políticamente Correctas y Felices Controladores Dos mil Diez.
No dejéis de visitarme, ¿eh? Que yo en mis buenos tiempos contabilizaba veinte visitas al día, y ahora las hago en semana y media. Manda pollas también, ¿aes, sosio?
Aunque en realidad eso no me preocupa… Facebook killed the Weblog Star, dije el año pasado. Pero mira tú por donde que yo acabo de renacer, y si no que se lo digan a los Exile.
Moderno y petulante esnob que dominas la internete… tú eres un blogger. Yo escribo.
Así que, amigos y amigas, gracias a tod@s.
Y gracias a mis propias tragedias, al LH-Magazin y a otros boletines de Facebook a los que estoy apuntado, por inspirarme con sus canciones.
Y eso, que no dejéis de visitarme… pero sobre todo no dejéis de invitarme a birras.
Moe, te mando un gran abrazo para que no te sientas tan solo. Si me invitas, nos emborracharemos juntos aunque en realidad no me guste emborracharme.
Hasta el próximo rollazo.
I’m coming up only… to show… you wrong.
PD: Y sigo sin novia, por cierto.
PPD: Viva el Granada C.F. y sus Filipinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario