Qué suerte la mía
Son las seis de la mañana y me he despertado sin querer.
Tengo una extraña sensación; como una tristeza profunda o un vacío interior que no puedo comprender y que tampoco podría hacer que los demás comprendieran...
Aún faltan cuatro horas para ir a entrenar pero no puedo seguir durmiendo, así que creo que voy a escuchar música un rato... Sí, eso siempre ayuda. Por ejemplo, me voy a poner el último elepé de los Estopa; me lo regalaron ellos mismos y aún no lo he sacado de la funda pero bueno, supongo que me vale. Igual que cualquier otro disco que pudiera elegir.
Mientras tanto creo que me entretendré mirando fotos viejas o escribiendo, y a ver si así se me pasa este pequeño ataque de ansiedad para el que no tengo explicación. Porque la verdad es que las cosas me van bien... ¿no?
Ya está a punto de terminar la primera vuelta de la Liga y vamos líderes, somos los máximos aspirantes al título, el buen ambiente en el vestuario es total y el míster, Roberto Valverde, sabe sacar lo mejor de cada miembro de la plantilla. La grada está con nosotros incondicionalmente, como siempre, y los noventa minutos anima fervorosamente como si fueran cuarenta mil filipinos. Bueno, cuarenta y siete mil después de la última ampliación de Los Cármenes. Y es que hay que ver lo que ha cambiado esta ciudad, ¿eh? Quién la ha visto y quién la ve; antiguo vertedero hediondo de la malafollá, ha pasado a ser la cuna de los milagros. El principio y fin del mundo.
Por eso, por lo mucho que les debemos, tenemos que darlo todo para superar el fiasco del año pasado, en el que no logramos meternos en Europa -fuimos séptimos- y nos eliminaron en la primera ronda de la Champions, a pesar de que la habíamos ganado en las dos ediciones anteriores. Pero bueno, ganar el título liguero esta temporada es el pimer paso para, en la próxima, afrontar el reto de regalar nuestra cuarta Champions a la afición... Nada que un delantero griego, un mediocentro macedonio, y yo, no podamos lograr.
Cuando pienso que sin mí el Granada no habría regresado a Primera División hasta este año...
Francamente, es verdad que las cosas me van bien, creo yo. ¿No debería estar contento? ¿Orgulloso, incluso?
Si es que soy un tío con suerte, pero eso no es todo, por supuesto. Ser un futbolista hiperconocido te abre muchas puertas. Así es como logré que a mi grupo (porque también tengo de eso, sí señor) le salieran un par de bolos en la sala Razzmatazz de Barcelona. De ahí pasamos al Palacio de los Deportes de Madrid y de ahí... bueno, de ahí a conquistar el planeta. Pero que conste que ya eramos buenos de antes, ¿eh?
Con la prima que cobramos por clasificarnos para Europa por primera vez, hace diez años, me compré una pedalera de casi un metro cuadrado... A día de hoy todavía no sé manejar todos los controles. Pero bueno, siempre he intentado crear arreglos curiosos, originales, en el punto justo entre lo elaborado y lo compacto. Armonías elegantes a la par que agradables y escalas inusuales que sólo podrían ocurrírsele a alguien que empezó a tocar la guitarra sin tener ni puta idea. Como yo, por ejemplo.
Aunque ya no nos reunimos tanto, o tal vez precisamente por eso, las viejas fotos de la banda siempre me sacan una sonrisa y despiertan la nostalgia de los buenos momentos que pasamos.
Todos los componentes, todos los y las que son parte de esto o lo fueron, tienen nombre y apellido por todos conocido. Por todos o por mí al menos, os lo aseguro.
Todas las versiones que empezamos tocando, aún hoy las recuerdo. Están todas en las cintas que usaba cuando salía a correr, hace ya... quién sabe cuánto tiempo. Si es que de verdad alguna vez lo hice.
Será por todo el empeño y la pasión que hemos puesto en ello, que en la Rolling Stone nos consideraron el grupo más innovador de la escena internacional en la última década. Dicen que somos los fundadores -o los catalizadores en el peor de los casos- de cuatro o cinco estilos distintos que vienen pegando fuerte últimamente, a saber: el euro metal, el neutral rock, el acid emo-pop, el funky-superfsurf, el even harder toavía, el hangover tomorrow... bueno, este último ya estaba inventado pero nosotros lo hicimos grande.
Hoy siete de cada diez móviles llevan un politono nuestro, y si no te lo crees busca bien en el tuyo y ya verás, ya... Vas a flipar.
Bueno, entre unas cosas y las otras se me pasan las horas pero no logro librarme de esa sensación... como de que me falta algo, coño.
A veces, lo mejor en estos casos es pensar en el futuro. En este caso yo lo tengo claro: el de futbolista no es un oficio perenne y tampoco quiero ser un Mick Jagger. Así que no hay duda: para el 2030 seré el presidente del Gobierno.
La base ya está puesta: hace ya tiempo que estoy metido en política, en un partido que conecta con todos los movimientos sociales que alzan la voz por un mundo más justo. Lo mismo hay comunistas, que humanistas, que monjas curtidas en mil conflictos subsaharianos. De hecho, no es que el partido conecte con toda esa gente sino que surgió de ella.
Mi postura, como la de tanta otra gente, pasa por replantear todas las relaciones humanas a escala planetaria, de modo que se equilibre la dependencia que existe entre unos y otros. O más exactamente, de modo que se acabe la explotación que queriendo o sin querer ejercemos los de una parte del mundo sobre los de la otra.
Convertir la ONU en una insitución esencialmente más democrática y dotar a la Asamblea General de las competencias y los medios oportunos para que verdaderamente pueda intervenir, moldear, estirar, alisar, allí donde haya personas que lo necesiten. Hacer las cosas bien.
Universalizar por fin la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Erradicar la esclavitud en todas sus formas y en todos los rincones del globo.
Perseguir la discriminación y trabajar por la igualdad real de género.
Respetar la democracia participativa pero respetándola sin más. Sin querer meter las narices.
Montarnos la famosa refundación del capitalismo. Penar la usura, abolir la insana acumulación individual de riqueza o poder. Acabar con el sistema bursátil, con los fondos de inversión y con las escasas agencias de calificación que aún queden en pie.
Y todo ello sin coartar la sana libertad individual.
Así se resume un programa electoral que no es 'el nuestro', aunque es nuestro también. Son los principios mínimos que fueron acordados y asumidos por todos los movimientos y concentraciones populares que llenaron las plazas de todo el mundo, y que poco a poco van dejando en evidencia a todos aquellos partidos e instituciones que aùn se resisten a firmarlos.
Sin duda será difícil materializarlos pero bueno, está claro que después de seiscientos mil años en la Tierra, el Homo Sapiens ya se va conociendo a sí mismo. Sabe cuántos como él hay, ha aprendido y está dispuesto a hacerlo mucho mejor que como lo ha estado haciendo. Ya va siendo hora.
Aunque recordad que en este momento hablamos del 2.030...
Bueno, pienso y pienso y se me viene el mundo encima... pero hay que moverse, porque el tiempo pasa y falta media hora para el entrenamiento matutino.
Con la misma cara rara con la que me levanté, voy al garaje a buscar un coche. Porque tengo más de uno.
Dos, concretamente. Uno es mi coche, un automóvil contemporáneo, alto, voluminoso, con una puerta grande y un cómodo asiento que no me da dolor de espalda. Sobrado de caballos bajo el capot y repleto de dispositivos electroinformáticos que cada dos por tres se están averiando por más bueno y caro que fuese el coche cuando lo compré.
Y el otro es MI coche, un Ford Escort mil seiscientos del 96. Llevo diez años con él y el mecánico me lo tiene como el primer día. Salvo por la carrocería, que prefiero no tocarla y que conserve sus rayones. No así la capa de pintura metalizada, cuya progresiva desaparición resulta, y estaréis de acuerdo, de lo más vistosa.
Pero yo lo prefiero para que me recuerde quién soy. Sé que dicho así parece muy peliculero pero creedme, estas cosas ayudan... y creo que es justamente lo de quién soy lo que me trae de cabeza hoy.
En fin, que me he decidido. Allá voy con este coche que me ha acompañado en tantas travesías. Especialmente en los primeros años en el Granada, cuando compatibilizaba el fútbol con el periodismo amateur. Sin duda mi reportaje más recordado es el que dediqué al científico de la Universidad Autónoma de Barcelona que consiguió aislar un átomo. Se trata, como todos sabéis, del doctor Walter Sosiopóllez del Aceituno, y yo fui a entrevistarle justo cuando estaba a punto de, aislar el átomo ese. Gracias a lo cual estuve presente en el momento del histórico logro.
Pero casi no me acuerdo.
Así pues, parece que todo lo tengo o lo tendré.
Hago todas las cosas que siempre quise hacer. En mis deudas hace mucho que se puso el sol y a lo largo de estos años he conocido múltiples hembras del sexo opuesto que, más allá de la redundancia que suponen como concepto en sí, me encontraron apetecible, y yo a ellas también.
Entonces... ¿por qué esta desazón?
Si soy un tipo afortunado.
Si no he tenido que llorar en las gradas para ser el héroe del Granada.
Si no he tenido que entender una canción mejor que nadie y hacerla mía sin saber ni papa de solfeo.
Si me he librado de recorrer salas de conciertos a cual más espartana, para descubrir en ellas los mayores talentos y las ilusiones que yo mismo compartía.
Si no he sentido el orgullo de estar en la calle, al menos un par de veces, para acompañar la iniciativa popular que quiso plantearse en serio los problemas y comenzar sin miedo a andar un camino que no ha de tener fin.
Si no tuve que tener la paciencia de esperar a que faltara alguien en alguna pista, para poder jugar al fútbol. Ni tampoco me llevé las consiguientes alegrías, ni de pronto me llamó por mi nombre alguien a quien no recordaba para ofrecerme una plaza antes de que yo la tuviera que buscar. Esto último no me ocurrió varias veces, ni una siquiera.
Si no me encontré en pedanías perdidas donde hallé un cariño inesperado y desinteresado al momento de conocerme. Esas carreteras perdidas, que se anegan a poco que caen dos gotas, no las ha recorrido mi coche. No he tenido que conducir con el depósito al límite, ni he tenido que aprender las cosillas de una máquina que en diez años no me ha fallado una sola vez, así que NO se ha convertido en mi objeto inerte favorito.
Pero mucho más allá de eso, no he tenido que saber lo que vale un buen momento después de uno malo. Ni lo que vale un abrazo cuando es sincero, o una vomitona de madrugada. Real o metafórica.
No he tenido que experimentar la incapacidad para ir de guay que me inhibió durante mucho tiempo hasta que descubriera que no sé ir de guay y sobre todo, que no quiero ir de guay porque ese no soy yo. Mi elección es otra.
Qué suerte la mía, que no he tenido que pasarlo bien con la cartera vacía. Me imagino que en tales circunstancias no podría haber hecho nada por los demás, ni nadie habría querido hacerlo por mí.
Tampoco he podido saber cuántas ganas tenían mis amigos de tomarse una cerveza conmigo aunque tuvieran que invitarme indefinidamente.
Y pienso que acertar un quinigol de trescientos pavos debe ser algo insignificante.
No sé lo que vale un curro que no se paga apenas pero que te hace sentir bien, y al prójimo también. No he tenido que sobrevivir un año con el sentimiento intermitente de la inutilidad.
En mucho tiempo no he visto apenas a familia o amigos. No he podido saborear cada rato con ellos ni se han cruzado en mi vida las personas que siempre estuve buscando y que empezaron a hacer la luz sobre el yo que siempre estuve buscando. Ese que poco a poco se va dibujando hasta ir mostrando quién soy y quién no soy.
Y veo a mi sobrina un par de veces al mes, más o menos.
Estar con ella está bien, pero a veces me da la sensación de que no entiendo sus sonrisas porque... no sé, como que son más de lo que parecen. Es como si ella se frustrara porque yo no me dejo hacer.
Nunca se me ha quedado dormida y cuando la abrazo me abre las puertas del pecho pero no provoca en él lo que debería de provocar. No soy capaz de consolarla, siquiera de aguantarla, cuando está de malas y se coge uno de esos berrinches que le duran media hora.
No sé lo que le gusta ni lo que necesita. Y tampoco ella consigue ejercer sobre mí la terapia que, parece, quisiera aplicarme.
Quién sabe, tal vez todo sería diferente si la viera varias veces por semana, pero eso es algo que ahora mismo no está a mi alcance.
Tampoco pude verlas, a ella y a su madre, en el día del parto, porque ese lunes jugábamos en Alicante. Ni al día siguiente las vi, ya que teníamos un Encuentro Abierto del partido en Santiago de Compostela. Ni al otro tampoco, porque mi grupo daba un concierto en Munich ante setenta mil espectadores, codo a codo con Metallica y Killswitch Engage.
Así que en realidad no las vi en toda esa semana...
...Así que sí. Soy un tío con suerte.
Mi sobrina me mira y desnuda todo lo que soy, lo bueno y lo malo. Me recuerda todo lo que es más importante y ve en mí a ese tito que apenas ha empezado a sacar un poco de lo que lleva dentro.
Conoce todos mis secretos y entiende mejor que nadie mi estado natural de echándote de menos con toda el alma, que de alguna forma es lo que mejor me define.
Lo que no quita que de vez en cuando le dé un berrinche peor que un dolor de muelas (o muy parecido pero peor, en su caso). Ni que de vez en cuando me mire con cara de estar pensando "mira el tío barbudo este tan feo... el día que agarre unas tijeras te voy a arreglar yo a tí, desastre".
Ojalá que el año próximo pueda ser, para todos los que conozco, un año de celebrar en comunidad todo lo mejor que llevamos dentro. Todo lo que no puede comprarse ni pagarse. Es decir, que sea para todos lo que este último año ha sido para mí.
Un año en el que el nacimiento de mi sobrina no es la única bella cosa que me ha pasado. También he recibido el regalo más hermoso que me hayan hecho nunca: fue por mi cumpleaños y vino de parte de mi amiga Mery, que lo colgó aquí, en el Facebook, conque puede contemplarlo todo el que así lo desee...
Nadie me ve como tú me ves.
Muchos besos, insuficientes siempre.
Te quiero, amiga.
Bueno, y queda todo lo otro: lo que haya podido hacer por los demás a pesar de ser un parásito de la vida, las cosas que quiero decir y consigo decirlas, las cosas bonitas que me dicen a mí cuando menos lo espero... la última vez anoche, por cierto.
"Y es que las cosas no son como antes, ¿verdad, Colega? Aunque sigues (casi) sin un duro, en la miseria, y no haces ná bonico ni productivo.
¿Para qué existes tú, eh? ¿No deberías haberte suicidado? Y sin embargo ahí estás tan feliz... sólo por las personas para las que eres importante, por las cosas que has hecho, por las que te quedan por hacer, por tu sobri... pero reconoce que tu propia existencia no tendría importancia si no fuera por eso. ¡Que somos otros siete mil millones además de tí, tronco! ¿No te da vergüenza?"
Pues oye, en serio, sólo por dar una patada a toda la cultura dominante ya merece la pena estar contento. Por darse cuenta de la vida. Por valorar todo lo bueno que te rodea y por saber que sea lo que sea lo que pase, será algo nuevo. Como una criatura de ocho meses que va creciendo y creciendo.
Y yo ya he decidido que como persona no me voy a quedar obsoleto. Y no voy a creer en las Tres Frases de Homer que te Solucionarán la Vida.
Efectivamente, voy a hacer algo nuevo. Y será algo que, además, no quiero hacer: voy a convertirme en opositor :)
Como tantos otros, sí. Pero ya haré yo que las oposiciones se conviertan en algo diferente. No me cambiarán ellas a mí, las cambiaré yo a ellas más bien. Y por el camino haré como hice con Los Pilares (desde aquí mando un guiño a todo el que se acuerde), o sea que iré colgando en el Facebook pasajes de los apuntes que todavía no he empezado a ordenar pero el lunes me pongo, Auro, te lo prometo ;)
Bueno, y después de esta verbena de universos paralelos superpuestos, no me queda más que desearos Muy Feliz Navidad, Happy Felicidades, Frohe Weihnachten, Hereuse Navité, Yaw Acheampong, Bon Nadal, Mal Djockvic y todo lo demás, ya tú sabes mi amol.
No os deseo mi suerte, ni mucho menos. No sé lo que es eso. Os deseo que os sintáis tan afortunados como yo me siento.
Sobre todo va para a la gente de mi generación. Para mi quinta, para todos los que veo tan perdidos como yo puedo estarlo a ratos (aunque cada vez menos).
A mi gente, a tod@s l@s que conocí en la calle en estos años e incluso, por qué no, a las personas que no conozco pero a las que lleguen estas líneas. A algunas personas absolutamente insospechadas, también... Sintamos, cuando menos, el gozo de quedarnos fuera del sistema. De no pasar por el aro, de no ser más carne de cañón. Es una revelación que me ha venido hace poco y que, oye, reconforta lo suyo. Y ha de ser el principio de algo nuevo que hagamos nosotros.
Para mí, pido que nunca tenga que decirle que no a mi sobrina. Ni a mis amigos, ni a mis primos. A las personas que quiero. Vosotros sois los recuerdos que me ponen los pelos de punta. La carne de gallina.
A la olla, y listo. Ya estoy perdido.
Que recuerde siempre a mis tíos que se marcharon. Pero eso no he de perdirlo; no me cuesta trabajo.
Y también, puestos a pedir, que nunca me falten los motivos ni la inspiración para felicitar la Navidad... Al quinto año el desafío empieza a adquirir tintes épicos, lo juro. De hecho, llevaba meses seleccionando canciones...
Y es que todas y cada una tienen un significado. Todas están ahí por algo. Y lo mejor es que eso significa que no me cuesta concentrarme ni mentalizarme. En realidad, el 24 de diciembre ya no significa otra cosa para mí.
Qué suerte que todos mis sueños fueran sólo eso, sueños. No habría tenido que aprender a hacer lo más bonito a pesar de todo lo que me falta. O más bien, a construirlo CON todo lo que me falta. Con todo lo que (aún) me falta. Todo lo que no tiene el honor de ser lo que tengo.
La suerte me ronda, hay quien me lo dice.
Si al final se posa en mí, será también la tuya si te vienes tú conmigo.
O yo contigo, que es lo mismo.
Un último brindis por el ciento volando.
Un último no.
Sea un penúltimo, mejor.
I'm coming up only... to hold... you under.
PD: Y el Granada está en Primera, sí.
Pero no espero agradecimiento alguno, sólo que améis al equipo como yo lo amo. Un poquito al menos, pero a mi manera.
O que no lo mentéis siquiera.
PPD: Y oye por cierto, escúchame una cosa... que sigo sin novia, ¿eh?. Nunca está de más recordarlo, joder xD