¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

martes, 25 de diciembre de 2012

Embargo por sorpresa

Uffffff... Huy.

Bien, esteeee...
Vaya.

Vamos a ver...
Pues claro, cualquiera podría pensar que es fácil montarme una de mis clásicas felicitaciones navideñas después de haber conocido a mi segunda sobrina, Miriam, en su primer día de vida.

"Es que se escribe sola, Diego", me espetaría alguien, tal vez. Pero si taaan fácil es, ¿por qué no vienes tú y la haces, cariño o cariña?...
No hay cojones.
"¿Que no hay cojones?... Pues no, no los hay".


Jejeje, ya sabía yo.







Conocí a una persona.

La conocía. La conocí.

Un día se vio esa persona desahuciada. Le tocó a ella un oponente funesto, hegemónico, y ofreció no obstante una resistencia titánica, fajándose en todos los lances y conservando la fortaleza mucho más allá de lo verosímil.

Pero era el suyo un desahucio categórico, inapelable. Tanto duró la batalla que fue consumiendo visiblemente sus fuerzas, sus pilares y sus defensas. Pero tanto duró, sí, que pude yo verla un día en el fragor del combate, ya próxima la derrota final, y en un momento en que me sonrió radiante contemplar cómo su mirada y su persona toda ella se hacían transparentes.

Marchara yo a la sazón en búsqueda de respuestas, y todas mis indagaciones habrían concluido en ese mismo instante: ella resistía por las personas a las que amaba. Por esas dos personas. Porque no deseaba abandonarlas. Había decidido, había sentido, que el esfuerzo merecía la pena.

Era yo un adolescente y aprendí así, de un fogonazo, mi primera lección sobre motivos.


...




Motivos. Nexo invisible de la acción humana. Motor del devenir del mundo. Matiz que puede llegar a cambiar de parte a parte el juicio de dos acciones totalmente idénticas, según cuál fuera su fundamento.
Popurrí de estímulo, razón, instinto y voluntad que da lugar a lo que hacemos o dejamos de hacer, en un entorno de mayor o menor libertad o limitación.

Motivos hacen falta para cualquier cosa y están ahí aunque nos empeñemos en ocultarlos u obviarlos. Aunque nos pasen desapercibidos.
Motivos para soñar, para trabajar, para estudiar, para pasar... para reir, para llorar, para morir... para sufrir. Oye, creo que acabo de oir un resoplido, ¿no?



En serio, ¿por qué sufrir?. Y ya puestos, ¿por qué enfadarse? ¿Por qué molestarse? ¿Por qué preocuparse? ¿Por qué arriesgarse?
Inmersos como estamos en el meollo mismo del asunto, ¿por qué leer esto?

O en mi caso, ¿por qué escribir cada año mi insólita "felicitación navideña"?, y ¿por qué me empeñó en llamarla así? Y respecto a su contenido, ¿por qué decir esto y no lo otro?... o, ¿por qué decirlo de tal forma? Ejem... ¿y por qué me lo preguntas?

"Bueno Colega, pero yo lo que quiero saber es, ¿por qué eliges como título el nombre de un docu-reality televisivo, que además de marginal es bastante penco? ¿no era que tú no veías la tele?"



Pues preguntas hay, fregao me montas y motivos he tenido yo los que he tenido, personalmente hablando. Si han dependido mucho de la variable voluntad, adivino ahora que no es menos determinante la etapa que atravesara cada vez, con su correspondiente estado de ánimo.

Porque he hablado yo de muchas cosas. He hablado de mí mismo, de la felicidad, del talento, de la suerte, de los sueños, de las decepciones, de las pequeñas cosas, del valor de la vida, o de pollas mismamente.
Pero esta será la primera vez que mi motivo lo constituya el hecho mismo del motivo. Así en un plano como conceptual, ya tu saaaaaabeh.



¿Te paras a pensarlo? Cada vez que haces algo que requiere por tu parte una decisión consciente, aunque sólo te tome un segundo, ¿te preguntas por qué? Un ejemplo perfecto: ahora precisamente, en Navidad, muchos hacen o hacemos muchas cosas que el resto del año no solemos.
Detenemos nuestros tiempos. Lo miramos todo desde otra óptica, ya sea para bien o para mal. Nunca igual, siempre mejor o peor. Pero esto de la Navidad necesita una explicación per se, y vamos a mojarnos como no lo hemos hecho antes.

Y es que, ¿cual es la motivación para celebrar una festividad de origen religioso, sin ser uno religioso? Sin serlo ni haberlo sido nunca, ni en la niñez ni ahora, ni un poco, ni de penalty... Me estoy poniendo como ejemplo a mí mismo, como algunos podréis imaginar.



El caso es que según tengo entendido, la cosa viene de un personaje histórico de hace unos dos mil años al que siempre me refiero de pasada, como llamándolo sin nombrarlo. Fuera de todas las creencias asociadas a su figura y que dieron lugar a una corriente religiosa de masas, corriente que luego fueron varias, o a dar un giro a las ya existentes, se le atribuye al hombre toda una filosofía de las relaciones humanas. Y hay que reconocerlo, esta filosofía es fácil de asimilar. Tiene gancho, no hay duda.



Dicho deprisa y corriendo, se trata de amar al prójimo y hacerle el bien. Desinteresadamente y sin condiciones... Claro que esto último, ¿cómo lo sabes?
La respuesta es clara: no lo sabes. O mejor dicho, sólo lo sabes si eres tú, y alguna veces ni aún así.
Si se trata de otra persona tenemos que conformarnos con creerlo, intuirlo o autoconvencernos. Y como no vivimos en una película, nunca hay un the end en el que todo queda aclarado. Siempre tendremos la incertidumbre. Siempre, o al menos mientras no queramos aparcarla y confiar.

Para colmo de paradojas, hay una brecha manifiesta entre la buena voluntad navideña y la realidad. La nuestra. Porque parece que donde celebramos la Navidad es precisamente en las zonas del mundo donde las necesidades humanas básicas están mejor cubiertas. Así parece más fácil hablar de buenos sentimientos, de compartir, de buenas cenas... es un reproche razonable, no lo niego.

No obstante, no me neguéis a mí tampoco que la Navidad es una idea que desde pequeños interiorizamos. Una imagen, una expectativa, un golpe en el calendario... nos afecta consciente o incoscientemente.
En cuanto a mí, he de reconocer que estimula todo lo que me importa. Me vuelve efervescente. Y un ingenuo sin remedio, sí, seguramente.

Será por eso que yo creo que si se trata de hacer el bien, un evento es sólo una excusa. Además puede ser sólo un comienzo. Algo que no te compromete y te invita... es más, si partimos de la base de que algo te afecta aunque no quieras, ¿por qué no utilizarlo?
Dicho de otro modo: "No es la Navidad, estúpido. Es lo que quieras hacer con ella."

Pero tiene uno que pensarlo antes. Reflexionar. Hay, creo yo, demasiado bien que hacer y es demasiado necesario como para no hacerlo, o como para despreciar lo poco que se haga. Se puede hacer bien de ruptura o bien en armonía con el prójimo.
Sobran las maneras. Empieza por quien quieras. Lo contrario a esto sería perder la esperanza, y sí deseo ser firme en este principio a pesar de que lo soy en poquísimos.



Pero, ¿y por qué hacer cosas buenas? Difícil responder, nos adentramos ahora en los más íntimos fuegos del espíritu humano.
La forja del espíritu de un adulto depende mucho de lo que haya aprendido en la niñez, o lo que le hayan omitido.
Al llegar a cierta edad, uno presumirá de (o querrá aprender cómo...) "ganar dinero", "generar riqueza", "fastidiar a Fulano y a Mengano", "estar satisfecho y en paz consigo mismo", "tener sexo en cantidades industriales", "salir del país", "descubrir la vacuna contra el SIDA", "no haberse muerto de hambre", "hacer que algunas cosas cambien" o incluso "propiciar que sigan exaxactamente igual"... Nada de eso, como tal, es incompatible con buenas acciones conscientes y responsables, de esas que sabe uno que las está haciendo y aún así las hace. Aún cuando uno tal vez piensa que nada sale gratis en la vida.

Así que al final, ¿por qué? Porque podrías ser tú en su lugar. Y él en el tuyo.
Nos hacemos llamar 'semejantes' porque en cualquier otro podemos ver un reflejo de nosotros mismos. Una vez más, lo queramos o no... nos han fabricado así. Otra cosa es lo que a cada uno le suscite ese reflejo, pero sea lo que sea sigue pudiendo ser tú.

Y también, por qué no decirlo, porque hacer el bien hace que... te sientas bien. Al menos, para la mayoría de la gente. No me considero yo ninguna clase de benefactor, ni todo lo contrario, pero si hay una cosa digna que yo haga por el mundo esa es sin duda cuidar de mi sobrina Sara con cierta regularidad.
Justamente esta mañana, después de visitar a su hermanita recién nacida en el hospital, volví a casa con ella. Pasamos un rato jugando en el sofá hasta que conseguí que su grave sueño se impusiera a su soliviantado ánimo y dulcemente se me quedara dormida. Por un momento, todo tuvo sentido.

Aún debería decir que para lograrlo tuve que emplear una paciencia y capacidad sugestiva que no sabía que tuviera hasta que ella nació...
Mi sobrina, o ahora MIS sobrinas, mejor dicho... son mi riqueza.

Me entenderéis, al fin, si digo que hacer cosas buenas casi siempre produce paz y justicia. Lo contrario conduce a la guerra irremisiblemente.



Hacer cosas buenas aisladamente y a la bola de uno, no es desdeñable. Pero ciertos ámbitos puede que exijan de uno algo más, si es que uno quiere darlo. Llega entonces el momento de involucrarse.

Cualquiera puede involucrarse en algo, pero tiene que gustarte. Interesarte, cuando menos. Y el que uno (y ese uno soy yo) no tenga actualmente ocupación laboral ni académica, no significa que no pueda involucrarse. El ejemplo del que he hablado antes es perfectamente válido. A mí me está sirviendo, me interesa, y gustarme no me gusta... m'arrencanta.

¿Que por qué involucrarse en cualquiera sea la cosa? Está claro que para dar este paso hay que pensar que va a servir de algo. Es fácil cuando te fijas en lo mucho que han cambiado las cosas a tu alrededor y en lo mucho que te han afectado esos cambios sin que tú hayas hecho nada por o para ello, porque el descubrimiento de esta mecánica da demasiadas ganas de comprobar si también funcionará a la inversa. Es decir, que "a ver si actuando yo, consigo cambiar lo que ocurre en mi entorno y ya de paso, lo que a mí mismo me ocurre"... ¿Sí, o qué?

Pero ojo, no pienses en cómo te gustaría ser en el futuro... Eso está muy visto.
Mejor pregúntate por un momento lo que tu yo del futuro dirá de lo que eres ahora, y de lo que haces.

Si no nos involucramos, vivimos en el vacío. Yo entiendo de lo segundo y estoy poco a poco aprendiendo de lo primero... Lo recomiendo.





Involucrarse implica, o debería implicar, hacer algo que nunca habías hecho antes. Esto es, arriesgarse.

¿Y por qué arriesgarse? Ufff... Eso, amigo mío, sólo lo sabrás en el momento, después de una reflexión profunda o de un impulso fugaz. Impulso que, en ocasiones, suele contrariar frontalmente a la reflexión.

Algunos están acostumbrados a arriesgarse; otros no lo hemos hecho casi nunca. Pero el motivo queda entre la cabeza, las tripas y el corazón de uno.
Si me vas a preguntar a mí... encontrar una persona que me hace desear ser valiente, me parece un motivo bien válido.
Más que eso. Es algo que me hace ir sacando poco a poco el yo que llevaba dentro... y esto fue primero motivo, tornó luego en estímulo y finalmente eclosionó. Y ya, pues todo en uno.

Y me sirvió, más que para descubrirme, para gustarme.
Me gusto más de lo que nunca pensé que me gustaría, y estoy orgulloso de toda estupidez que haya hecho y que sin duda sigo y seguiré haciendo.




(Pero ojalá que no haga tantas, vale)




No arriesgarse es rendirse al miedo, al lamento y a la eterna penitencia.
Yo, de tanto repetirme mentalmente "no tengo miedo", me acabé cansando. Incluso si lo necesitaba a cada vez. Pero cuando se trata de hacer algo que verdaderamente no hayas hecho antes, no hay otra vía que admitir tu miedo. Afrontarlo.

Afrontarlo y confrontarlo, con las armas que tengas a mano. Yo opté por relativizarlo... pude sentir por un segundo una rabia más fuerte que cualquier miedo: la rabia que llevaba dentro mi 'yo' del futuro. Ese que tanto tiempo tuve ignorado y que tanto me está ayudando, como véis.
Porque soy yo y no puedo estar equivocado. A fin de cuentas, si no puede uno confiar en una versión más sabia de sí mismo, ¿en quién, entonces?



Para llegar a arriesgarse es imprescindible creer que algo mejorará. Es decir, no haber perdido la esperanza.
Pero tal como está el mundo, Facundo, ¿por qué no habría que perder la esperanza? Bien, en esto reconoceré que no soy ningún modelo...

Justamente hace un año, en mi última felicitación, os casi-prometía que iba a empezar a estudiarme unas oposiciones. Un año ha pasado, apuntes no han sido tocados.

En mi descargo debo alegar, señoría,
-1º que no hay visos de que salga una convocatoria de las mías hasta 2014, como mínimo,
-2º que no habiendo estudiado, he invertido el tiempo en otras cosas,
-3º que desde siempre me faltaron otras muchas cosas en la vida más allá de una plaza de funcionario público o un puesto de trabajo en general,
-4º que los apuntes están ahí y, si puedo ser la mitad de eficaz con el estudio de lo que un día fui, siempre estaré a tiempo. Pude una vez con el Derecho Administrativo, pesadilla del alumno medio de Políticas, y podría con él otra vez...
-...y 5º, que no cambio el año que he tenido por un año el que hubiera estado estudiando para las oposiciones, ni de coña.
Ni loco.
Ni harto 'vino.

Así que ya lo véis. Yo, un tío mucho más pesimista de lo que pensáis, no he perdido la esperanza ni con las espantosas oposiciones. ¿Que si me comprometo a ponerme con ellas este año próximo? Nada de eso; si al final me pongo ya lo veréis en su momento. Pero promesas al viento en mi propio blog, no haré ni una más, hummmm. ¡En adelante, sólo pruebas empíricas!




Hablando de pruebas empíricas, creo que en esto de la esperanza por encima de todo son las propias vivencias de cada uno las que nos deben insuflar ánimos. Con ayuda de un poco de retrospectiva, desde luego. Te diré sólo una cosa, lector que has aguantado hasta aquí a pesar de lo largo que te parecía al principio (¡ánimo que ya casi, casi!): Cada vez que dices "no puedo seguir" y a pesar de todo sigues, cada vez que lo has hecho... eso significa algo.



Una faceta negativa tengo que conceder y confesar: la esperanza va aparejada al sufrimiento. Sí, está claro. Pones esperanza en algo, precisamente porque ese algo no se da. Pero el perderla significa el sufrimiento sordo, resignado, sin salida y sin fin. El encefalograma plano.

Elegir bien tus motivos para sufrir es la única forma de darle un valor a ese sufrimiento, la única forma de llevarlo a buen puerto, la única forma de hacer que compense. No da ninguna garantía, pero no hay otra.

A propósito, huelga añadir que mientras cumplas en este último punto de la enumeración, no importa si fallas en los otros... doy fe, siempre los podrás recuperar en septiembre.
Pero como no apruebes en esperanza, casi seguro que estás proverbialmente jodido.

...

...


"Venga Colega, pero ya en serio... he llegado hasta este punto, y me está gustando, vale, pero... me merezco que me lo digas, tronco: ¿por qué demonios 'Embargo por sorpresa'?"

Pues mira, como ya imaginas que no pretendo hacer publicidad de ese programa tan malo ("malo pero te tiene enganchado, Colega..."), por esta vez no me voy a poner filosófico y voy a recurrir a lo más simple para aclarártelo: el análisis semántico.





Tenemos por un lado la palabra "embargo", que por desgracia está a la orden del día. Significa que te quiten algo. Implica una deuda. O mejor dicho, implica que algo que era tuyo pero tal vez "no del todo", ahora (también) es de 'alguien' más.
Es como pagar una prenda pero de forma involuntaria, sin poder evitarlo. Así pues, queda uno prendado en cualquier caso. Significa que eres humano. Y empiezas a tomar verdaderas decisiones cuando empiezas a ser consciente de esto, de que estás embargado por todas partes y de mil maneras.

Por otro lado está la "sorpresa", que es algo imprevisible. Inesperado, al menos. Tal vez te habías acostumbrado a algo y de repente vuela, aunque pareció que estuviera siempre aquí. O tal vez todo lo contrario, fue que algo nuevo llegó... o tal vez ambos sucesos a la par.

La vida sin lo imprevisible es la monotonía. El hastío más absoluto.

Y dos más dos son cuatro, por cierto.

...


En el show de la tele, por lo general vemos embargos de automóviles. Pero en la vida también nos pueden embargar ideas, sentimientos, momentos...
A mí en su día me sorprendió y me embargó escuchar algo que llevaba toda la vida necesitando oir... algo que fue tan simple como "Deja hablar a tu corazon"... y más me sorprendió y embargó si cabe, que me lo dijera alguien que no sabe hablar aún.

...Y no tuve más remedio que hacerle caso, porque al corazón no se le puede engañar. Si se embarga, se embarga ni pollas.
Así me he demostrado a mí mismo que puedo cambiar... (algo de lo que, por cierto, nunca perdí la esperanza)... no sin antes ser honesto y reconocer que, al contrario que el común de los mortales, fui siempre demasiado dueño de mis palabras y esclavo crónico de mis silencios.
Y después de hartarme del hastío... después de enfrentarme a mis miedos... después de mirar de frente al vacío, de abstraerme de guerras paralelas y de sopesar el sufrimiento... empecé a cambiar.


Sé que soy capaz de decir y hacer lo que quiero, lo que debo, lo que siento, aunque no siempre lo hago. Me queda mucho que aprender y mucho camino por recorrer. Pero yo, el silencioso, el cauto, el maestro del no-decir sin decir... me atrevo ahora a escribir lo que antes no osaría, sin importar lo que parezca.
Cosas como que cada buen rato que pasé en aquellos días, cada vez que salí con mis amigos, cada vez que jugué con mi sobrina, cada vez que me reí... fue un acto de homenaje deliberado.







("...pero eso sólo era un ejemplo aleatorio, ¿verdad, Colega?")






Y después de todo lo dicho, para estas navideñas vacaciones no me queda más que desearos Felices Motivos que busquéis siempre y que no os abandonen nunca. Que os lleven a un propósito personal, espero que noble, digo yo. O por qué no a una revolución planetaria, quién sabe, oye. Si es de esas, quisiera yo estar presente.


...Y gracias a quienes lo hayáis leido, por haberlo leido.


Gracias también a mi hermana, por mil y una cosas pero en este caso por parir.
Y a mí cuñado, por su indispensable y atinada contribución a ello.


Gracias a mis amigos, por lo que ya saben y por cosas inconfesables.


Gracias a las palabras, por no abandonarme cuando más las necesito,


Por último, gracias a mí mismo por escribir sin complejos.
Pero sobre todo, gracias por hablar.


...


...


...



Es muy fácil encontrar motivos en esta vida. Sobre todo malos motivos.
¿Tan difícil será encontrar los BUENOS? Tal vez para dar con ellos sólo hay que parar un momentito...

Si paramos todos, el mundo entero se detendrá y podremos hacer que eche a andar de nuevo, pero hacia donde todos queramos.




...¿Habré convencido a alguien?


No lo sé.
Pero intentarlo merecía la pena.

Y me encanta poder decir que algo que haré merecerá la pena antes de saber cómo me saldrá... Me motiva, qué queréis que os diga.









Quiero ser tu payaso ninja.

Y lo sabes.