¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

martes, 24 de diciembre de 2013

"Espera un momento"






Qué suerte la mía, en Granada a 24 de diciembre de 2011, evidentemente:

"(...) Efectivamente, voy a hacer algo nuevo. Y será algo que, además, no quiero hacer: voy a convertirme en opositor :)
Como tantos otros, sí. Pero ya haré yo que las oposiciones se conviertan en algo diferente. No me cambiarán ellas a mí, las cambiaré yo a ellas más bien. Y por el camino haré como hice con Los Pilares
(desde aquí mando un guiño a todo el que se acuerde), o sea que iré colgando en el Facebook pasajes de los apuntes que todavía no he empezado a ordenar pero el lunes me pongo, Auro, te lo prometo ;) (...)"

.... ....

Embargo por sorpresa. Granada, 25 de diciembre de 2012, claro:

"(...) Justamente hace un año, en mi última felicitación, os casi-prometía que iba a empezar a estudiarme unas oposiciones. Un año ha pasado, apuntes no han sido tocados.

En mi descargo debo alegar, señoría,
-1º que no hay visos de que salga una convocatoria de las mías hasta 2014, como mínimo,
-2º que no habiendo estudiado, he invertido el tiempo en otras cosas,
-3º que desde siempre me faltaron otras muchas cosas en la vida más allá de una plaza de funcionario público o un puesto de trabajo en general,
-4º que los apuntes están ahí y, si puedo ser la mitad de eficaz con el estudio de lo que un día fui, siempre estaré a tiempo. Pude una vez con el Derecho Administrativo, pesadilla del alumno medio de Políticas, y podría con él otra vez...
-...y 5º, que no cambio el año que he tenido por un año el que hubiera estado estudiando para las oposiciones, ni de coña.
Ni loco.
Ni harto 'vino.

Así que ya lo véis. Yo, un tío mucho más pesimista de lo que pensáis, no he perdido la esperanza ni con las espantosas oposiciones. ¿Que si me comprometo a ponerme con ellas este año próximo? Nada de eso; si al final me pongo ya lo veréis en su momento. Pero promesas al viento en mi propio blog, no haré ni una más, hummmm. ¡En adelante, sólo pruebas empíricas!" (...)


.... ....
.... ....
.... ....
.... ....

Chicos, si en el momento de empezar mi séptima extravagante felicitación navideña del ColegadelaVega™ ©2007 se me vinieron a la mente las dos anteriores, no fue por pavoneo gratuito ni porque me guste especialmente rescatar pasajes de mis viejos textos... porque no me gusta, ¿eh?... bueno, vale, me encanta, pero no era esa la razón, ¿vale?
En aquel momento me pareció una buena opción porque entre mis propósitos estaba la intención de arrancarme con una idea positiva. Y puede decirse que esa idea se presentó ella solita al echar un poco la vista atrás.

Porque, como sabéis, en 2013 finalmente sí hubo convocatoria para Gestión del Estado, y yo estudié y me presenté. Y en aquella ocasión, suspendí el primer examen.
Si en aquel momento a cualquiera o a mí mismo no nos habría parecido gran cosa, sí me dejaba al menos el regusto dulce de ver que, a veces, el rollo este de las felicitaciones funciona. Que me comprometía con algo y era capaz de zambullirme en ello y llevarlo a término, aunque no obtuviera el fruto deseado.

Por otra parte, otro de mis principales propósitos para aquella felicitación era extraer una segunda enseñanza positiva para poner punto y final. Es decir, yo quería empezar con un algo bueno y terminar con otro algo que fuera bueno también. Retened bien esto que digo porque, en lo que para mí fue aquel 2013, no era decir pollas precisamente...




(...y perdonad mi lenguaje; en mis tiempos hablábamos así)





Sé que os he contado miles de batallitas y sin duda en algunas de ellas ha salido a colación mi blog personal, que todavía conservo, pero nunca os he hablado de mi cuestionable hábito de escribir felicitaciones kilométricas cada veinticuatro de diciembre, ¿a que no?. Y no pretendo poneros al día en cinco minutos, sólo quiero detenerme en un pequeño detalle que había venido observando últimamente, un detalle o más bien un fenómeno.

Es que seguramente aún no lo sabéis, pero hay mucha gente que llega a decir que la vida, o al menos la suya propia, son ciclos, etapas que se repiten siguiendo unos patrones claramente identificables. Probablemente a vosotros también os lo empiece a parecer cuando crezcáis y seáis adultos. Yo mismo lo habré dicho miles de veces, sobre mí mismo y mi devenir, aunque con el tiempo fui cambiando de idea y pensando que era más complicado que eso, nunca tan evidente.


Bien, está claro, ¿verdad?... Pues bien, ese NO es el fenómeno del que hablo. Lo que yo descubrí entonces es que eso mismo me había ocurrido con mis, hasta la fecha, seis felicitaciones navideñas. Es decir, que desde 2007 había ido encadenando una más alegre y otra más triste, y así sucesivamente.

En concreto, me di cuenta de que las de años pares me salían siempre más luminosas, alegres, positivas, constructivas, incluso alcanzaban mayor difusión y popularidad, mientras que las de años impares habían resultado como más sombrías, nostálgicas, pesimistas, introspectivas... y tenían un impacto de público mucho más marginal (...dentro del impacto que pueda tener una simple anotación en un blog, claro). Sin embargo es curioso cómo estas últimas parecían encerrar inequívocamente más significado.


Y por supuesto, no era capaz de hallar ninguna explicación. Me sentí de pronto como con una espada de Damocles sobre mi cabeza. Como la víctima de una profecía irremisible, condenado antes de teclear, en el diciembre de aquel 2013 que no sólo era impar sino que para colmo constituía en sí mismo un tótem de la superstición, un guiño coqueto y temerario a los malos hados, demasiado peligroso para esperar que resultase inócuo. Como sugirió una amiga a distancia que yo tenía por aquel entonces... "todo un año para desafiar a la mala suerte".

Me preguntaba qué podía hacer, más aún a la vista de mi empeño por dejar un buen mensaje tanto al comienzo como al final de mi sermón navideño. Y es que, si en el pasado algunos lectores se habían referido a mis felicitaciones como a "esa especie de resumen del año que sueles tú hacer", era sin duda porque algo de eso había. Porque todo lo que había vivido en los doce meses previos era en alguna medida, expresa o implícita, el origen de las palabras que brotaban de mis dedos.

Y de aquel 2013, que aunque sé que a priori no parece determinante para explicaros cómo nos conocimos vuestra madre y yo -pero sí lo fue para otras cuestiones, y tal vez de forma indirecta...-, en fin, lo menos que puedo decir es que fue el año más raro de mi vida.
...




Así pues, en mi condición -asumida o no- de escritor de resúmenes del año, lo procedente sería empezar por el principio.
Y el principio fue un mes de enero... "diferente". De hecho lo describiría como extrañamente prometedor en muchos aspectos. Viajaba en un raudo tren y, despreocupado, me dejaba llevar sin saber a dónde. Pero, como en toda buena trilogía galáctica con enanos y elfos opcionales... la sombra se cierne más allá de Orión. Mientras tanto el confiado protagonista ignora, inconsciente, lo que ocurre a su alrededor... y según avanzaba febrero ocurrieron dos cosas que marcaron todo el primer semestre del año.

La primera fue que me llevé uno de los peores desengaños amorosos de mi vida.
Quedé encogido, empequeñecido. En cachitos pequeños, pero un solo cachito.

La segunda, que sucedió prácticamente en la misma semana, unos pocos días después, fue que dejé de verme y de hablarme con quien nunca debería haber dejado de verme y hablarme.
Y estuvimos cinco meses así, sin vernos ni hablarnos. Y eramos dos de los que nadie, NADIE, habría dicho que dejarían de verse y hablarse.


Con respecto a este segundo episodio... no me preguntéis cómo fui así de gilipollas. Podría aludir a mis propias limitaciones, a los avatares de la vida, a factores externos, a que cuando perdura una relación entre dos personas, sea del tipo que sea, nunca es sencilla ni estable el 100% del tiempo... podría decir cualquier otra cosa y sería banal, incompleto.

La cuestión es que a comienzos de verano volvimos a vernos y hablarnos, y es que sin duda ninguno de los dos queríamos seguir así, ni realmente habíamos querido estar así en ningún momento. De modo que con el tiempo pudimos recuperarnos el uno al otro, y si fue posible se debió fundamentalmente a que, a fin de cuentas, el corazón de la otra persona era el mismo de antes. Con más cicatrices, sin duda, pero no por eso había cambiado de la noche a la mañana.


Y con respecto a lo primero, pues... ¡no me preguntéis cómo fui así de gilipollas! jejeje. No obstante, esto en realidad es más comprensible porque bueno, ya sabéis, las personas nos enamoramos, tenemos cada una nuestro propio criterio y nuestros propios sentimientos, así que puede que los de dos personas se correspondan y puede que no.
Pero cuando alguien nos mueve lo suficiente, intentamos hacer lo que podamos... y yo esto lo había intentado como nunca antes. Por eso, aunque en todo momento sabía que podía llevarme un chasco y aunque desde el mismo momento de la decepción estaba orgulloso de haber peleado, nada de esto impidió que me quedase hecho polvo.

...Pero ya lo aprenderéis por vosotros mismos. Y más temprano que tarde, espero. Porque recordad que por aquel entonces yo tenía treinta años, que son muchos, más o menos el doble que vosotros ahora.
Así que, chicos, si de verdad os gusta alguien, mi consejo por defecto siempre será que vayáis a por él o ella, aunque os sintáis inseguros, aunque temáis ser rechazados. Si queréis ser felices con alguien, la única forma de lograrlo es intentándolo. Es un paso ineludible. Y esto que os digo es algo que, durante mucho tiempo, yo necesité que alguien me dijera a mí.


Por cierto, ya que muchas veces os metéis conmigo porque cuento las cosas de forma un poco confusa o me voy por las ramas, igual que entonces me achacaban que era un tanto hermético o que mis publicaciones en el Facebook eran misteriosas e intrigantes (lo del "Facebook" era lo que en aquella época llamábamos una "red social virtual"... y dejad de reiros, va)... en vista de esto me gustaría aclarar que lo que os he contado tuvo lugar con dos personas diferentes.

Insisto, se trata de dos ejemplares diferentes de homo sapiens, de dos chicas distintas, ¿vale?
Y de hecho, a una de ellas la conocéis.



Aunque a partir de ahí empezó para mí una travesía en el desierto más o menos larga, es evidente que estas dos incidencias no resumían por sí mismas el 2013. No obstante chicos, si me lo permitís quiero hacer un inciso y detenerme a explicaros que yo, independientemente de lo que os parezca ahora (que no sé exactamente lo que pensaréis de mí... y no sé si lo quiero saber jajaja), nunca fui un modelo de relaciones personales.

Al contrario, más allá de lo bien o mal que yo pudiese caer a la gente, desde siempre arrastré muchísimas dudas, muchísimas dificultades e inseguridades. Nada me parecía sencillo. De vez en cuando tropezaba, sacaba conclusiones más o menos rotundas y tenía que cambiarlas en el siguiente alto en el camino. Hasta que empezaron a ser cada vez... menos rotundas.

Yo era una persona más bien celosa de mi intimidad, me costaba compartir las cosas, o confiar en alguien para hacerlo. No era rara, pues, mi tendencia a sentirme solo.
Temeroso del orgullo ajeno, también era reacio a pedir ayuda.

No me parecía fácil encontrar empatía en este mundo, incluso si la había tenido todo el tiempo frente a mí. Demasiadas veces había visto cómo personas prestaban su hombro a otras sin tener en verdad nada que ofrecer o querer ofrecerlo, sólo por querer alimentar un sentimiento paternalista que blindara el propio ego. En todos los ámbitos, en todos los grupos primarios en los que uno se desarrolla en esta vida.
Pero, ¿sabéis en qué momento vi esto con mayor claridad que en ningún otro?...
Cuando fui capaz de comprender que yo mismo había estado en los dos lados de la ecuación.

...
...
...

Chicos, por aquel tiempo, era fácil leer en mil y un libros de autoayuda y páginas de internet frases de profunda vocación, que también valían como perfecto eslogan de cartón de vino. Frases como... bah, no me alcanza la memoria para recordar ninguna así que me la voy a inventar. Ahí va: "cuando quieres a alguien, lo intentas todo por esa persona, aguantas más de lo que aguantarías por ninguna otra, y cuando en realidad alguien te da igual, pasas de él o ella a poco que deje de resultarte útil".

Pues bien, aunque la realidad nunca es tan evidente, tan rotunda ni tan cruel como la pongo.... a grandes rasgos puedo decir yo he hecho las dos cosas en los dos supuestos. He sido los cuatro sujetos.

Es un círculo. Decirlo en segunda o en tercera persona es pretenderse de otro planeta. Lo hacemos y nos lo hacen constantemente y sin pausa porque todos somos humanos.
Y fui el bueno y el malo. El exigente y el exigido. El indolente tanto como el abandonado. Y esto era algo que, como tantas otras cosas, a veces ni siquiera me atrevía a reconocer.



Y dejadme que os diga otra cosa... Malos somos todos y cualquiera, en potencia. Forma parte de nuestra imperfección. Todos podemos hacer, o como mínimo pensar, algo que objetivamente se puede establecer que está mal. Yo lo he hecho; he pensado con mala intención y eventualmente he obrado mal.

Así que hay que tomar unas cuantas decisiones, de forma constante e ininterrumpida. ¿Qué vas a hacer con tu maldad tuya, particular? Y sobre todo, ¿qué vas a no-hacer con tu maldad? Porque lo que hagas y dejes de hacer, créeme, influirá en tu prójimo.
Cuando alguien cree en tí, cuando alguien espera de tí, cuando eres importante para alguien así como ese alguien lo es para tí, no necesariamente de la misma forma pero sí con la misma intensidad... TÚ tienes una responsabilidad.
Y puedes crees que la tienes para con esa persona, pero estás equivocado. La mitad más uno de esa responsabilidad, la tienes siempre contigo mismo.

...
...
...

A veces la gente no da más señales, se desinteresa, pasa... como os digo, lo he hecho y me lo han hecho. Mucha gente simplemente pasa por tu vida, se convierte en un pedazo de ella, igual que por el motivo que fuese tú estarás de paso en las vidas de otros. Hay que saber pasar página... aunque eso es algo que nunca se aprende del todo y si alguien os dice que ha sido capaz, probablemente se está mintiendo a sí mismo.

Al final, eres lo que te importa. A no ser que lo pierdas, y aún así.
De modo que tenéis que tomar máaaaaaaas decisiones. Hay que plantearse, ¿qué es lo que quieres que dure? ¿Cómo lo quieres? ¿Qué puedes hacer al respecto? ¿Sabes cómo mejorar tu vida, pero no te atreves? ¿Qué es lo posible, y qué lo imposible?
Y dentro de lo que es, o podría ser, posible, ¿cómo vas a intentarlo? Y si tienes que enmedarte, ¿acaso será demasiado tarde?

Lo sé, son muchas preguntas. Ya os las iréis encontrando en la vida, porque andar sin tropezar es imposible. A no ser que te quedes quieto.
Y aparte de todo, sea como sea tienes que confiar en alguien, hablar, relacionarte, desahogarte. Si no, es imposible vivir y seguir cuerdo por más que te empeñes.

Respecto a la tendencia a sentirse solo, es posible que también os la encontréis alguna vez en vuestro caminar. Si es así, no os penséis bichos raros porque en estos tiempos y lares está muy, muy extendida, incluso entre quien externamente aparenta lo contrario.

Por otra parte hay quien realmente, con o sin esa tendencia, no tiene más cojones que estar solo. Por un tiempo al menos. Hay quien está más o menos acostumbrado, quien lo lleva mejor o peor...
A veces, esta sensación se confunde con el sentimiento de querer locamente a alguien. A veces se solapan ambos estados de ánimo y también a veces se mezclan porque NO, no son incompatibles.
Pero creedme chicos, si un día te levantas Jon Secada y no eres capaz de acertar a decir por quíén... es que es por tí.



De todo esto nunca obtuve conclusiones mágicas y definitivas, salvo que probablemente es mejor no sacar tantas conclusiones, no hacerse demasiadas preguntas salvo si eso es lo que toca, agarrarse a lo que de verdad te importa y reirse cada vez con más ganas, con menos desdén, menos soberbia y menos pretensiones. Y eso a mí... también me pasó.


Y ahora, si queréis, podemos retomar el hilo por donde lo dejamos: en plena travesía de aquel desierto en que yo mismo, y la vida, nos habíamos metido a hombros y por la puerta grande.
Si os he hablado de dos hechos clave al principio del año, hubo otros dos sucesos ligeramente posteriores que os ayudarán a mejor entender cómo transcurrió esa travesía, así como todo lo que pasó después. Para no liarnos, los llamaremos "fenómenos subsiguientes".

(Igual que podríamos haberlos llamado Paco y Antonio... pero qué diablos, a mí me gusta más "fenómenos subsiguientes" así que os aguantáis.)

El primer fenómeno subsiguiente fue que a mediados de marzo mi hermana, vuestra tía, se fracturó el peroné. Daba la casualidad de que vuestra prima Miriam estaba apenas recién nacida, y Sara por su parte ya era capaz de andar, correr y dar mucha guerra. Vuestro tío trabajaba mañana y tarde así que yo, igual que vuestra abuela, ayudábamos en todo lo que estuviera en nuestra mano. Ya antes procurábamos hacerlo, claro, la diferencia fue que ahora hubo más acción si cabe.

Chicos, en este punto tenéis que saber que antes de que tuviera la inmensa suerte de que vosotros llegárais a mi vida, la aparición de mis sobrinas fue muy importante para mí y cambió todo lo que había conocido. Como sabéis soy el menor de los tres hermanos así que jamás había tenido la oportunidad de ser testigo tan cercano de cómo crece y se desarolla una persona. Ahora estaba a mi alcance, y por partida doble.
En un tiempo sembrado de parálisis, impotencia y reflexión apesadumbrada, si hablar no era algo que me apeteciera especialmente, la compañía perfecta era la de dos personitas que no necesitaban que les hablara y además tampoco habrían entendido mi lenguaje.

Simplemente estaban conmigo, me enseñaban un poquito más conforme ellas iban aprendiendo, me hacían sentir seguro y mantenían viva en mí la esperanza, evitando que cayera en la resignación aunque el tiempo pasara y todo siguiera igual. Calmaban el dolor aplicando con cuidado, una a una, las tiritas que pidiera mi alma herida. Cada nueva brecha, ellas la sanaban sin descanso. Y todo eso lo hacían sin saber que lo estaban haciendo, mostrándose tal y como eran y comportándose de la forma que es natural en alguien de tan cortísima edad.


Así fui descubriendo poco a poco el carácter de cada una, en la medida en que lo iban mostrando. El aplomo y el ímpetu de Miriam; también su genio, que ya lo tenía entonces. La sensibilidad de Sara, observadora y reflexiva...

Fijaos que recuerdo un día de aquellos en que la había llevado a unos columpios (o "piohpos", como ella los llamaba) y, estando a punto de tirarse del tobogán, me dejó desarmado cuando de buenas a primeras me dijo "¡Diego, yo te quiero mucho!". A pesar de que era aquella una frase que apenas acababa de aprender, sé que ese momento no se me olvidará en la vida. Igual que tantos y tantos que he pasado con vosotros y de los que ya, lógicamente, no os acordáis pero yo os los puedo relatar como si hubiesen sido ayer mismo.



Pero sobre todo, hubo otro detalle que me llegó aún más adentro: un lunes de mayo, por la tarde, nos encontramos a la maestra de su guardería y nos contó que aquel día, en clase, habían preguntado a los pequeños qué habían hecho el último fin de semana... Cuando le tocó a vuestra prima, su respuesta fue "al parque, con el tito Diego".

Os voy a poner en contexto: Sarita y yo ni siquiera nos habíamos visto durante el finde; sí durante los días de semana, probablemente de lunes a jueves como era habitual. Sin duda, alguna de esas tardes habíamos ido juntos al parque que hay junto a su casa, de hecho ibamos con frecuencia... PEEEEERO recordé que nunca jamás habíamos ido por la mañana SALVO excepcionalmente un día de esa misma semana, debido a que ella tuvo cita con el médico y no pudo acudir a la guarde. Fue la única vez que ocurrió, no había casi nadie más con lo cual teníamos el vasto parque para nosotros solos... y a día de hoy, sigo pensando que ese fue el recuerdo que ella conservó durante días sin que lo supiéramos... hasta que oimos contar aquella anécdota en boca de su seño.

Chicos, seguro que os he dado la lata alguna vez con aquella discoteca a la que me gustaba ir de joven. La Vogue, se llamaba, y a mí me gustaba tanto porque a veces, cuando estaba bailando y de pronto, espontáneamente, cerraba los ojos... experimentaba una sensación que me parecía inigualable... Pues bien, dejó de parecérmelo a base de momentos como estos. Estar con mis sobrinas, o simplemente pensarlas y recordarlas, era como teletransportarme para ver a Florence Welch en el festival de Glastonbury.
O mejor aún... como SER Florence Welch en Glastonbury.


Así pues, cuidar de mis sobrinas no es sólo que no fuera ningún sacrificio. Es que era justo lo que necesitaba.
Estar en el lugar a estar, como dice la canción de Hora Zulú.



(¿Cómo que "quiénes son Hora Zulú"? ¡Pero bueno! ¿Es que no os enseñan nada en el colegio?)

...
...
...

Por cierto, antes de que se me pase, hay otro esbozo sin el cual esta historia no estaría completa: daba la casualidad de que vuestros tíos planeaban casarse a finales de abril. Afortunadamente, la convalecencia fue bien y vuestra tía pudo quitarse la escayola... exactamente tres días antes de la boda. Tres días que para ella fueron tres maratonianos días.

Chicos, sé que tanta casualidad parece de comedia televisiva norteamericana (como una que a mí me encantaba y que era la única serie que yo veía en aquella época...), pero os juro que ocurrió tal y como os lo estoy contando: al final lograron casarse y, por cierto, fue un día precioso. Si queréis, cuando termine de contaros os enseño las fotos.

Pero oye, es más, para que veáis lo que son las coincidencias... Gracias a un cúmulo de factores concurrentes, en enero vuestra abuela y yo pudimos acometer la resurrección de nuestro coche (sí, ese que todavía conservo y que tanta gracia os hace... hasta que tengáis edad para apreciarlo y entonces estoy seguro de que os fascinará) (¿Apostamos?). Era un coche que llevaba casi un año averiado y que, de todas formas, apenas usábamos. Pero aquel invierno y primavera vino muy, muy bien.



Bueno, y me quedaba pendiente el segundo fenómeno subsiguiente, ¿no? Pues bien... en el mes de abril salió la Oferta de Empleo Público Estatal, que incluía veintitrés plazas de las que yo pretendía. Verme de pronto con aquello encima, sin haber estudiado nada desde que terminé la carrera -es decir, en los últimos siete años- y sin saber cual sería la fecha del examen... mentiría si os dijera que no me provocó un véstigo abismal.

Pero no tuve miedo. Porque todo lo que pasaba en mi vida me estaba enviando el mismo mensaje: "Resiste. Resiste por más duros que sean los golpes. Resiste y sigue avanzando, agárrate a lo que puedas y avanza, porque sólo así podrás reaccionar ante las adversidades". Como en el famoso discurso de Rocky Balboa.
O como en las pelis de Frank Bacon, vale... pero que conste que donde se ponga un Rocky, que se quiten todos los FrankBacons que hay ahora. Además Rocky era italiano y eso es insuperable. Pero si queréis un argumento más objetivo, me quedo con que su historia era también la de su extracción social.

En fin, la cuestión es que empecé a estudiar pero muy poquito a poco. En realidad, demasiado despacio.
Fuera de eso, mi travesía en el desierto continuaba pero, afortunadamente, no estaba solo del todo. Aparte de que tenía a mis sobrinas, como ya os dije, había amigos de toda la vida en los que podía apoyarme. Tal vez no les contaba todo a ellos, pero estaban conmigo de todas formas y fueron una ayuda fundamental.

...Y así fue como llegamos al mes de junio, que misteriosamente y sin previo aviso significó un radical punto de inflexión. Principalmente por la semana que pasé en París, en casa de vuestro abuelo, porque allí pude abstraerme de lo que me rodeaba, tomar un poco el fresco, ya me entendéis. Y para colmo de lo imprevisible... fue allí donde empecé a estudiar TODOS los días.
Incluso el mismo día de mi llegada había estudiado tres horas en el aeropuerto... las tres horas que tuve que esperar que saliera mi avión, que fue un milagro que saliera porque en Francia había huelga de controladores aéreos y se cancelaron miles de vuelos.

...
...

Naturalmente que volví de París con las pilas cargadas para seguir estudiando -y también para otras cosas muy necesarias-, y con la sensación de que la suerte me concedía una tregua... pero esto no era todo. Justo antes de mi viaje me había ocurrido otra cosa curiosa: vuestra tía-prima favorita, que era entonces una adolescente como vosotros, me había pedido que le ayudara con un par de lecciones de matemáticas.

Yo, que como sabéis soy de letras y que además no había dado clase a nadie en mi vida -ni jamás me habría recomendado a mí mismo para semejante labor-, preveía un desastre, pero el caso es que me aprendí un poco de aquello y pude ayudarla. O más bien pudimos los dos hacer una pequeña pero apasionante incursión en el mundo del álgebra, las ecuaciones o lo que demonios fuese, que ya no me acuerdo. Y cuando fue al examen... sacó un ocho y medio.


No hay duda de que si yo fui capaz alguna vez de dar esas clases fue porque mi alumna era tan inteligente y listísima como lo es ahora. Pero la cuestión es que de pronto me ví haciendo algo que nunca había hecho -aunque volvería a hacerlo más adelante, claro-, y ese fue el antepenúltimo empujón que necesitaba.

Digo que fue el antepenúltimo porque, nada más empezar julio, me invitaron a un precioso fin de semana en Málaga para el cumpleaños de un tío-primo vuestro que también os quiere mucho.
Y muy poquito después... y esto no fue de serie, fue de película... porque muy poquito después aparecieron dos personas fabulosas que por aquel entonces no vivían en Granada y me hacían mucha, mucha falta, y lo más increíble fue que aparecieron el mismo día. Que además era justo a tiempo, después habría sido demasiado tarde. Me escucharon, me hablaron y me dieron los ánimos que me faltaban, algo por lo que les estaré siempre agradecido.

Una de ellas era mi amiga del otro lado del charco, que... ¿no os he contado ya que dio a luz a una niña el día de mi cumpleaños y casi a la misma hora en la que yo nací? Pues bien, eso ocurrió ese mismo año. En fin, el caso es que me llamó por teléfono y fue como un gran alivio, porque hacía muchos meses que no oía su voz, ni ella la mía.

La otra era vuestra otra tía-prima, hermana de la primera, que acababa de volver de Francia. Gracias a ella, se me hizo mucho más llevadero aquel verano infestado de folios y folios. Aún me acuerdo de aquellas tardes en que ibamos juntos a la piscina de vuestras primas... Estaba loquita con ellas.



Chicos, en el año 2013 atravesábamos lo que en los países occidentales se había dado en llamar 'crisis'. Por aquel entonces la idea de humanidad que manejábamos era bastante parcial, segmentada, distorsionada... afortunadamente, después de más de veinte años se puede decir que estamos mucho más cerca del justo reparto de la riqueza y la satisfacción universal de las necesidades básicas de todo ser humano desde el mismo nacimiento. Y es que la vida nunca debería volver a ser, como lo fue para miles de millones de personas a lo largo de la historia, una lucha por la supervivencia antes siquiera de saber hablar.

Y no digo que vosotros no tengáis que ir formando vuestras quejas razonables, vuestras ideas y reivindicaciones según vuestro propio criterio -no debe ser de otra forma, por supuesto-, pero podéis estar seguros que en mis tiempos estábamos peor. De hecho, reconozco que entonces nos habrían venido muy bien algunos planteamientos que ahora por suerte (por suerte o porque el movimiento se demuestra andando) están más extendidos...
Por cierto, me encanta esa coplilla que veo últimamente en las camisetas. Sí, eso de I would never life's-like-this you... so don't ever life's-like-this me.


De todos modos, aunque sólo a vosotros corresponde elegir vuestro propio camino para sentiros libres y realizados, si me atreviera a pediros algo sería que... nunca, nunca seáis país. Sed personas. Personas entre personas, en un mundo de personas.
Al margen de que cada uno hagáis de donde estéis, vuestro hogar.



En fin, todo esto viene a que eran tiempos perros y míseros incluso en los que entonces eran países ricos. Yo lo sufría en mis carnes porque aún no había podido emanciparme y en realidad, no había firmado un contrato de trabajo en mi vida. Y no porque no hubiese trabajado. Así pues, las opos eran una buena oportunidad para tomar el destino por las riendas y ser dueño de mis pasos. Aunque no lo consiguiese entonces, el intentarlo no sólo merecía la pena sino que además constituía un paso necesario e insalvable para que más adelante sí lograra mis propósitos.

El otoño se me hizo largo, pesaroso y por momentos muy solitario mientras llegaba el día de mi examen, (sin contar con que a lo largo del año habían pasado otras cosas chachis como que se me rompió el portátil dos veces hasta que a la tercera se rompió definitivamente, o que usé hasta tres móviles diferentes porque dos se escacharraron y el único que siguió en pie fue el más mierda de los tres) (y sí, vale, yo odio los móviles, pero sigue siendo un fastidio)...

...Pero nada de eso me impidió seguir estudiando aún más, si cabe, y es que todo, TODO lo que había ocurrido desde aquel mes de enero, a través de mil curvas sinuosas me había conducido a donde estaba y me había estimulado, preparado y curtido para un trance así.



Chicos, sé que os he estado hablando de cuestiones densas y profundas.
Cómo plantearse la vida, qué hacer con nuestras días y con nuestras metas... todo eso es muy importante, sí. Pero también están los pequeños detalles. Las notas a pie de página. Nunca, NUNCA las desdeñéis, porque pueden cambiarlo todo.

Un fenómeno intrascendente en principio. Una idea que parecía insisgnificante. Personas que aparecen de forma casual y sólo ves de cuando en cuando pero también tienen su papel. Quizás no en ese momento, quizás mucho más tarde, quizás no te des ni cuenta... De hecho recuerdo que para escribir mi felicitación navideña de 2013 estuve semanas fraguando una idea abstracta que... desde luego era buena, no os confundáis.
Recuerdo que en un principio tenía pensado titularla "El pino, el abeto y el enebro no pierden sus hojas en invierno", como aquel cuento que aprendí en el colegio cuando era crío y que alguna vez os he leido cuando érais más pequeños. Era un cuento con una enseñanza preciosa, me tenía absolutamente convencido... hasta que de repente un sábado por la mañana, tres días antes de tener que escribir y publicar... me dije "hey, espera un momento".

...
...

Sabéis que el detalle por excelencia en mi vida es la música. Por la música me hice una página personal, por la música hice fácil lo difícil y por la música conocí a decenas de personas. Que me cambió la vida, es decir poco.
De hecho aún podría decir más: la música me hacía todo peso más ligero, me animaba a salir a la calle cuando no me apetecía y... también se me metía por donde menos esperaba. De pronto, en momentos buenos y malos, ahí aparecían misteriosamente las canciones que justamente necesitaba. Como persiguiéndome.
Os digo esto porque descubrí entonces otro de mis puñeteros ciclos subyacentes y subconscientes.

A saber: La música era elemento imprescindible en esto de mis felicitaciones navideñas, no sólo estructural sino de contenido. No tenía sentido leerlas sin la música (salvo si no te quedaba más remedio). Y desde 2009 me pasaba meses seleccionando canciones que se cruzaban en mi camino... luego tenía que seleccionarlas cuidadosamente.

Siempre abría con una canción suave, sugerente, normalmente de voz femenina, para ir entrando en calor (Jess Delgado había demostrado ser ideal para esa función); después comenzaba una profunda inmersión introspectiva, que por lo lírico me llevaba hasta el mismo clímax del texto, en aquella fase estaban también las canciones que realmente eran más importantes. Y de ahí abajo partía una ascensión en intensidad hasta cerrar con algún tema épico, redondo, edificante, que rayara en la grandiosidad... Band of Horses eran los amos absolutos de esa posición. Sobre todo, porque me había dado una canción que siempre y cada año era lo que quería escribir.

Naturalmente a cada ocasión había una sangría dramática. Decenas de canciones era descartadas y siempre me decía a mí mismo que "oye, bien pueden valer para la próxima, ¿no?".
Pero eso nunca nunca ocurría. O casi nunca. Era extremadamente raro que lo que fue desechado una vez fuese aprovechado a la siguiente. Y ¿sabéis por qué? Porque, fijaos qué curioso, cada año siempre proveía de sus propias canciones. Treinta, cuarenta, cincuenta... Demasiadas como para añadir más jajaja.


Chicos, ojalá la música os acompañe como me acompañó a mí... o que encontréis algo, al menos, la mitad de bueno.



Bueno, creo que os he dado el coñazo suficientemente por esta tarde así que ya continuaremos la historia otro día... Porque después pasaron muchas cosas, como ya os podréis imaginar.

De modo que... ¡Ah espera, se me olvidaba! ¡La idea positiva, esa!

Bien, veamos... la idea positiva: que si yo me metí en un tunel, cometí equivocaciones, estuve perdido y solo frente a la tormenta pero fui capaz de aprender de mis errores, dejarme encontrar por quien me buscaba, enfrentarme al inclemente otoño y... ponerme con unas oposiciones de las más duras a las que se podía acceder por ingreso libre... sabiendo que pasara lo que pasara, si entonces me iba mal lo volvería a intentar (como de hecho ocurrió)... todo ello a pesar de mi -nunca suficientemente infundada- fama de torpe, vago e incompetente... si yo fui capaz de eso, vosotros, TÚ y TÚ, sois capaces de mucho y bueno.
Mucho más y mejor de lo que ahora podéis imaginar.




Y ahora sí: Chicos, ojalá seáis muy felices en estas fiestas, tanto como lo somos vuestra madre y yo por teneros. Que tengáis un estupendo dos mil treinta y cinco y que el resto de vuestras vidas siga en la misma línea.
No queráis ser perfectos, pero ojalá que sí personas buenas, justas, siempre ansiosas de saber más y deseosas de ser felices.

Os deseo, lo mismo que a cualquiera a quien hoy llegasen mis palabras aunque no fuese hijo mío, no ya que vuestros sueños se hagan realidad, sino que cuando tengáis oportunidad de luchar por ellos, luchéis.








Y... qué sé yo, ojalá que en vida encontréis personas de las que aprender; tantas como canciones valiosas.

Si alguna vez, en un mal momento, dais de bruces con alguna que os parezca que sólo vosotros entendéis... Conservadla.

Y dosifícadla, preservadla del uso excesivo y del paso del tiempo mientras os ayude, esperad con paciencia y al final... romped esquemas.


Usad esa canción, la que os ayudó a reir. O a llorar.
Derribad muros con ella, y así... dejadla marchar, como a veces marchan las personas.




Porque es imposible vivir sin
descargar de vez en cuando...

Porque lo siguiente siempre está a la vuelta de la esquina...

Porque son los años impares los que te hacen crecer...

Porque "wait for it" es la versión original de "espera un momento"...



...Porque Ted Mosby tardó nada menos que nueve temporadas en conocerla.








At every occasion I'll be ready, for the funeral...





...




(PD: "Papá, pero ¿quién carajo es Ted Mosby?")







("¿y Jon Secada?")


No hay comentarios: