Violoncielo
Sí, bien... Hummmm, antes de proceder nos gustaría aclarar que The Walt Disney Company NO ha adquirido los derechos de esta saga de Felicitaciones Navideñas - ©2007, y que la franquicia Birra con Ginebra™ (©2005) no está en modo alguno relacionada con la compañía antes mencionada.
Asimismo, queremos desmentir los rumores que apuntaban a que estábamos barajando 'Despertarse a la fuerza' como opción para el título.
(Y ahora, por favor, les rogamos que suban el volumen de sus altavoces... Es algo personal)
Hace mucho tiempo...
(o tal vez fue el otro jueves, literalmente... o tal vez la semana que viene... o tal vez simplemente es que los métodos actuales aún no nos permiten determinarlo, porque nuestro control de la cronología no ha sido siempre tan eficaz)
...en una galaxia muy, muy lejana.
...o en casa del vecino, o en el medio del camino, o en una realidad cuántica expansiva jalonada de multiversos paralelos conectados por cuerdas y que nunca llegan a tocarse... (que sepamos)... o simplemente en un país que no conoces y por eso te parece extraño, pero tú le pareces igual de extraño a sus habitantes.
...O por qué no, en un establecimiento de ocio, donde precisamente empieza esta historia. Allí, sentado en la barra y degustando un bebedizo de nombre impronunciable, está Fino... me refiero a Fino, el primer protagonista de esta historia.
Huido de una fábrica de autómatas-fabricados-por-otros-autómatas, saborea trago a trago sin pensarlo demasiado -porque para eso es un autómata- y estirando el tiempo por lo incierto del momento y, más aún, del siguiente paso. En realidad, tampoco era Fino su nombre porque este individuo carecía de tal cosa, aunque una máquina podía identificarle por su código de barras, que incluía algunas runas élficas y un emoticono sonriente al final. Fueron sus compañeros, o ex-compañeros, quienes le acuñaron semejante apodo, que por supuesto tendrá cero relación con su gusto por las bebidas espirituosas...
Atormentado desde cuando alcanza a recordar, Fino era ahora también un fugitivo que no quiso aceptar su anodino porvenir computerizado y planificado, no al menos sin tener la posibilidad de cuestionarlo. Con el tiempo, había desarrollado curiosidad e intereses propios... como también los tenía su patrón y máximo vigilante de su departamento, Kilos de Tren, que ahora debía darle caza para cumplir con el protocolo. Pero no porque le importase realmente.
Y es que Kilos de Tren, que es el nombre del vigilante y no del departamento, eh... tenía también sus propios intereses, como ya hemos dicho. Pero ya profundizaremos en ello más adelante.
La cuestión es que Fino había escapado de su entorno social y asocial cuando el cielo abierto se le abrió en forma de transporte de suministros a horas intempestivas y con poca vigilancia. Se había dejado caer en una tierra extraña con, aparentemente, muy poca presencia de cualquier autoridad que pudiéramos considerar legítima y oficial. Tenía muchas preguntas y ningún plan, pero antes de comenzar a trazarlo había optado por su tipo de parada favorito.
Pero no duró mucho tiempo allí porque la sensación de estar siendo espiado por algún cazarrecompensas en cuanto se daba la vuelta no le dejaba pensar con claridad. Y fue entonces, saliendo por la puerta aún abierta de la taberna Dalf y achinando los ojos por el sol, como conoció a Reyes, la tercera pata de este triciclo. O tropezaron, más bien, que es lo normal en un triciclo sin ruedas. Creo.
Reyes, que era habitante de este mundo desde siempre y desde siempre había vivido en soledad, conocía bien el entorno y era, pues, justo lo que Fino necesitaba para seguir adelante con la huida y burlar a sus perseguidores... Pero no sería fácil al principio, porque la primera reacción de Reyes fue de recelo al pensar que se trataba de un borracho más.
Como sabéis, en nuestro idioma Reyes es un nombre ambiguo que puede designar tanto a un hombre como a una mujer, lo cual viene bien para esta criatura indígena que, a fin de cuentas, no tiene lo que conocemos como 'género' o 'sexo' en nuestro universo. No obstante, por las limitaciones del castellano, con sus determinantes tan determinatorios, nos veremos obligados a hacer impredecibles giros gramaticales a lo largo de este relato.
Y asimismo procederemos con nuestros otros dos protagonistas puesto que están en idénticas circunstancias, si bien es cierto que, merced a sus poderes especiales, Kilos podía adoptar identidades sexuadas de diversos signos si así lo precisaba.
El origen de Reyes era una completa incógnita, incluso para sí. Sin ninguna familia o círculo primario de relaciones, había aprendido a desenvolverse desde la infancia en un país como este, de lobos solitarios. Tan poco alentador como un planeta-playa sin una sola gota de agua, con el tiempo había borrado los horizontes y acabado con (casi) toda su esperanza.
Ahora su dominio del entorno era sólo comparable a su hostilidad por los extraños. Así pues, sólo el azar o alguna chispa pudo convertir, como así ocurrió, este encuentro predeciblemente violento y con luctuoso final en una combinación intrigante y prometedora. Un sujeto ansiaba ir en busca de respuestas pero no sabía qué hacer fuera de su lugar, y l'altre dominaba bien aquel mundo, su mundo, pero no esperaba nada más allá de él.
Fino estaba intentando pedirle ayuda pero no estaba seguro, Reyes había hecho una concesión dejándole vivir y en esas estaban, discutiendo los términos del lance, cuando llegó Kilos de Tren con un pequeño ejército de funcionarios armados con carpetas archivadoras de cinco anillas. Encontró a su presa y, en un proceso sumarísimo, declaró al autóctono culpable de complicidad con el prófugo buscado. No era el momento de reclamar garantías legales ni desde luego el lugar para encontrarlas, así que Reyes tuvo que emplear todo sus conocimientos para iniciar una fuga en pareja que le llevaría por fin a donde nunca quiso ir. Es decir, lejos de allí.
Kilos, por su parte, estaba obligado a continuar la persecución a donde le llevara y así hizo. Al menos, al principio. Pero mientras tanto realizaba su propia búsqueda...
Nacido en la alta alcurnia, y de ahí lo rimbombante de su aristocrático apellido, Kilos de Tren había conocido el poder desde sus primeros años. Se había acostumbrado a la jerarquía e incluso a su propia autoridad y ahora, en realidad, empezaba a cuestionar lo que sus mayores le habían inculcado. Abrumado ya en la infancia por unas expectativas demasiado altas y por la doble moral de un ambiente lleno de imponentes fachadas y cortinas opacas, se sentía en el fondo un poco decepcionado porque su posición no era como la había imaginado, como se la habían prometido. Y también, por qué no decirlo, porque no contaba con tener que obedecer y esto le contrariaba. En sus vísceras él deseaba mandar más, y a más. Y sabía que podía.
Conocía Kilos de un poder mayor, que ambicionaba. Un concepto tan difuso e intangible como un campo de energía que rodeaba toda la materia viva, que mantenía unida la Galaxia y al que desde la cultura popular se había denominado como "la Fuerza". Se le historiaba, se le rodeaba con un halo de épica y misterio y se vendía como ficción por entregas. Pero él sabía que existía, o estaba convencido al menos, y al no ostentarlo se sentía insegur.
Era joven Kilos, además de insegur, y por ello le preocupaba enormemente su propia imagen. En particular, sentía una grave obsesión por no parecer superficial, ello sin duda por haber llevado una vida en la que nunca pudo encontrar compañeros de viaje en quienes confiar. En su casa, en su cuartel, en su patio de recreo, todo el mundo quería algo aunque no lo dijera.
Ahora estaba decidido a acometer el desafío de encontrar, de descubrir, esa misteriosa Fuerza que podía mantener todas las cosas en una armonía aún por precisar. Pero estaba solo en su cruzada; precisamente ahora desearía tener más cerca a sus antiguos, algunos que se habían marchado demasiado pronto y otros por los que se había sentido defraudado hace ya tiempo, pero que sospechaba que también quisieron un día hacer de su vida una revolución y que, incluso ahora, esperaban secretamente una última oportunidad no ya para escapar a su propia predestinación -ya era tarde- pero sí para contribuir a la libertad de otros.
Les preguntaría miles de cosas, pensaba Kilos de Tren, pero ahora no los tenía con él para conversar. Sólo tenía el recuerdo, la memoria y bueno, por qué no, el diálogo interior y la reflexión. Con todo ello y con lo que por puro azar se le presentara, tendría que hallar su propio camino hacia las epifanías que perseguía sin saber siquiera si existían.
De momento, ese camino le llevaba tras de Fino y Reyes, que comenzaban a su vez una odisea casual en la que, y por qué no había de ocurrir, fueron topándose con sucesivas pistas sobre la Fuerza que aumentaron el interés de los tres por seguir adelante.
No os puedo explicar cómo, en el momento en que Kilos les dio alcance y se vieron por fin las caras, de alguna forma cada uno se negó a hacer lo que se suponía era su obligación y empezaron a forjar lo que pronto se convertiría en una amistad sincera.
Si nos ponemos a debatirlo... pues supongo que algo tuvo que tener que ver el hecho de que nuestros protagonistas carecían de estándares, ideas preconcebidas o convenciones sociales (o eventualmente ya habían renunciado a todo ello), así que no tenían cánones que respetar, cuchicheos que desvelar o sentimiento de superioridad que alimentar los unos a costa de los otros.
...Y podría parecer fácil, entonces, la sintonía entre estos personajes pero lo cierto es que no estuvieron exentos de problemas y tensiones al principio. Cada cual tuvo que aceptar el origen distinto del otros y asumir un destino proscrito. Y aún con eso necesitaron del concurso de un cuarto personaje, apuesto y valeroso, que les ayudó en su aventura y que procedía de un pequeño y anodino planeta conocido como "la Tierra".
Este individuo terrenal, acostumbrado a relacionarse y a acometer desde siempre actos y decisiones complicadas, no entendía de Fuerzas ni de estímulos místicos, pero se definía precisamente por sus decisiones, sus acciones y los motivos en que las fundamentaba. Reaccionaba siempre de una forma distinta, y mejor, de la que esperaban y... ah, por cierto, su nombre era Foeh Cámarón.
...Pero insisto, esa es otra historia. No os puedo explicar cómo se desarrolló y, como alcalde vuestro que soy, no os lo puedo explicar porque, qué queréis, aún están por salir a la luz los dos próximos capítulos de esta historia y hasta dentro de cuatro años, nada.
Así que ni siquiera os hablaré de la época en que el trío se constituyó en la Primera Orden Resistente Almodovariana y fue viajando por toda la Galaxia y escandalizando al establishment.
Tampoco os contaré que desde un principio todos sabían que necesitaban algo pero no sabían el qué, o que en el fondo cada uno se había sentido siempre bastante solo.
Y no sé qué fue lo que mantuvo en armonía la incomprensión de Fino, la hostilidad de Reyes, la codicia de Kilos de Tren o el cierto desarraigo de los tres, hasta originar una amistad entre teóricos enemigos.
Lo que sí sé es que los tres tuvieron que estar dispuestos a cambiar su percepción de todo lo que les rodeaba e imaginar una realidad alternativa, pero imaginándola como algo posible y no como un mero ejercicio de fantaseo. Reconoceréis que esto no es fácil... de hecho, ojalá todo el mundo pudiera. Aunque esto es una opinión personal, claro.
Eso sí, no me diréis que la idea no es práctica. De hecho se apoyan en ella todas las religiones que conozco, que al cabo son creaciones humanas. En un mundo alternativo, trascendente... un cielo en el que seguir conectados a las personas que ya no están y a las que echamos de menos, para que sea todo como nosotros queramos que sea.
Un universo al margen de lo que conocemos, para volar a otro lugar. Para imaginar lo imposible, porque lo imposible... nos encanta. Lo perseguimos, lo buscamos, lo deseamos en secreto cuando vamos a ver el Episodio VII esperando reproducir aquellas sensaciones de nuestra infancia.
Un universo alternativo donde, también, proyectar nuestros propios retos... pero de otra manera.
Por ejemplo, cuando salió del redil, a Fino le preocupaba caerle mal a la gente o no poder encajar. Puedo decir que le entiendo porque a mí mismo me pasaba lo mismo hace bastante tiempo. Más recientemente las tornas fueron cambiando hasta que llegó a asustarme la idea de caer demasiado bien a todo el mundo... Creo que ahora por fin me estoy destapando, que algo estaré haciendo bien, porque de momento este año he conseguido que dos o tres personas, sin previo aviso y sin dar más señal, me borren del Facebook... que es una de esas cosas que yo por lo general nunca hago.
Me diréis que como síntoma es una soberana nimiedad por no decir una tontería, pero sabed que las personas en cuestión no son de esos desconocidos o que te has encontrado alguna vez. Son personas que me puedo cruzar por la calle, así que espero que sepan que cuando las vea pienso saludarlas y, probablemente, preguntarles directamente que por qué ya no están dispuestas a que les conteste... virtualmente, al menos. Porque diría que en la vida real no se comportan así, o nunca lo supe.
Ante la ingenuidad de Fino, que ya aprenderá, ya..., por su parte Kilos de Tren aborrece la superficialidad, la complacencia y los apretones de manos... pero sin embargo en el fondo su problemática no es muy diferente. Con el tiempo, cuando se va convirtiendo en un cabrón honesto, una de las cosas que más llegará a joderle será que alguna vez hayan podido pensar que estaba haciendo la pelota, cuando hablaba en serio.
Lo bueno de Kilos es que puede ir a donde quiere, sin limitaciones, y el riesgo que para otras personas supone salir del reducto a él no le asusta para nada. Si viviera en Granada, sería capaz de romper los compartimentos estancos en que la gente se recluye, no yendo a otros pubs que sean distintos de los de su tribu, considerándolos como el extranjero y no concibiendo su existencia siquiera.
Kilos habla con quien quiera, cruza cualquier línea de separación, mientras que quien se comporta como granaíno hace imposible el intercambio. Kilos desea convencer y también que le intenten convencer, y si rechaza los argumentos o las maneras le parecen pobres, pues ya lo dirá...
Para intercambiar hay que intentarlo... como ellos lo hicieron. Antes y por separado, no tenían amigos. Ahora no hay formalidades entre ellos. Se tienen, sin condiciones.
Y ahora... ¿se puede luchar contra la compartimentación de las sociedades? Y... ¿de la humanidad? Ojalá que sí. No sé si tendré lo que hay que tener para asumir semejante desafío, pero cualquiera que me haya oído hablar en los últimos tiempos, o que se haya leído cualquiera de mis textos como las extravagantes felicitaciones navideñas del ColegadelaVega™ ©2007, que suman nueve con esta, creo que se hará una idea de la escala de abstracción en que me gusta moverme. Así que sabrás que, como mínimo, voy a intentarlo.
Y a propósito... si Reyes se había acostumbrado a llevar una vida sencilla, tranquila y con los menores sobresaltos posibles, su reto en este caso era el hecho mismo de emprender un reto. Y ahora, ante la perspectiva de conocer nuevos paisajes, lógicamente le asustaba enormemente no estar a la altura.
En mi caso, mi quebradero es que el paisaje lo tengo que crear yo mismo. Mi reto es múltiple, a saber:
Escribir una felicitación navideña que pueda ser leída, comprendida y apreciada por alguien que no me haya leído antes o, por qué no, que ni siquiera me conozca.
(...y sé que es posible)
Conseguir sorprender a quien sí me conoce, con algo triste, nostálgico y a la vez constructivo, moralizante, esaotrapalabraquenuncarecuerdo y enriquecedor... Y a ver, motiva tú una felicitación que dure unos cuarenta minutos de lectura en un año como este, que no me ha dejado ni una sola revelación más allá de que los fines de semana son cortísimos en realidad, que tal vez me estoy poco a poco bajando del mundo y que, definitivamente, lo importante es la salud. Así... ¿qué contar cuando no hay nada que contar?
Y por supuesto, llenar la parrafada con tantas palabras que pueda tomar esos cuarenta minutos de lectura. Y es que las dos últimas traían doce canciones cada una... haz tú cuentas, hazlas.
Bueno, y por supuesto, me queda el gusanillo de saber si lograré completar esto a tiempo y darme mi tradicional (pero ya antiguo...) (...pero sigue siendo tradicional) frikipaseo nocturno antes de la cena. Desde 2008 llevo sin conseguirlo. Pronto sabremos, pronto...
(Amén, Colega. Pronto)
Este reto deja, eso sí, momentos muy gratificantes. Como cuando estoy perdido entre ideas estériles y de pronto en un momento inopinado se me ocurre algo, sonrío y me digo Seeeee... lo tengo. Fuck Yeah.
Como cuando leo cosas que antes hubiera escrito y me zambullo, me sugestiono, me enciendo, me lancólico, me levanto y me tocamiento. Porque siempre sé que puedo hacerlo otra vez.
Y así redescubro que este, y no otro, es mi amor verdadero, el que sí me corresponde. Un momento en que adoptar una pose de rapero se vuelve una necesidad.
...Y me pongo a escribir.
Qué demonios, ya lo estoy haciendo.
Pero eso no es lo único que tengo que hacer, porque al mismo tiempo tengo que pensar en la música...
¿Y cómo elegirla? Justamente, se supone que es el texto el que tiene la última palabra. Pero por otra parte, ¿no deberían inspirar las canciones al texto? Y ¿qué pollas fue antes, el huevo, la gallina o los científicos de Jurassic Park?
Pues sinceramente... no lo sé. He intentado a lo largo de los años responder a esta pregunta y a día de hoy aún no lo he logrado. Lo único que sé es que al final la felicitación se abre camino. Como la vida misma, como la misma Navidad.
Y como los dinosaurios transgénero, Colega.
Sí puedo decir que para mí, es la música la que dibuja el cielo que imagino. La que concilia Reyes, Fino y Kilos haciendo posible lo imposible.
No es otra que la música la Fuerza que mantiene unida la Galaxia, y puedo sentirla entre tú, yo y el árbol. Y entre el tímpano y el martillo... Y entre el cemento y las losetas, entre el hojaldre y la crema pastelera o entre el gato y el capot.
Y sólo necesitamos que los conceptos de sonido y audición sean reales más allá de nosotros, cuánticamente hablando, para que esta fuerza pueda ser (y por una vez, nunca mejor dicho)... universal.
Y es por la música que me arriesgo.
Es por ella que escribo lo que quiera que escriba.
Por ella que fundé el blog en el que deberías estar leyendo esto, y también aquel en el que lo estás leyendo porque el otro fallaba.
Porque The Funeral sigue siendo la canción de toda esta saga, y cada vez va diciendo más cosas.
Porque con las canciones la mala ostia se va de vacaciones y es la música la que me hace salir a correr, si lo consigo.
Porque me ayuda a Despertarme a la fuerza.
Porque es una canción la que me anima antes de cada partido con la peña y, si pierdo, digo que es mi culpa por haber elegido la canción que no era.
Porque si me armé de paciencia y destornilladores para intentar, yo también, recuperar mi Halcón Milenario y mi Fender Escortocaster particular, (y adjunto foto al final), fue para poder volver a correr el asfalto con la radio a veinticatorce mil decibelios como siempre, y nunca, antes lo hicimos.
Porque es lo que me han enseñado, y rendir tributo a la música es la mejor forma de homenaje que se me ocurre. Incluso si no es la misma música.
Por Cámarón, Foeh.
Porque Orobroy es mi particular himno de Andalucía.
Porque de pronto en aquel ya mítico abril de 2014 cuando mi suerte empezó a cambiar, como me dijo una amiga, no fue sino la música la que me permitió ponerme en el disparadero, por mí mismo.
Porque es a Baltasar Ighalo a quien imagino cantando ese villancico de los Fleet Foxes que metí el año pasado, y que recuerdas perfectamente.
Porque el único sacerdote que reconozco es el Papa de las gradas de Los Cármenes.
Porque lo anterior no tiene ninguna relación con la música y aun así te lo has tragado.
Porque hemos llegado hasta aquí y todavía no me has preguntado qué canción estaba sonando cuando Fino abrió la puerta de la taberna Dalf. Que esconde además algún otro secreto, oye...
Porque hoy es siete de diciembre por la noche y estoy escribiendo mentalmente lo que lees mientras corro por el Parque Federico García Lorca... y you can say what you want, pero creo que esta vez también lo tengo.
...Así que Fino no sabe qué hacer con su vida. Pero sabe que los ojos de Reyes son color de luna, y eso es algo que no había visto antes.
Aunque al conocernos me tiraste un limón, y me diste en tó la frente.
Y yo, igual que los tres, búscome para encontrar mi factor equis, mi Foeh Cámarón interior. Porque yo también soy un terrícola, un hombre de pequeños negocios cuya misión es la de defender la Tierra, así que supongo que si quiero, puedo.
Porque quiero ser un héroe comanche infantil, como los de los tebeos que ya casi no recuerdo.
Claro que para eso necesito ser valiente, y te deseo lo mismo a tí. Ya sabes que no es sólo cuestión de suerte...
Quiero algo que empiece medio en serio, medio en broma, como Kilos, Fino y Reyes.
Y si todavía ha sido un sueño pero, por qué no, muy real y muy profundo y en el momento crucial lo intento, pero no puedo correr, qué más da si al despertar me sale tan barato, cuando hablo con mi perro por las mañanas...
Aunque se han quedado en la Luna, los tiernos abrazos, siempre me hace suspirar pero volverá en tus ojos.
Mientras tanto aquí seguiré, haciendo eses de amor con las caderas pero mantengo en la espalda mis alas para volar.
Y supongo que ya es hora de que elijas a otro perdedor, aunque tal vez lamentaré no hablar a tiempo y atreverme a contarte que yo no puedo ser tu amigo.
A fin de cuentas, saber cómo será pasar una Navidad con alguien es el reto que arrastro desde hace más tiempo... All I want for Christmas is lo que is.
...Y si, como dice Brian Molko, my computer thinks I'm gay, it doesn't matter much to me.
Pero no es menos cierto que guardo whole lotta love y que los cojones tengo llenos de amor por ti... So won`t you let me motherfucking love you, que wanna make it wit chu.
Y si en los momentos duros bruscia Slipknot sul viso come gocce di limone, nunca te diré que if you want me let me go.
Incluso si I've got a feeling del que no estuviese muy seguro.
Y si I still haven't found what I'm looking for, de lo que sí estoy seguro es de que mi sobrinas son mi petit coin de paradis y sólo a ellas puedo decir que el love you've got, is my drug.
Y personas que se marcharon, you'll never walk alone, ni nosotras sin vosotros.
...
...
...
Y a quienes por aquí andamos, simplemente Felices fiestas como quiera que las queráis y que ande la Marimorena.
O el Mario Moreno, que también tiene mucha gracia.
...Que sé del dolor masacrante, que se te clava tan profundo como pueda hasta desnudarte, descubrirte. Lo he vivido antes y lo siento muchísimo.
Pero que no se le ocurra al tiempo correr más para ti que para mí. Que no lo voy a permitir.
Antes me lleven a mí cien y mil veces, que tocarte nunca un pelo.
Porque tú, mi niña, mi niño, has sido mi vida, eres mi vida.
Tú eres lo que he querido, lo que he hecho... lo que he sido. Y tú, y tú, y tú... y tú.
...Y confío en que tú y yo, cuando nos llegue el momento, pensaremos lo mismo que ellos pensaron y querremos lo mismo que ellos quisieron.
And everyday, I am ready...
