¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

sábado, 24 de diciembre de 2016

El hilo conductor



”A ver, Colega, hagamos cuentas…

Si esta es la décima
extravagante felicitación navideña del ColegadelaVega™ ©2007, eso significa que hace exactamente nueve años estabas publicando la primera. Sin embargo está claro que existió un antes, porque han pasado algunos añitos más que nueve desde que creaste tu página.
Así pues, comprenderás que si hay una pregunta que al instante se me pase por la cabeza y sienta el impulso de hacerte, ésta sea… ¿¿qué demonios estabas haciendo en diciembre de dos mil seis??

No me dirás que estabas vendiendo aspiradoras a dos mil quinientos euros…”




Antes de nada, déjame darte la bienvenida y agradecerte tu fidelidad en una ocasión como ésta en que vuelves a visitar esta serie de felicitaciones navideñas de Birra con Ginebra que han ido sucediéndose, título tras título –y a cual más raro- hasta sobrevivir ampliamente a la propia Birra con Ginebra. Y aunque en otro tiempo me habría sorprendido… la verdad es que no es extraño.

No es extraño que siga cada veinticuatro de diciembre volviendo a esta mi casa de palabras, aunque la casa ya no exista, para reencontrarme con mi antiguo hábito de escribir. Hábito que ahora, desde la retrospectiva, veo mucho más presente entonces, cuando empecé, y especialmente en otros períodos de aquel tiempo hasta ahora. Así pues, puedo así mantener viva una parte de mí que realmente nunca se ha ido.

Y no es extraño que los títulos que elijo puedan no tener, en principio, ni remota relación con la Navidad… ni con el texto, o apenas… ni que sigan ningún tipo de continuidad. Porque de año a año parece que pasa una vida, y un mundo, y he escrito ya tanto y de tanto (y de las mismas cosas) que es natural que me haya complicado la vida buscando formas alternativas, torticeras y rebuscadas, tanto… que consiguiera que fuesen apasionantes. Porque, ¿cómo voy a estimular a nadie si no he conseguido estimularme yo mismo?



”Bien, Colega, veo que no tienes nada claro de qué nos vas a hablar este año… ¿me equivoco?”

No, por supuesto. Y como ves es algo que llega a obsesionarme por estas fechas, ante la proximidad de mi propio compromiso por propia testarudez adquirido. Me explico: ando siempre a la búsqueda de ESA idea, con aires de epifanía, resignación, esperanza o lo que toque, con que pueda ir permeando todo un texto y canciones pero sin dejarse ver… hasta el catapum final, ya sabes.

Y he dicho “lo que toque” porque el momento que vives siempre marca lo que quiera que vayas a decir –y yo diría que cualquier cosa que vayas a hacer-, especialmente si se trata de un texto de tono más bien introspectivo. Y especialmente en un momento siempre tan significado para todo hijo de vecino.
Así pues, ¿qué moraleja podemos extraer de esta sucesión de desvaríos anuales si es que hay, no digo ya un orden, mas siquiera una idea común que los relacione a todos? Y si cada vez han mostrado algo de mí y yo mostrado algo con ellos, ¿trasluce algo de cómo he cambiado, si lo hubiera hecho, a lo largo de estos años?



“Eso es, Colega. ¿Cómo eras entonces y cómo eres ahora? Pero además… ¿por qué empezaste con esto y cómo se te ocurrió?”

Pues mira, ahora que lo pienso y ahora que lo dices, déjame que le dé otra vuelta a la cuestión… Imagínate que, fueses quien fueses, tuvieras que responder preguntas similares a las que tú me has hecho pero sobre ti misme: ¿podrías (o se te ocurriría) hacerlo… leyendo?
Bien, pues yo por mi parte me –y te- propongo aprovechar esa posibilidad ya que la tenemos y, después de una inmersión más o menos profunda que ya veremos a dónde me lleva, seguro que se me enciende la bombilla y empiezo a escribir sobre eso que haya encontrado entre letras y espacios y que quién sabe si mientras tanto no te llevará hasta la respuesta a tu inquietud.





”Colega, constato que me haces volver otra vez y me empieza a dar la impresión de que has planteado esto un poco como una entrevista… Si es así, me vas a permitir que te lance alguna pregunta de mi cosecha propia porque te aseguro que te tengo alguna guardada.”

Bravo, está claro que me calas rápido jeje. Es que sé que esta fórmula, independientemente de lo que le parezca al lector, será mucho más cómoda para mí jajaja.
Por tu parte, haz como gustes; después de todo yo mismo comparto esa vis vocacional.

Me refiero a que yo mismo he hecho entrevistas, claro. Profesionalmente hablando, digo.
No será por los cinco años en que mantuve mi página notablemente activa, porque entonces me dediqué a escribir crónica tras crónica para sólo una pequeña parte de los conciertos a los que fui.
Fue, y es, por ese año casi completo en que ejercí como periodista de prensa escrita y que coincide casi exactamente con el crepúsculo de la etapa anterior. La confluencia de ambas actividades cristalizó en mi época más prolífica. En la que más y mejor he escrito.

Hoy es la noche de aquel día porque, comparado con entonces, ya casi no me prodigo. Fue la época que en que más cerca estuve de dedicarme a algo que me gustó desde siempre y aun así me quedé más bien lejos. Creo que llegué al gremio en una de sus épocas más ingratas y más caninas.
Aunque de todas formas, esta historia mía tampoco empezó ahí.




”Pero entonces, ¿te sentiste satisfecho?”

Hmmmmm... es complicado. Hoy envidio la forma que tenía entonces y sin embargo, leyendo mi felicitación de la época veo que en el fondo me sentía más bien triste. Incompleto. De hecho, lo dejé traslucir y al año siguiente, cuando ya había pasado todo, lo expliqué. Y me alivió bastante.
Pero ya era otra etapa; la anterior había terminado.


Actualmente tengo un curro bastante bueno para los tiempos que corren, que puedo hacer desde mi casa (¿¿tienes una idea de cuantísima gente envidia lo de trabajar en pijama??). Soy profesor, como yo mismo predije en una de mis felicitaciones (pero no como lo habría esperado...) (a que lo compruebes te invito, si te atreves); me permite vivir bien durante la semana y tener sueños… pero el de emanciparme sigue desvaneciéndose al despertar porque después de dos años y medio aún no he aprendido a ahorrar. Continuaré, pues, estudiando esta disciplina porque créeme que estoy deseando largarme.

Oye, pero ¿sabes otra cosa? En su momento me llegó a dar igual todo eso. Lo del dinero, la independencia económica, la madurez… todo.



”¿Que te dio igual? ¿Cómo te puede dar igual algo así?”

No te creas, es más fácil de explicar de lo que piensas… Ten en cuenta que cuando yo tenía veintipocos años aún me quedaba mucho mundo y experiencias por conocer, pero sobre todo tenía la necesidad de abrirme un camino propio, de descubrir lo que me gustaba, lo que quería hacer… y tenía que recorrer ese camino por mí mismo, sin ayuda y eventualmente sin compañía ninguna.

Tenía pelas para salir e ir de conciertos, que constituyeron la ruta que decidí emprender –y contar- y que trajo consigo todo lo que trajo. El no saber lo que podía depararme aquello, era ya suficiente acicate para mí y me fue haciendo poco a poco, año a año, menos cobarde y más creativo.
Es más… ahora tengo un temor. Desde que mi vida es más lineal, más fácil, más ordenada, con más medios pero menos tiempo libre para perderlo a lo bestia... ¿son mis felicitaciones navideñas peores? ¿Les falta la magia bohémica del principio?
En fin, no sé decir al respecto… salvo que Matt Groening o George Lucas no lo pensarán, claro. De hecho estarán encantados. Algún día les pediré una comisión por la publicidad –o ellos a mí por copyright, vete a saber-.

Pero insisto… El único momento en que de verdad, DE VERDAD, quise cambiar radicalmente, largarme, iniciar una nueva vida y ser independiente fue justamente al terminar mi breve tiempo en el periodismo. Porque ese camino sí lo quería seguir. Pero entre la coyuntura y mi propia falta de medios ni seguridad de cualquier clase… pues ya ves, fue imposible.



”Colega, ¿y no protestaste? Eres joven, más o menos comprometido, y a ti que te gusta escribir de todo, o de casi todo…”

Bueno, sí… En los años más recientes, muchas cosas pasaron y de pronto parece que un terremoto removió culos y conciencias a lo largo y ancho de este país. No podía no afectarme algo así, y lo plasmé en mis escritos.

De hecho, te invito una vez más a que hagas verificación de mi capacidad profética –y de la que te juro que no me gusta presumir, no como a otros… no sé a quiénes exactamente pero seguro que los hay, seguro...- porque lo cierto es que el nacimiento de nuevos partidos políticos y plataformas, TAMBIÉN lo predije.
Lo curioso es que en su momento eso me retrotrajo a mi sueño infantojuvenil de ser yo mismo el propio líder de esos movimientos y en consecuencia el vigente o futuro presidente del Gobierno, fíjate qué cosas… fíjate porque esto también está escrito. Pero no me preguntes por qué jeje.





”Vaya, eso es interesante… pero tendrías que definirte políticamente, ¿no?”

Ufff, eso es difícil… y ya sé que por eso mismo me lo pides jajaja.
Lo primero que te puedo decir es que en esto, más que en ninguna otra faceta, me veo a mí mismo hace una década o más y constato una evolución.
Hoy día podría hacerme el pedante, el iconoclasta, el sátiro pretencioso, suficiente y antisocial, criticando lo ‘chulo’ que quedáis cuando decís a todo el mundo "yo paso de vuestras modas, no soy un borrego como vosotros, que os llamáis 'fachas' y 'rojos' los unos a los otros", porque yo “ni de izquierdas ni de derechas, ya sabes” o ironizaría con que hay que ver, "pobres", lo mucho que os oprime la ‘dictadura de lo políticamente correcto’, que no es justo con lo a gusto que estabais faltando al respeto y jodiendo al personal cada vez que os venía en gana.

Pero seguro que eso mismo que criticara lo habría hecho yo en el pasado, igual que un día tal vez criticaré lo que quiera que esté haciendo ahora.
Lo que sí puedo decir que creo –y lo puedes considerar como una crítica o una denuncia si quieres-, es que… igual que a mí me ha afectado el tiempo y el lugar que me han tocado, creo que toda persona se parece más o menos a lo que la rodea. O se intenta distanciar radicalmente de lo que ha conocido, sí, pero siempre teniendo esto último como referencia.

Así que en cuanto a mí, me gustaría decir que yo SÍ, soy de izquierdas. Socialcomunista, humanista, pacifista, altermundialista, anti-etnocentrista y feminista hasta las trancas… porque así me siento. Pero ¿acaso piensas que habría podido autocalificarme como tal hace nueve años? Por Shiva, si alguna de esas palabras ni siquiera sabía que existían…

He podido ser un detestable homófobo fascistoide adolescente y que mi memoria selectiva haya preferido olvidarlo. Y si ahora soy diferente en cualquiera sea la forma, está claro que no ha pasado de la noche a la mañana.
De modo que si tengo exigencias en este mundo (y sé que esto también es un tópico), prefiero que las mayores empiecen conmigo mismo. A fin de cuentas, ya pasé hace tiempo el vértice en que la vida deja de deberte algo y empieza a ser al revés.

Reconocer los errores de los demás puede estar bien, pero admitir y trabajar en los propios sirve para reconocernos en los demás. Y así un día poder decir que fui feliz y que además ayudé al prójimo… Porque aún no creo que pueda decirlo. Eso sí, al menos procuro no dejar las cosas peor que como estaban.



”Joder, Colega, qué visión más filosófica y holística… Y entonces, ¿cómo ves tú el mundo así en general? Porque está claro que alguna visión tienes que tener…”

Pues muy sencillo… Como una gran coincidencia.
Me explico: tú llegas y lo primero que te toca es salir de un vientre, vale, pero una vez fuera hay todo un entorno, un lugar, un momento y unas personas que tú no has elegido y que van a determinar, por ejemplo, si te va a tocar luchar por sobrevivir ya en tus primeros meses o años de vida sin saber si lo conseguirás.

Así que creo que somos la fantasía de un apostador. Cada uno de nosotres, de los siete mil quinientos de ahora, los que estuvieron antes y los que vendrán, somos una ficha en el tablero de un juego cósmico-biológico que cuenta un átomo por cada persona.
Y ese apostador, ese átomo que nos tocó, es en el fondo bastante humano. Tiene ideas, propósitos, delirios… y es protagonista de bravatas y riesgos, como un héroe de leyenda. Como un Foeh Camarón de la vida.

Y si no, ¿por qué cada vez que en mi vida he acertado alguna quiniela (aunque fuesen pequeñas), ha sido precisamente cuando menos falta me hacía?*

…Y esa, amigos, es la parte en la que no puedo intervenir. Si acaso intentar estar más atinado con las quinielas jajaja (*aunque reconozco que una vez SÍ me tocó un pellizco cuando realmente me hacía falta, algo más de ciento cincuenta pavos y... aun así fue la ostia).

Es que la suerte va y viene. Como las ideas, sí. Y como la gente, y como yo mismo…
Pero entonces, ¿por qué yo, si soy el peor de todos, tendría que pretender que conozco el mundo, que soflamar, que predicar, que moralizar, etc? Pues… porque podría optar por lo contrario.
Porque podría obrar de la forma opuesta.
Porque, en la parte que depende de mí, podría haber fichado por los malos desde el principio y porque, incluso, quizá lo hice en un principio. Pero cada segundo es decisión.

Así que no dejes al azar lo que tú puedes, y debes cambiar.
Te lo dice un experto en eso precisamente: dejar cosas al azar a lo largo de su vida.



”Vaya, Colega, ahora entiendo por qué preferiste concentrarte en escribir sobre una sola cosa durante tu época de blogger… Preguntarte algo es abrir la caja de Pandora.
Además de perorar, ¿has hecho cosas de persona normal en este tiempo, como por ejemplo ir de bares, o viajar?”


Uff, no me hables… Hoy hace justo una semana que cerraron mi pub favorito, el Peatón. Estuve allí esa noche, se me saltaron las lágrimas y tuve que irme. No tendrían nada que ver los dos Jack Daniel’s – Cola que me bebí en poco más de media hora, por supuesto… Cosa que meramente hice para rendir honores, claro.

Mi pub favorito, sí… pero, ¿sabés qué? En aquel 2007 yo apenas lo había pisado, aunque en el fondo estuviera deseando hacerlo… Fue sólo yendo solo como descubrí que era ese, y no otro, el elegido. Y estaba ahí mucho antes de que yo llegara, créeme.
Tampoco había ido entonces muchas veces a la Vogue, que en estos nueve años ha atravesado un auténtico ciclo para mí, desde convertirse, sí, en mi discoteca favorita a años luz de cualquier alternativa, hasta tenerla aborrecida y llegar a temer la masificación que antes tanto me atrajo.
En aquella época, llegué a presenciar allí el primer beso de una pareja amiga que desde entonces se ha querido, ha viajado, ha emprendido y ha VIVIDO como a mí mismo me gustaría. A pesar de que, precisamente, a día de hoy hay que decir que ya no están juntos.

En fin, ahora que puedo, salgo y voy a donde quiero –pero sobre todo con quien quiero-, y admito que por lo general suelen ser siempre los mismos sitios.
Salvo que los cierren o que cambien de propietario, y hay veces que ni por esas me echan de allí, oye. ¿Me estaré haciendo viejo?



”Bueno, tener más años no quiere decir que vayas a oxidarte por narices, eso es algo que puede evitarse. Por cierto, ¿sigues haciendo deporte?”

Jejeje… me encanta que me lo preguntes.
Me encanta porque recuerdo lo difícil que era para mí encontrar a alguien con quien jugar al fútbol. Dependía siempre de que sobrara alguna plaza o, para ser más exactos, de que faltara alguien en algún partido.

Ahora tengo una peña todos los jueves por la noche y además organizo mis propios partidos de futbito gracias a una moderna aplicación… para la que NO, no se necesita un móvil de última generación.
Peso unos veinte kilos más que hace una década, los chavales que vienen a mis partidos son por lo general cinco, diez o quince años más jóvenes que yo y, como comprenderás, casi siempre pierdo. Pero por suerte mis posibilidades de diversión se multiplicaron al evaporarse mi miedo al ridículo.

¡Ah, sí! Como sabes, también corro igual que entonces, a pesar de mi sobrepeso.
Precisamente este mismo año he hecho algo con lo que fantaseaba desde que empecé: ¡he corrido una carrera! Ha sido raro, porque si con veintiún años mis motivos para querer hacerlo habrían sido poder correr mucho y terminar de los primeros, darme un baño de masas a la llegada y todo eso, ya sabes… cuando por fin lo he hecho, todos mis retos eran para conmigo mismo: poder terminar el trayecto dentro de tiempo y pasarlo bien mientras tanto. Y fíjate que he sentido mucho más apoyo y recibido más palabras de aliento de las que hubiera podido ser objeto con esos mismos veintiún años.


”Muy bien, sigues manteniendo tus buenas costumbres, pero… ¿y en el terreno sentimental? Porque no me negarás que te importa, digas lo que digas… y si no, no habrías despedido tantas felicitaciones recordándole al mundo que estás soltero jejeje.”

Pues mira, esa debe ser una de las pocas cosas en las que quizás me envidio un poco.
En mis últimos años de carrera, y en los precisos albores de abrir mi blog, empezar a ir a conciertos y empezar a escribir con regularidad, ligaba más que ahora. Que tampoco es mucho decir, vale.
El caso es que mis primeros rollos (pocos, meteóricos y casi los únicos en verdad) estuvieron condenados, sistemáticamente a la sombra de no poder estar con quien realmente quería.

La repetición de este fenómeno, como ya he debido contar más de una vez, me ha hecho lamentarme y muy frecuentemente arrepentirme de mi timidez y mi inacción. Sin embargo después de tantos años cada vez me importa menos. Pero también me aburro, claro.

No obstante, últimamente me da por piensar... que sí, que la cagué más de una vez por no hablar a tiempo, pero nunca sabremos… ¿y si en realidad fue ella, la ella de turno quien perdió la oportunidad, quien se equivocó de tío?
De un experto en oportunidades perdidas (sí, en eso también soy experto, ¿qué pasa?), te digo seas quien seas: un día tú también te vas a arrepentir. De lo que sea, pero te vas a arrepentir. Así que más te vale dedicarle el tiempo justo a tu arrepentimiento, ni más ni menos.


De todas formas te voy a contar una cosa, mira. Tengo una historia, de hace pocos años… una historia con una chica por la que estaba loquito y lo habría dado todo, y con la que al final no pasó absolutamente nada... pero la Navidad me pilló en plena vorágine de mi denodado intento.
Porque sí, esta vez lo intenté. Estaba en un gran momento personal y al menos, para ser justos, le debo toda la felicitación navideña que en buena parte ella inspiró.

¡Ah! Y déjame que te diga también que si no fuera por la música, los conciertos y el mi blog, en definitiva, y su consiguiente concatenación de efectos y de azares… no la habría conocido siquiera.



Vaya, Colega…
Oye, y ¿ya no vas a conciertos?


Bueno, claro que voy jeje. Pero a muchos menos que antes. Realmente ahora sólo voy para divertirme o cuando alguien amigo va a subirse al escenario.
Sé que es llamativo… Recuerdo la época en que trataba de arrastrar a mis colegas o a quien pillase para que vinieran… y en un noventipollas por ciento de los casos NO lo conseguía. Ahora mis mismos colegas van a más conciertos que yo.

En fin, en estos días convivo con la música de una forma, digamos, más casera. Pone banda sonora a mis tardes y a mis ratos entre clase y clase, me anima a salir y me acompaña cuando salgo o cuando corro.
También, por supuesto, la difundo machaconamente por las redes sociales aun sabiendo que ya no resulto bohemio ni romántico, si acaso cargante… Y no me importa.
¿Te cuento otra cosa? Este verano vi a una prima mía que había parido a su primogénito un mes antes y que me contó que, cuando estaba próxima a atravesar el trance del alumbramiento, escuchó una canción que yo había colgado, la adoptó y la interiorizó de tal manera que la ayudó en el proceso. Estarás de acuerdo en que, sólo por eso, ya merece la pena.

Bueno, y por supuesto, las canciones son también mitad indispensable de estas felicitaciones que escribo cada veinticuatro de diciembre jeje. Que nunca pueden ser canciones cualesquiera; tienen que ser temas que se me hayan quedado, que sean significativos y que se merezcan por sí mismos construir todo un texto a su alrededor.
Y que por supuesto tienen que estar cada una en su lugar.



Bueeeeno… claro, entiendo que si ya no vas a conciertos y después de todo tu blog nació para eso, y además tampoco escribes… es normal que no hayas renovado tu espacio.
Sin embargo, sigues obstinado en tu felicitación navideña anual, lo que supone que cada vez que escribes prácticamente es sólo sobre ti… Me niego a creer que no tienes una explicación un poco más profunda para eso.


Vale, vale, pero para el carro… No sólo hablaba de conciertos, ¡también estaba mi célebre sección de París! Jajaja en estos años he viajado poco y casi siempre a ese mismo sitio, pero no veas el partido que le he sacado…
Recorría la capital y el quatre-vingt douze, el departamento vecino en el que nací, en el que reside mi padre y en el que, mira tú por donde… viven una buena parte de los alumnos a los que ahora doy clase.

Cada día se desplazan desde allí hasta el polo empresarial de La Défense, donde trabajan. Y donde yo mismo cogía el metro a cada vez o simplemente me paseaba y tomaba incontables fotografías. Rutinas, ya sabes…



”¿Rutinas?”

Rutinas, sí.
Como la rutina de escribir sobre mí mismo y lo que me pasa, en efecto. Cada Navidad al menos, hago un compendio de vivencias.

Vivencias como que, por ejemplo, ahora ya no viajo a París pero sí a Rabat. Es porque mis sobrinas están allí ahora que me he decidido por fin a conocer un cuarto país este año.
Es muy interesante porque, si lo piensas, ellas están experimentando ahora algunos de los que se convertirán en sus recuerdos más antiguos cuando adultas.
Y también, por supuesto, porque están viviendo una experiencia que les puede hacer aprehender el mundo con más amplitud y recursos y que al final… es curiosamente comparable a la que vivimos su madre y sus titos cuando niños.


Tal vez si lo hago así, si me apoyo tanto en lo cotidiano, es porque he perdido la agilidad y creatividad que un día tuve y que tendría que entrenar más. O porque en realidad no sé crear cuentos ni contarlos; es cansado y trabajoso y requiere más engrase del que tengo ahora mismo.
Pero coño, es que la vida real es TAN buena…

Mis felicitaciones navideñas me dan sensaciones que de ningún otro modo consigo. Estar por ejemplo tumbado en la cama, o corriendo, o haciendo de vientre, y pensar en qué rayos colorados podría escribir este año, o mejor, qué rayos colorados VOY a escribir este año (porque sin duda lo VOY a escribir) y sin saber aún por donde acabaré saliendo. Tomar notas, pensar locuras, acordarme de aquellas perlas imperecederas que me dejaron las anteriores… Siempre con el miedo a no estar a la altura de mis propias expectativas.
Un miedo que ME ENCANTA. Igual que la tensión entre la prisa, el "tengo una semana para darle forma", la adrenalina, el "ya llegaré" y los triunfos narcotizantes a última hora. Todo ello ya es costumbre.

Una costumbre que es la prueba de que adoro trabajar solo. Si yo fuera mi propio consejero (y podría…) (de hecho puedo ver ahora mismo en la pared frente a mí el título que me acredita como Experto en Comunicación Política, aunque seguro que nadie me ve como tal…) (ni yo tampoco)… en fin, que si YO FUERA mi propio consejero y tuviese que asesorarme a mí mismo, al ver mi esquemas me preguntaría que cómo demonios pienso sintetizar todas esas majaderías en una sola idea. Me diría que es imposible y que el solo intento es una completa locura.

…Y sin embargo aquí está otra vez. Mi empeño infinito en un texto largo, coñazo, aparatoso y grandilocuente. Un engorro al principio pero que se va animando para que el final apoteósico sea un premio y haya que ganárselo. Para hacer lo más bonito, o al menos intentar hacerlo más bonito. Como una Navidad a final de año y mientras tanto, como la vida… Que tampoco tiene mucho sentido.

Por cierto, hay OTRA HISTORIA MÁS que no te he contado… Trabajé en el periódico, sí, pero ¿sabes que, en realidad, la primera entrevista que hice en mi vida fue... oral y filmada?
Fue un ensayo casual para estudiantes de comunicación audiovisual y, si no recuerdo mal, fue en ese mismo año dos mil siete en que al final escribí… sí, mi primera felicitación navideña.
Ese mismo año en que, además, fui colaborador en el fabuloso programa “El Corral del Rock” de una tele local que ya no existe. ¿No te lo había contado nunca? Ah, y ¿tú también has salido por la tele?
De estas cosas, tanto tiempo ha que a veces hasta A MÍ se me olvida que alguna vez ocurrieron.


(NOTA: Accidentalmente la canción sale dos veces en el vidrio... Escúchala sólo una, la primera)


”¿A dónde quieres llegar, Colega?”

Te voy a responder con otra pregunta, una que es tuya en realidad… ¿Sabes qué estaba haciendo en diciembre de dos mil seis?

Pues… ¡¡estaba vendiendo aspiradoras a dos mil quinientos euros!!

En serio, buscaba trabajo y acabe metido en una especie de “estructura piramidal” que presuntamente me convertía en flamante comercial para una empresa de prestigio internacional con casi un siglo de historia… pero que en realidad trataría de vender a mi propia familia y amigos esas aspiradoras cuyo valor real no era ni la quinta parte de su precio.

Así, el mismo día veintiséis de diciembre por la mañana tuve que levantarme pero no a trabajar como se me presuponía, sino a poner en orden lo que estaba pendiente y despedirme para siempre de aquella trampa.
Y como comprenderás, me pasé los dos días anteriores preocupado, después de descubrir casi por azar –y bendita curiosidad- en qué me había enfangado antes de que fuera demasiado tarde. Cavilando y pensando en lo que debería hacer para salir.

…Pero ya entonces tenía mi página, claro. Y ya entonces me habría gustado escribir algo para tan señaladas fechas... Tuve que conformarme con un vídeo-parodia que fusionaba la Pasión de Cristo y Terminator 2.
Bastante gracioso, por cierto.

No tenía ánimo para más, porque la tesitura fue bastante dura y agobiante para mí… pero me dije a mí mismo que nunca más: el próximo año no sé lo que pasará pero sé que haré lo que sea para terminarlo con una idea positiva. Que de alguna forma condense todo lo que haya pasado, bueno o malo, y que anime para arrancar los siguientes trescientos sesenta y cinco días de estudiar, de trabajar, o de ambas cosas si es lo que toca”.

(...Como ahora, por ejemplo…)


Así que si en mi felicitación de dos mil ocho yo mismo dije que “no entendía por qué” había de sentirme de la forma en que me sentía precisamente en estos días, AHORA, echando la vista atrás, no podría estar más claro: es la fecha en la que desde ya no recuerdo cuánto tiempo, acostumbro a reunirme con toda mi familia y amigos.
Ayer mismo, los cinco colegas del instituto pudimos reeditar una foto juntos que no nos habíamos hecho desde dos mil nueve.
Y mañana mismo nos volveremos a reunir toda la familia, como todos los años. Incorporando a las personitas que llegan y como acto de homenaje a quienes últimamente poco a poco ya nos van faltando.

Y si tengo que magnificar un momento, un sentimiento, un recuerdo, una idea… tratar de hacer algo bueno con ello y que me sirva de inspiración, sin lugar a dudas que sea éste. El del reencuentro y la evocación.
Evocación de amigas que hace nueve años aún no conocía pero que en su día me salvaron la vida. Que ahora mismo no están por aquí pero volverán más tarde o más temprano.
Y reencuentro con mi familia y mis amigos, que es lo mismo. Las mismas personas que precisamente me prestaron su ayuda y sus casas cuando me metí en este embolao de las aspiradoras supersónicas, pensando que aquel podría ser un trabajo para mí. Les hice mis demostraciones y fíjate que incluso llegué a vender una a un tío mío que es un cachico’ pan.
Por supuesto, después de saber lo que supimos, la devolvimos.



En fin, y ese es precisamente el denominador común de estas diez ediciones y el motivo por el que existen: el catapum final, el sabor de boca, el recuerdo de la gente que me importa y el deseo que nos vaya, si es posible, un poco mejor. El momento para el que siempre reservo esas dos o tres canciones tan intensas para insistir en que lo malo, venga como venga y de donde venga, no va a poder conmigo.
Y que si me voy antes que nadie, que se sepa que por vosotres mereció la pena. Por la suerte de conoceros, algo que me gusta celebrar cada año y cada puñetero día, si puede ser.



…Y todo esto, al cabo, sería imposible de decir si no es por escrito.
Y si no, echad un vistazo… ¡Serían tres cuartos de hora hablando sin parar!
Decididamente creo que no soy capaz.




”¡Haaala, por fin lo voy entendiendo… eres una especie de autoconductista!”

Exacto… ¿de verdad pensabas que haría todo esto sólo por algo tan instrumental como no perder el hábito de escribir? De ninguna manera jeje.
Esto es personal y bidireccional: yo me invento este reto, me lo autoimpongo y el mero hecho de proponérmelo y de conseguirlo me empujan a hacer cualquier cosa que tenga que hacer y a que se me ocurra alguna buena idea o me pase algo bueno… que pueda contar al año siguiente.
Y ya desde mañana estaré pensando en eso.

Y por eso soy tan cuidadoso y dedico tantísimo tiempo a darle forma, corregirla si es preciso y seleccionar canción por canción... Porque esto me tiene que durar para todo el año.

Y si quiero, me invento un juego y desafío a mis lectores a encontrar todos los pequeños detalles, principalmente en forma de fotos o canciones, que se esconden en esta edición.

…Y todo, porque creo que mi apostador ha apostado por mí.

Y si no, pues que pierda.
Es que el apostador sabe que sólo hay tres personas que pueden conseguir que yo vuelva a escribir de verdad. Y que es necesario el concurso de al menos dos de las tres, y de una de ellas aún se desconoce su identidad… Resuelve la ecuación, si ties’ pollicas.


...Pero el apostador sabe que en Navidad, SÍ.
Que hoy conmigo vas sobre seguro.



”Bueno, y ahora que tienes todo un año para pensarlo… ¿sobre qué te gustaría escribir en la próxima entrega?”

Pues mira… hay muchas cosas que me gustaría que me pasaran, o hacer que me pasaran, aunque no necesariamente para este próximo año. Independizarme, comprarme un coche, estar con alguien, ser padre… Cosas bastante normalitas, que más o menos siempre quise.

También ser mejor persona y dejar algún mal hábito, porque sólo después de derrotarme a mí mismo estaré listo para cualquier duelo final… pero aparte de eso, he pensado que voy a lanzarle un órdago a mi apostador.

He pensado que quiero volver a verte.

Hace unos cuantos años... No fui capaz de un montón de cosas, pero no te voy a adelantar nada porque será en persona o no será. Y conseguiré, quizás, ojalá, que tengas algo más que contar a tus nietos.

Haría una trilogía sobre ti. Sobre el tiempo que yo conocí. Contando toda la historia, con sus partes oscuras (por invisibles o por nunca vistas por nadie más, simplemente). Y con su lado clarinete, diáfano, negro sobre blanco.

Pero eso ya lo sabes; lo que no sabes es que quince años después haría otra trilogía de 'precuelas' contando todo lo que me perdí... y tras la necesaria labor de documentación (porque no me lo pienso inventar, eh), tras recopilar todo lo que hasta entonces no sabía, me vería estúpidamente impelido a reeditar también tu trilogía original, arruinando los momentos mágicos con malparidos efectos digitales que (apenas) acabarían con el encanto de la saga que conquistara en su día a quien se dejara conquistar.

...Y evidentemente, diez años más tarde, cuando la vida ya haya pasado y haya dicho lo que aún hoy está por decir, haría OTRA trilogía más y un par de spin-offs.
Y sí, por supuesto, saldrían Fino, Reyes y Kilos de Tren... y Foeh Camarón tendría un papel predominante, por supuesto también.



En fin, esto está escrito para ti y ni siquiera sabes quién eres.
Así que mientras llega el incierto momento que quién sabe si llegará, déjame desearte a ti y a quien quiera que pasase por aquí una Feliz Navidad y que Lydia Valentín os traiga muchos regalos.




Y ya sabes, quienseas: la Felicitación del próximo año, como siempre, la estaremos escribiendo a cada día que vivamos, seguramente sin que te des cuenta ;)












”I hope you get a lot of presents and a Happy Merry Christmas.




And you're fat.”