¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

domingo, 24 de diciembre de 2017

La Última Felicitación Navideña


--- EPISODIO IV: Un comienzo inesperado ---
(Día trescientos siete, tres de noviembre de 2017.)



Es viernes a mediodía y estoy saliendo a la calle. Tranquilamente y sin hora de vuelta. Es raro porque normalmente a esta hora estoy trabajando. No obstante y a pesar de lo que pudiera parecer, la mañana ha sido productiva... relativamente. Veamos, voy a cobrar quince pavos por dar una sola clase debido a las ausencias en las otras dos. Y los viernes se pueden hacer muy pesados cuando he cantado la víspera, no tanto por haber cantado sino por lo tarde que vuelvo, así que realmente puedo decir que he tenido suerte. Y veremos a ver si la misma suerte me acompaña ahora que voy a echar la quiniela, ya de paso que bajo. Y así me lo quito de encima.
Me falta algo de guita así que pasaré por el cajero a sacar. Mis últimos cuarenta euros... qué queréis, estamos a final de bimestre. Y por juliagosto cobré bien por debajo de mi media, yo que creía que por fin había conseguido empezar a ahorrar... Pero no pasa nada, pienso culpar a todas las administraciones, cargos electos y sistemas estructurales que se me pongan a tiro antes que dedicar ni un segundo más a fiscalizar mis propios actos. Al menos hoy no.

Porque hoy es viernes. Y no cualquier concepto de viernes. Es viernes recién terminao de trabajar. Uno de mis momentos favoritos de la semana. Y por mis auriculares suena Happy Kid; ¿qué podría acompañarlo mejor?.
Además es el primer viernes del verdadero otoño, el cielo es gris por fin y las hojas van cayendo y tejiéndole una alfombra al moderno tranvía, regalando una estampa que no habíamos visto aún o, más exactamente, que no se había visto en Graná en, quizás, ¿cincuenta años? Naturalmente que entonces era otro tranvía y bueno, no sé si la estampa en cuestión no sería mucho más poética que la que ahora se me brinda... Además, total, tampoco soy yo de esas personas que ven poesía por todas partes.

Es que yo vería prosa más bien. Porque a fin de cuentas... sí, oye, lo estoy haciendo otra vez. Estoy escribiendo mentalmente mientras voy por la calle, verbalizando las tontadas que se me pasan por la cabeza de forma más o menos casual e intencional. Todas esas tontadas que luego por lo general se pierden en el olvido como lágrimas en la lluvia y como la corrupción antes de las elecciones.
Aunque alguna vez podría probar a hacerlo de verdad, ¿no? Lo de ir escribiendo por calle, digo. Hacerlo, materialmente. Podría ir grabándome con el micro mientras voy andando; hoy en día no resultaría muy llamativo pero no quiero que parezca que voy hablando con alguien cuando realmente estoy solo. Otra opción sería ir con una libreta y escribir sobre la marcha... un poco aparatoso, ¿no?... y peligroso. No tanto por estrellarme, atropellarme o atropellar yo a algo sino porque la gente pensaría que quiero apuntarles al ACNUR y huirían a mi paso. Y eso me agobiaría.

En todo caso, qué tranquilidad inspira todo ahora. Incluso esta descabellada idea que, de pronto y como quien no quiere la cosa, no parece tan descabellada... y suena The film did not go round, una canción que usaba para dormir a mis sobrinas cuando eran bebés. Otra vez Nada Surf, oye... "Es lo que tiene el orden alfabético, Colega. ¿Estás ya lo suficientemente tranquilo?"



Llego al estanco y allí está la lotera de toda la vida, nada simpática pero sí muy granaína, que me atiende como sólo ella sabe hacerlo... que tampoco es bueno ni malo, ni mucho decir. Todas las loteras que molaban emigraron de mi barrio hace ya muchos años; lo asumo pero no lo olvido.
Voy a llevarme también algo de fumar y que sea duradero, me gustaría innovar con un producto que conozco aunque nunca he comprado... pero tenías razón, Antoñico, los Salsa no se encuentran en todas partes. El Candlelight es un viejo conocido que como alternativa me servirá bien y además es aún más barato. Ideal para la coyuntura.

Bien, misión cumplida. Ahora soy libre y puedo darme mi paseo hasta la bandera o hasta donde quiera. Me enciendo el candelais, mi cigarrillo gitano... Hablando de momentos, el de encender el primer cigarrillo del finde suele ser de los más felices de la semana. Normalmente es los viernes pero más bien por la noche. No pasa nada, hoy lo viviré dos veces.
Noto que me vuelve la idea de escribir mi paseo... ¿y si quisiera hacerlo?... pero, ¿este? ¿ahora? ¿otro, en otra ocasión? ¿más preparado? Cuando me viene la inspiración, me entra por donde y cuando menos la veo venir... Pero son muchos problemas, que acarrea.

O sea, si lo hago ahora, ¿cómo lo haría? Tendría que rehacer luego todo la secuencia, revivirla en mi mente mientras la escribo... A lo mejor puedo. Pero sobre todo, ¿a qué conclusión filosófico-trascendente podría llegar?, porque tendría que llegar a alguna, ¿no?... O también podría tomármelo como un ejercicio. Y un interludio en mi inhistoriable historia, para no meter de sopetón lo que quiera que sea que venga después. Que seguro que, por fin, es la ostia.

Planet Caravan... no podrías aparecer en mejor momento. Es de Black Sabbath pero yo la he conocido así, por Pantera. Calma... Alguien se ha dedicado a ir dejando flores en las manos de todas las estatuas del bulevar de Constitución. La gente pasa; es adulta, madura o vieja. Sube la media de edad en el barrio, aunque yo llevo aquí desde que tenía dos años.
Sonrío descaradamente sin saber por qué. Levanto la cabeza y a veinte metros se acerca un chico regordete, un poco barbudo y con el pelo teñido de varios tonos de rosa y morado... Ojalá no piense que me reía por él. En realidad tiene sentido: me hace muy feliz ver que aún hay quien hace con su imagen personal lo que le da la gana. Lo pararía y se lo explicaría si no fuera porque al hacerlo seguramente no conseguiría más que lo contrario a lo que pretendo, molestado a una persona que sólo querrá pasar desapercibida...

Cruzo el paso y hay una joven merodeando alrededor de San Juan de la Cruz... ahora que me fijo bien, es tremendamente atractiva. Parece que está posando, yo me estoy acercando, parece que otro tipo está tomando fotos pero no estoy seguro, ya lo he rebasado. Lo extraño es que a su lado había un carrito de los de recoger chatarra... No me encaja. En todo caso sigo adelante, he pasado cerca... Bien. He conseguido salir en al menos una de las fotos jejeje. De verdad que quería.

Esto va tomando forma pero necesita un punto más de épica... My curse. Gracias al dios de la música. Si quieres saber a qué suena, llámame al móvil. Doy la vuelta al cabezón del Gran Capitán y me cruzo otra vez con la chica. Efectivamente, el fotógrafo chatarrero que resultó ser sólo lo primero, debe de ser su novio. Menuda pinta de hipster... Te mereces algo mejor.
No falla que todas las chicas que me gustan van acompañadas. El resto de la gente va sola, probablemente a comer... Estarán realmente solos también o es sólo algo circunstancial. Y aunque no lo estuvieran, ¿cómo se sentirán? Acaso mi subjetividad determina mi visión... Pensarán en el tema de Cataluña, en el tipo que se acaban de cruzar, en el aborto de la gallina... Irán también escribiendo en el aire mientras hablan. Qué sabe nadie. Si pudiera hacerles partícipes de mi momento particular, que vieran lo que yo veo, que escucharan lo que estoy escuchando... ¿realmente lo haría? Y si lo hiciera... ¿sería por algo más que puro afán de protagonismo? ¿de verdad pensaría que estoy haciendo algo bueno por el mundo? y... ¿sería el caso?



Is this love... No puedo creerlo. Lástima que el bulevar no huele tanto a cáñamo como otras veces. "Agua en el hoyo"... and treat you right. Agua caerá pronto, dicen que mañana, pero vayamos poquito a poco que esto es Graná, no te pases tampoco. Yo prefiero que caiga de noche porque casi todo lo que necesito está fuera y no me gusta callejear bajo la lluvia.
I... I'm willing and able... So I throw my cards on your table... ojalá fuera cierto. Voy a tener que hacer algo pronto, o se me va la vida y hasta las ganas. Me pregunto si a una persona, o por qué no a la chica del hipster, la abordara así sin más y le preguntara que si te gustaría conocerme, qué pasaría después... O de varios casos, cuál sería mi porcentaje de aciertos. No quiero que parezca que no pienso en alguien en particular mientras escribo esto, pero... ¿verdad que siempre gusta plantearse estas cuestiones?
En realidad ya me va bastante bien con la gente que conozco, que es mucha, pero no hasta el punto de tener lo que me falta. Soy el Alberto Garzón de mi propia vida: gusto a todo el mundo pero nadie vota por mí. Nadie ni ninguna, sobre todo.

Y ahora, ¿qué canción es esta? Ni idea, oye. Es que esta lista me la pongo poco. Vamos a ver si alguien empieza a cantar... Estupendo, es Florence. Si hubiese podido pedir algo más a la sesión, habría sido ella. Pero no reconozco el tema para nada... Saco el móvil, Rename nameless, mira tú por dónde.
Aprovecho y busco el chicle que traía conmigo... Joder. No es fácil cuando vas con ocho bolsillos. Pero no quiero volver a casa oliendo a tabaco; es una costumbre que tengo desde que en segundo de bachillerato me hice fumador eventual. Ha pasado la mitad de mi vida y la he mantenido desde entonces... Después de todo, no hay tantas cosas que hayan cambiado.
Ya toca volver a casa. En el paso de cebra, un hombre. Mayor, más cerca de los sesenta que de los cincuenta, creo. Lleva una cartera marrón. No habría por qué reparar en él pero... un momento... ¡ese es MI chaquetón! ¡Y lo llevo puesto ahora mismo, además!

Pues si no recuerdo mal, hace casi diez años que me lo compré. Bien barato, seguramente en unos grandes almacenes. Azul, fino, con un aire deportivo, de entretiempo... Me ha durado y servido bien mientras lo he tenido pero a día de hoy, me da la impresión de que sólo me gusta a mí. Bueno, y este hombre... ¿se habrá fijado en que yo también lo llevo? Ahí estamos, esperando que el semáforo se ponga en verde y con la providencia o el azar regalándome este guiño... ¿o será una visión de futuro? Espero que no, porque el tipo ya me parecía un oficinista o gris empleado antes de darme cuenta de la coincidencia... Además, tiene pelo.
En todo caso, tengo que intentar hacerle alguna foto disimuladamente... ¿quién iba a creerme si no cuando cuente esto? Ni yo mismo lo creería... Ya está, la tengo. Cómo imaginar que mi peripecia cotidiana acabaría así... En fin, misión cumplida. Gracias, Sorsio.

Suena la última canción del paseo de hoy. Es Thriller. No la llevaría en el móvil de no ser porque a mis sobrinas les encanta bailarla haciendo el zombi, y así podemos escucharla en cualquier momento estemos donde estemos. Por cierto, he hablado antes de mis momentos favoritos de la semana. Pues bien, estos días ellas están en Granada, hasta el domingo, lo que convierte a su vez a esta semana en una de las mejores del año. Porque así es desde que viven fuera. Cuando están, nada puede tumbarme. Juego en casa. Y cuando se van, intento que el empujón me dure hasta que de nuevo vuelva a verlas.
Así que este es, definitivamente, un buen fin de semana que empieza precisamente así. Aunque por lo general estas sensaciones no suelo contarlas (pero sí musicarlas), con lo que esto de escribir un día así de inopinado es una completa novedad. En fin, ha sido un día inspirado y fructífero después de todo. Aunque eso no lo sabía en el momento exacto en que piensiscribía esto, claro.
Y ahora, sin comerlo ni beberlo, la calle me espera otra vez. Entre otras cosas, para esas dos mismas, justamente.



--- EPISODIO V: Una continuación igualmente inesperada ---
(Día Trescientos cincuenta y cuatro, veinte de diciembre de 2017.)

¡Atención, atención! ¡Paren las rotativas! Que tenía yo una peliculaza completamente atópica, asombrosa y ultraimaginativa que contaros, meceredora del premio Planeta, el Pullitzer y la Copa del Meao' por lo menos. Lo de 'atópica' yo tampoco sé muy bien lo que significa pero me lo imagino, como todo. Tenéis permiso para hacer lo mismo.
El caso es que tenía yo la historia esa, os lo juro, para montarla en los dos o tres capitulillos que me queden para el estirón de los últimos días, pero he tenido una ocurrencia que me ha parecido que venía mucho más al pelo y, lo más importante, con base REAL. Es una idea que tiene mucho más que ver conmigo mismo y que además, para colmo, conlleva una cierta vertiente interactiva, y que os puede incitar a participar de alguna manera y ya sabéis lo que me gustan a mí esas mierdas, aunque luego no me hagáis ni caso. Yo las hago igualmente.

Ahí vamos: ¿Alguna vez te has planteado seriamente cuál es tu primer recuerdo? Es decir, no ya simplemente la primera cosa concreta que recuerdes, ni tampoco lo primero que se te venga a la cabeza. Me refiero, de entre todos los momentos y experiencias que sólidamente recuerdes y que más o menos puedas fechar en el tiempo, ¿cuál resulta ser la más antigua?
¿Has entendido lo que te estoy diciendo? ¿No? Es igual, prefiero no añadir más explicaciones porque creo que sólo contribuiría a liarla más.

La cuestión es que yo siempre pensé que mis primeros recuerdos nítidos y fechables databan del verano del 85, en el que yo cumplía 3 años. Un verano en el que, llevando casi un año viviendo en Granada, hicimos varios viajes en la furgoneta que entonces teníamos; especialmente uno a París que dejó en mi mente un etéreo poso de secuencias y situaciones tan memorables que podría revivirlas como si hubiesen sido ayer. Son perfecta y totalmente identificables y diferenciables, primero, de lo que debió ser mi vida hasta cumplir dos años en la Ville Lumiére (de los que de todas formas nada se me quedó, lógicamente) y, segundo, del siguiente viaje al mismo destino... porque ya fue en el 90.

Sin embargo, hace poco he tenido una pequeña gran revelación. He caído en la cuenta de una vivencia que permanece intacta y que forzosamente tuvo que ser anterior, a saber: otoño del 84, con esos dos añitos apenas cumplidos y estando recién instalados en casa, la de ahora, la de siempre.
Por aquel entonces, yo aún dormía en la cuna -tardaría varios meses más en dejarla- y a la hora de acostarnos, mis padres la plantaban, y a mí con ella, en mitad del pasillito que da al gran dormitorio donde dormían entonces mi hermana y hermano, mayores que yo. Por el otro extremo, el pasillito da una curva de noventa grados a la izquierda y a continuación comienza el pasillo largo, con varias puertas en su recorrido y cuya luz mis padres dejaban encendida, en aras de que me llegara el reflejo porque, por lo visto, me daba miedo la oscuridad... Este detalle es importante.

Resulta que el verano anterior, en Almuñecar, mis padres habían comprado un souvenir consistente en una tradicional casita blanca, típica de pueblo andaluz, o más exactamente un bajorrelieve de escayola que reproduce una fachada de este tipo. En tamaño y forma viene a ser más o menos como una tablet, ¿vale?

El caso es que a mí me F-A-S-C-I-N-A-B-A este objeto, tan simple en principio pero que desde que me lo descubrieron, aprovechaba cada ocasión para pedir que me lo bajaran de la pared y así poder admirarlo y manosearlo... un momentito, al menos. Porque, la verdad, no sé cuánto rato me lo dejaban pero a mí siempre me parecía un suspiro y, además, siempre era bajo supervisión. Por su peso, temerían que se me cayera o algo.
Pero yo lo tenía claro. Quería disfrutar tranquilo y a solas de aquel portal mágico y una de aquellas noches, cuando sin duda mis hermanos ya dormían y por aquello de que siempre he sido un poco insonmíaco... decidí que era hora de actuar.



Después de darle, imagino, mil y una vueltas al asunto y desde un sentimiento de total incertidumbre e inseguridad, hice las primeras pruebas. Suavemente, procurando no hacer ruido para preservar mi clandestinidad, fui dando los primeros arreones o quién sabe si opté por apoyar las manos en la pared para así empujar la cuna hacia delante, como quien rema... ¡ah! ¿que se me ha olvidado mencionar que la cuna tiene ruedas?
En fin, supongo que iba poniendo cada vez más energía y decisión hasta comprobar que... sí, aquello se movía. Y armando no demasido estruendo, por lo visto.
Así llegué a la curva y, no me preguntéis cómo, conseguí trazarla y completarla. Así, desde dentro. Sólo me quedaba avanzar un par de metros de los aproximadamente cinco de todo el recorrido, y... ahí la tenía. Me encontraba a los pies de mi grial particular. La iluminación era perfecta, la intimidad, total, y yo estaba plenamente concentrado en mi objetivo. Aunque me temblaran las piernas.

¿Problema? La alcayata de la que colgaba la casita estaba a dos metros de altura (acabo de comprobarlo; la alcayata sigue en el mismo sitio, sí). Yo era un crío bastante largo para mi edad (como siempre, vaya) pero necesitaría, obviamente, subirme en la baranda de la cuna para alcanzarla. Y aquello me asustaba bastante, lo sé.
Después de un rato cavilando, debí de pensar que no había llegado hasta allí para echarme atrás. Y comencé a trepar. Agarrado a la cuna y, probablemente, al quicio de la puerta del cuarto de baño -que por suerte se encuentra allí mismo-, puse primero un pie sobre el borde... vacilé un poco más... la cuna debió desplazarse hacia el otro lado del pasillo (ocupa casi todo su ancho, también por suerte)... me impulsé no sé cómo, apoyé el otro pie y... allí estaba, erguido, con las plantas de mis piececitos sobre el borde de la cuna y de algún modo apoyado en la pared.

Alargaba una mano y... ¡ya podía tocarla! La casita, o su parte inferior, reaccionaba a mis tirones pero no venía hasta mí; permanecía colgada en la pared. En ese momento en que ya empezaba a saborear las mieles del triunfo, en que estaba a un palmo de la meta pero no sabía cómo franquearla, seguramente me daba cuenta de las lagunas de mi, por otra parte, inexistente plan.
Necesitaba ambas manos para tirar de la base de aquella tabla de escayola y hacerla caer. Eso significaba perder todo agarre prensil, o manual para que me entiendas... "es una locura"... "hay mil formas de que esto acabe mal, dolorosamente mal"... claro que "locura" o "mil formas" no se encontraban entre mi repertorio de conceptos asimilados por aquel entonces.

Así que ya empezaba a hacer los primeros amagos de soltarme también la otra mano y elevarla hasta mi reliquia... lo estaba estudiando muy en serio... me estaba atreviendo, emprendía el movimiento... y ESE fue precisamente el momento en que mis padres intervinieron. Mis padres, que no ocultaban su inquietud pero tampoco su estupefacción ante lo que veían, y que probablemente llevaban ya algunos instantes espiando mi fechoría... ¿O no? Tal vez tuve un golpe de suerte y acababan de descubrirme, porque el hecho de que lograra no despertar a mis hermanos, no habiendo puertas cerradas de por medio, da una idea de lo sigiloso que pude llegar ser. Antes, como ahora, ya me encantaba trabajar solo.



Y, en fin, ESTE ES, mi primer recuerdo. O el primero datable, al menos (...¿cuál es el tuyo?). Lógicamente, mis padres me dejaron disfrutar de la casita un ratito, ya que estábamos. Y aunque nunca pude repetir la aventura, para siempre quedó en mi memoria y retinas.
A día de hoy aún conservamos la casita, con algunos desconchones. Está en el mismo pasillo pero en el muro contrario. También tenemos la cuna; de hecho mis sobrinas la han usado.

Y supongo que te preguntarás por qué ese recuerdo precisamente. Bueno, es evidente que el cerebro memoriza, las retinas retienen... pero tiene que haber algo más. De hecho, ¿sabéis qué es lo que mejor recuerdo de aquello? ¿lo que más se me ha quedado? Pues lo que más y mejor recuerdo es... la sensación.

Porque estaba completamente ATERRADO, pensaba que me quedaba paralizado a cada poco que avanzaba. Y sin embargo seguía avanzando. Pero es que recuerdo también el deseo, el ANSIA, ese sentimiento tan mío igualmente. Y tan grande en ese momento, que el miedo era su única limitación. Y la mía propia. Al cabo de un rato, tras haber dado el paso de intentarlo, me sentía LIBRE. Probablemente, más libre de lo que nunca me haya vuelto a sentir desde entonces.

En fin, pues ese es mi primer-recuerdo-con-fecha: con apenas dos años empujar la cuna hasta la casita de escayola y ponerme de pie sobre el borde, encaramado a la pared en un precario equilibrio.
Lo tengo claro, no sé en qué pensaba cuando nací (seguramente algo muy simple...) pero sí sé cuál fue la primera experiencia intensa que mi mente quiso retener. Mi primer deseo consciente más allá de necesidades púramente fisiológicas. Mi primer proyecto, reacción a un estímulo pero no refleja, no inmediata, sino muy meditada. Tener un propósito e ir a por él.

Ahora echo la vista atrás y veo lo que la vida ha hecho conmigo y yo con ella y empiezo a vislumbrar un nuevo proyecto, pero esta vez para mi... Quiero recuperar aquel bebé.
Recuperarme en él, inocente y valientemente. Recuperar su espontaneidad, su libertad, su audacia... Apasionar las cosas, como Freddie Mercury. Ser capaz de dejarme llevar como alguna vez lo hice, de seguir mis impulsos aun cuando sienta miedo, de no dejar que me paralice. Porque desde entonces, pocas veces he vuelto a tener el impulso de hacer algo así ni el valor de hacerlo después de haberlo meditado e incluso firmemente decidido.
Pero por qué tendría que poder, si después de todo ya soy un viejo calvo y curtido, me ha dado tiempo de ver cómo crecía mi pelo y hasta de volverlo a perder. A lo peor ya no puedo cambiar. Pero sé que, en alguna parte, también soy ese bebé que arrastró la cuna.

De todas formas... me pregunto, si tan buena memoria dicen que tengo, por qué es tan celosa de este pequeño tesoro. En serio, las decepciones nunca las olvido y especialmente si son conmigo mismo (las más de las veces, por otra parte). ¿Por qué demonios habría de olvidar las cosas buenas? ¿Por qué la memoria no se prodiga más en traerme recuerdos así?
Quizás es que hay momentos tan mágicos que, de pura soberbia, prefieren pasar y no dejar apenas rastros.

Como aquella vez hace cinco años en que mi sobrina Sara me dirigió por segundos una pose rapera con la que parecía felicitarme por haberme ocupado tan bien de su caca-regalo-sorpresa matutina antes de llevarla a la guarde. O Aquella otra vez que su hermana Miriam, con dos años y medio, estaba en el parque jugando con un pompero y en cuestión de minutos se convirtió en el alma de la fiesta, sin perder ni aún así una pizca de su aplomo.
Cito esos dos momentos en particular porque, en ambos casos, estaba tan fascinado viviendo la situación que... ni me acordé de sacar el móvil y echar alguna foto.
Pero con todo estoy seguro de que nunca los olvidaré.



--- EPISODIO VI: La cuestión trascendental ---
(Día Trescientos cincuenta y siete, veintitrés de diciembre de 2017.)

- ¡Atención, atención! ¡Paren las rotativas! ¡Me ha llegado un soplo clandestino sobre la próxima extravagante felicitación navideña del chiflao este! Que digaaaa, del ColegadelaVega™ ©2007.

- ¡Ostias! Me parece bien, pero... ¡cambia la línea de apertura, que esa ya está pillada!

- Vaya hombre, no me jodas... Bueno, está claro que tenemos algunos fallos de Producción pero bueno, eso es secundario, ya lo cuadraremos en la reunón de mañana. La cuestión es, dime, cada año cuando estás esperando la siguiente, ¿qué es lo que te causa más expectación?

- Pues no sé... y oye, shhhhh, baja el tono que igual nos oyen y hay que procurar no espoilear así que cuidado con lo que cuentas. Y en fin, lo que más me suele intrigar es... ¿el argumento? ¿la moraleja? ¿la evolución respecto a las anteriores? ¿los chistes y el absurdo en general? O tal vez...¿a que va a ser el título?

- Sí señor, ahí le has dado. ¿Qué has oído al respecto?

- Pues creo que se había chismorreado algo sobre un partido de fútbol o algo así, ¿no?. Lo de que por lo visto todo el texto iba a seguir una estructura parecida, que iba a estar plagada de símiles, paralelismos, sutiles alusiones y todo eso... ¿A eso te refieres?

- Bueno, sí, pero no sólo era eso... El título al que te refieres es La partita di pallone y se había pensado para lo que tu dices, y también como un homenaje musical. Ya sabes, la canción de Rita Pavone, incluso por aquello de que en español la cantaba Gelu, que es granaína... además está el tema de que esta es la número once, así que con ella se simboliza que el Colega ya tiene el equipo completo jejeje. Pero tío...

- ¿Qué?

- Es que resulta que...

- ¿¿¿Qué???

- Que estaba la otra noche el Colega andando p'al estadio a ver el partido contra el Sporting y pensando que, después de todo, ese título está bien pero que a lo mejor no conecta del todo con la idea que al final tiene, que no es redondo... ya sabes lo perfeccionista que se pone. Total, que está insatisfecho. Le está dando vueltas a todo en general e inclusive no descarta buscar un nombre mejor

- Bueno, entonces ¿el otro ya no va con el argumento? Pero ¿qué es lo que ha cambiado exactamente? O a ver si al final no va a ser como habían dicho...

- Mira, ¿sabes esa sensación agridulce que se te quedó después de ver el Episodio VII de Star Wars? Como de que "bueeeeno, se parece a lo que esperaba pero no es lo que real y profundamente deseaba"... Pues por lo visto, el Colega ya ha asumido que es imposible evitar el segundo efecto y se está concentrando a toda costa en esquivar el primero. Es decir, que por lo visto se lo va a cargar todo, quiere romper esquemas, saltar una barrera, o una página o yo qué sé qué, quién sabe, dar consejos que sean útiles, incluso, o dar paso a algo nuevo que le permita por una vez haber empezado las historias que termina... Según dicen el plan es un verdadero caos e incluye sí o sí lo de encontrar el nombre mejor.

- ¿Así? ¿En plan superlativo?

- Exacto... piénsalo, un nombre mejor puede estar bien pero si de verdad va a ser algo de rollo conceptual lo suyo es dar con EL nombre mejor, el que realmente tié que ser, ¿no?. De todas formas el debate entre ambas posturas sigue ahí, sobre la mesa, pero no me negarás que por el solo hecho de buscarlo y replantearlo, el título que saques de ahí va a ser más adecuado...

- Hombre, eso está claro. Sea como sea, este título es mejor.

- Pues eso. Además, por la música que le sonaba por los auris en esos momentos, intuyo que el nombre va a tener inspiración musical también... Concretamente, yo diría que va a sonar a todo lo que te he dicho antes y también a Counting Crows Round Here, The right kind of wrong, mägnoliä Dependencia...

- Hombre, menos mal, a ver si no se va a copiar otra vez de la de Star Wars de turno, que habíamos quedado en que esto no era otra franquicia de
LucasFilms Ltd. o eso se suponía según el prólogo de la novena...

- Bueno, oye, me tengo que ir. De esto que te estoy contando, ni una palabra a nadie, ¿vale? Hasta que no la haya visto todo el mundo, que luego arruinamos el final y todo.

- Vale, cuenta conmigo.

- Además todavía no hay nada seguro, ¿eh? Ah mira, y otra cosa, ¿qué te parece si todos los posibles nombres que han ido saliendo los vamos apuntando en negrita? Total, cualquiera de ellos puede caer y luego se nos olvida y cuando lo contamos no nos creen...

- Jajaja venga, perfecto. ¡Hasta mañana!




--- EPISODIO I: El comienzo original ---
(Día uno, uno de enero de 2017.)

Querida Felicitación Navideña y queridas personas que leéis... Sí, esta es realmente la noche del uno de enero de dos mil diecisiete.
Al comenzar este año he decidido darle otra vuelta de tuerca al que fuera calificado por no poca gente como mi "resumen del año", ya que en tanto que tal quién sabe si no podría yo... escribirla en riguroso directo, mientras todo vaya pasando.
Y aquí me tenéis, escribiéndola.

Así pues, en una serie de sesiones por determinar en fecha y cantidad, iré completando este texto de manera que cuando hayan pasado esos trescientos cincuenta y ocho días hasta el insigne veinticuatro de diciembre en que publique esto, habré alcanzado al menos un par de logros.
Primero, celebrar que he llegado vivo a completar un nuevo ciclo sin que me haya caído un tiesto en la cabeza. Porque si no, no me estarías leyendo. Por cierto, esto demuestra tú también vives... enhorabuena, to'l mundo contento. ¡Hay que dar gracias cada día!
Segundo, ¡poder darme mi ansiado paseo de tal día por la tarde! Ya que cuando llegue el momento tendré el trabajo prácticamente hecho.
Tercero, escribir con un poquito más de continuidad, si no regularidad. Me he propuesto mantener el máximo rigor posible.
Y cuarto, aprender a contar.

Me diréis que es un recurso un poco tramposo por mi parte... Sí, puede ser, pero reconoceréis que como desafío puede ser apasionante y, desde luego, MUY complicado. A saber, no tengo ni idea de lo que me va a pasar durante el año y tampoco sé de qué voy a querer escribir, o qué voy a querer decir dentro de dos, cuatro u once meses, por ejemplo.
Pero todo lo tendré que presentar como un único texto así que, ¿cómo demonios voy a cohesionarlo? ¿Cómo se supone que voy a hacer que tenga sentido? Y más aún, ¿cómo lo haré si, habiéndome propuesto ser totalmente riguroso, tendré prohibido modificar ni una coma de lo ya escrito, salvo por aspectos púramente formales o estilísticos? ¿Cómo, si mi percepción de lo que yo mismo haya expresado puede cambiar tanto de un momento a otro?

Sencillamente, no puedo saberlo. Ahora estamos en enero y lo único que tienen en común tu momento y el mío es que hace un frío del carajo. Pero será tal vez por lo bien que ha empezado este año y lo bien que me lo he pasado en una Nochevieja en que por fin he vuelto a salir tres años después (...y la última vez que lo hice, dio pie al año que indiscutiblemente cambió mi vida) (¿quién dijo que no soy supersticioso?), que me pareció una buena idea averiguarlo mientras voy descubriendo lo que el destino me depara y lo que le deparo yo a él, esperando además que ser valiente con esto me ayude a encontrar valor para otras cosas de camino.

¿Me acompañas?



--- EPISODIO II: El contragolpe de la problemática ---
(Día ciento ochenta y dos, uno de julio de 2017.)

Sí. Lo sé. Ahorraos los comentarios. Esto no ha funcionado; ha pasado la mitad del año y no he contado nada. A continuación reuniré al Consejo directivo y realizaremos una sesión de brainstorming en aras de efectuar una propuesta de motivos medianamente digna, a saber:
1- Se me ha pasado el tiempo volando,
2- No me ha pasado nada verdaderamente extraordinario,
3- Soy un flojo redomado.
Bien, nos han salido tres. Elige el que prefieras de entre los que doy, o haz una amalgama entre varios.

Y te preguntarás... ¿por qué volver ahora?
La cuestión es que esta tarde, cuando debía estar echando la siesta, me dediqué a leer un relato que me encandiló y que me ha animado a coger el boli hoy mismo, ya que cuanto más siguiera esperando sin descartarlo definitivamente, más me remordería la conciencia.
Por cierto, el relato se llama El Sacramento del Exilio y es de lo más genial que me he leído en mi vida. Me ahorraré mencionar que la autora es prima mía, por si pudiérais pensar que algo así alteraría mi objetividad e imparcialidad... Después de todo, ha ganado el primer premio en un certamen internacional de relatos.
Qué, a que os acabo de callar la boca, ¿eh? ¿Sí, o qué?

Pero vayamos por partes.
La prioridad ahora mismo es asentar unas reglas para este desmadre sin sentido que quise emprender este uno de enero y en cuyo primer capítulo, según lo releo ahora, yo diría que todo quedó bastante en el aire.
La primera regla es que a cada ocasión debo escribir a mano y del tirón, en una sola tacada. No vale dejarlo y retomarlo en otro momento del día, salvo impedimento categórico.
La segunda es que, una vez que un fragmento esté escrito, no podré modificarlo en cuanto a su fondo, contenido o aspectos esenciales más allá de las cuarenta y ocho horas siguientes a su escritura.
Y la tercera es que no necesito más reglas por ahora.

Bastante complicado va a ser esto de por sí, cuando en tanto tiempo apenas lo he empezado y contar, lo que se dice contar, aún no he contado nada.
Renace ahora, no obstante, una chispa de curiosidad proactiva por saber a dónde llegará este invento si es que llega a alguna parte, pero antes de nada creo que procede volver sobre los propios pasos y ver de dónde venía para tratar de ver a dónde quería o podría ir. En mi relectura del Episodio inicial hallo severo diagnóstico de mi indolencia. Está claro: ¡No he sido suficientemente valiente!
Era un propósito, y lo dije. No me he retroalimentado y al quedarme con las ganas de una cosa, acabo aceptando esa misma hambre en todo lo demás. Escribir no es decir "soy capaz", sino demostrarlo y ahí estaba el empujón necesario para la confianza y seguridad que tan normal es que me falten.

Pero entonces, qué ha pasado. A mis casi treinta y cinco años y después de tres seguidos con el mismo trabajo y en el mismo hogar, que por otra parte es el de siempre... ¿me he acomodado? Con las ganas y necesidad de salir que tengo desde hace ya un tiempo, tal vez he pensado que iba a ir todo rodado desde el abril mágico, con eso y con otras cosas.

La voluntad la tengo, pero tal vez no he peleado suficiente. Tal vez no he consolidado ese punto de ambición que ya es lo único que puede cambiar mi vida. Sin contar la quiniela, claro.
¿Ha habido acaso un vacío de Colega en este doh mil diesisiete? De verdad, ¿no he vivido experiencias epifánicas ni metamórficas ningunas? Bueno, tampoco es eso y supongo que en futuras comparecencias os podré contar algo de mis hallazgos musicales, mis carreras por el centro de la ciudad a la medianoche, mi recién relanzada trayectoria como cantante (risas), mi indignación intermitente con la realidad y, en general, mi cotidiano choque suave con el mundo.

Porque todo eso lo he vivido y no me ha dejado igual. Me sugiere ideas, reflexiones, ladrillos y callejones sin salida que, seguro, habrá alguna forma de expresar por escrito en lenguaje terrícola.
Espero poder ir descubriéndolo mientras os lo voy contando... Con vuestro permiso, me voy a tomar esto un poco como un nuevo comienzo desde cero. Me diréis que podría, realmente, haber empezado de nuevo y escribir la Felicitación en sesiones más regulares de aquí a Nochebuena... Pero ante la perspectiva de los seis meses restantes y desde mi convicción de que lo mejor está por llegar, ya lo veréis, ya lo verás, Diego, pensé que ese mejor hay que buscarlo un poco, sin renegar de lo pasado sino al contrario, dejándolo bien patente con espíritu de autenticidad hiperrealista. Para que se note claramente cómo ha ido pasando todo y cualquier antes y después que uno pueda experimentar o, mejor aún, generar.

Como ya he dicho, no tengo ni idea de a dónde va a llegar esto, ni yo con ello.
Pero si de verdad va a salir de aquí una de mis famosas Felicitaciones Navideñas... está claro que no puede ser sino apoteósica. Y no me lo pienso perder por nada del mundo.



--- EPISODIO III: La leyenda del amanecer del retorno de la decisión de la justicia en el fin del mundo tras las sombras de la oscuridad final en la guerra total, etc, etc* ---
(Día doscientos noventa y siete, veinticuatro de octubre de 2017.)
*(Todavía no la has visto, pero te garantizo que de aquí a 2.020 la tienes en cartelera)


...Pues claro que me da cargo de conciencia dar comienzo a este fragmento exactamente con la misma idea que el anterior. Pero qué remedio.
En fin, para no repetirme mucho voy a dejar que lluevan libremente las hipótesis y consideraciones que en algún grado puedan fundamentar este bloqueo mental y dactilar, este 'not funcionation' que no me deja ni encontrar la manera de terminar la frase.
Ya sabéis -o podríais saber- que me gustan las progresiones, así que voy a empezar suavón y poco a poco ir metiendo más el bisturí. Ahí va: soy perezoso. Mucha gente lo dice, mucha gente lo piensa, no sé si exactamente la misma gente, supongo que sí, y... en fin, hasta yo mismo considero que esta condición forma parte del núcleo duro de mi persona así que me vais a permitir que no haga debate de esto. Simplemente es un buey con el que hay que arar, que para colmo soy yo mismo, y puesto que en anteriores episodios del 'ColegadelaVega™ intentando hacer lo que quiera que sea' (©1982) este impedimento se ha revelado no-categórico, asumiremos que como tal continúa.

Otra cosa que posiblemente también sabéis es que... coño, mi vida es monótona. Y tal vez estoy demasiado concentrado en sobrellevar eso y, a veces, intentar cambiarlo (en constante y épica lucha, aunque no lo parezca), como para que me quede chispa y energías que destinar a esta otra quimera.
Y si uno quiere escribir, se supone que tiene que tener ALGO sobre lo que escribir... Y si uno lo que hace es desatar sus propias tribulaciones, pues a uno tienen que pasarle cosas que poder contar... teóricamente... aunque ¡bah!, llevo tanto tiempo poniendo esto en cuestión y quién sabe si desbaratándolo, que lo reduciré a obstáculo igualmente salvable.

A lo mejor tengo que rendirme a la evidencia de que esto es directamente imposible. Que intento hacer algo que, sencillamente, no se puede hacer.
No soy físico pero, hasta donde yo sé, Imposible sólo juega en el campo de la materialidad, dejando lo intangible al abrigo de su totalitaria carga. Así que, por mi propia incertidumbre y ante mi incapacidad para validar o refutar este argumento en mi contra, me declaro incompetente y me inhibo de incidir más en el asunto, todo él.

Entonces, ¿qué es lo que pasa? No sé... Y si tal vez eso, el no saber, es precisamente el problema.
Qué es lo que quiero decir, lo que me gustaría escribir... Difícil dilucidarlo cuando intento situarme en dos momentos. Hacerlos paralelos. Encontrar el camino entre las mil ideas que hoy se entrecruzan en mi mente, agolpándose a las puertas, y el total desconocimiento de lo que va a pasar mañana (...aunque probablemente nada).
Abrumado por el vértigo de tener que inventarme el futuro, atrapado en el túnel del tiempo entre aquel 24 de diciembre que será y este otro veinticuatro pesimista y gris, por todos los rincones buscando el parentesco entre lo que querría escribir entonces y lo que no merece la pena que leáis ahora.

Porque, qué sería bonito leescribir en diciembre...



Por ejemplo, que todo se arregló. Que nada era para tanto. Que todo el mundo habla con todo el mundo, dentro y fuera de la concha, de la mía y de la respectiva de cada cual en cada rincón del mundo. Que por una vez las palabras se usaron para unir más que separar... ¿Sí o qué?

Que me han sacado del congelador; que después de tan larga sequía, pasó algo que ambas partes queríamos cuando ya pensaba que no iba a volver allí en la vida. Porque estaba en ese punto exacto de mi mente en que 'si no vuelvo ya, con mis tres y media, no vuelvo nunca'... no, espera... bueno, eso es más bien el ahora. No perdamos el norte, que iba bien.

Que he dejado de perder el tiempo, sí. Porque ella siempre se va sin haber terminado de venir cuando ya he perdido por perder tiempo. Es que intento que la música me ayude, y por eso me verás siempre quitarme los cascos. Y las pieles, si quieres...
Que lo que quiero es acostarme contigo, dormir contigo... pero en el hasta ahora siempre rompo antes de construir. Que llego a la etapa del despecho sáltandome todo lo anterior. Y que estaba tan pelea'o con la vida que aunque tú o -quién sabe- quisieras, yo mismo sería el escollo último e insalvable para que ocurra...

Mierda, otra vez no, esto es lo que escribiría hoy, no lo que querría para entonces. Tengo que pensarlo bien, decirlo, para que parezca que tengo un plan. Pero decirlo ambiguo, intederminado, como una puerta abierta que no deja ver lo que hay detrás... Eso es. Y que sea mi Constitución. Y mi ruido de sables, la realidad y los años que me pisan los talones.
Que tal vez soy ese equipo que, aunque merece la victoria, no ha creado peligro hasta que el crono alcanza el minuto ochenta con empate a cero. Y entonces le llegan por primera vez en todo el partido y le meten un gol tonto. Por su propia culpa... Pero no. Quiero que este diciembre aún sea el minuto ochenta y cinco.

Así que nada de qué pena que no fui capaz de decirte lo mucho que me gustabas ni con una vitrina entre los dos que impedía que me oyeras. Ni tampoco nada de maldito sea el estúpido cariño, aunque no entienda otra cosa esta sonrisa que ha adquirido forma de cicatriz, así decía la canción, aunque ya no sé si era al revés (porque al cabo, ¿qué fue antes?)...
Sí tengo permiso, y me gustaría decir que no necesito más que un buen rato y unas partidas con mis amigos, y amigas. Y hasta eso podría ser casi cierto, porque después de mis sobrinas es mi definición más conocida de felicidad. Pero el casi... es pétreo. No hay quien lo mueva.
Y paso demasiados días que tendrían que ser perfectos pero en el fondo, para mis adentros, todo es estúpido porque falta una pieza del puzle. O es sábado y regreso a casa antes de tiempo por falta de estímulo y preguntándome cuándo empieza el resto de mi vida.

Pero estoy tomando otra vez el mal camino... Seamos constructivos, Colega. Aunque sea una persona siempre sola y que nunca estuvo hecha para eso, la otra ciudad y mi casa me están esperando y tarde lo que tarde no se van a mover de donde están. Y yo, cada vez más cerca. Todo lo demás irá y vendrá o volverá de la misma u otra forma y yo seguiré viéndolo pasar, soñándolo y, de vez en cuando, montándome.
Que las cervezas son como las decepciones. No importa cuántas te hayas bebido o si alguna vez dices que ya te has hartado, que se acabó. Porque pasado un tiempo siempre querrás más.

Al menos, por lo que a mí respecta, lo garantizo. Y hay otra cosa que garantizo universalmente, atemporalmente y sin fecha de prescripción mientras me quede vida: seguiré viviendo para llevarle la contraria a mi espalda, y a mi cuenta bancaria.
Para todo lo demás, escribirlo es hacer que pase. O eso al menos es lo que trato de poner a prueba. Pero esto está pasando, pasará y... lo escribo.

Y en realidad no lo sabéis, me he quitado un gran peso de encima, o me lo estoy quitando más bien. Porque es de los de quitarse a diario, sin parar. Y NO, no es ninguno de los que estáis pensando. Aunque alguno de esos... también. Como por ejemplo, que se me ha ocurrido un más que posible título para esta Felicitación mientras escribía este fragmento. Ya veremos lo que pasa al final.
Entretanto sólo necesitaba un pequeño shock, algo inflamable . Como los Biffy Clyro. Ante la carencia del que me gustaría, por ahora me quedo con este de mi propia cosecha. Por AHORA, esta vez sí.



--- EPISODIO VII: El retorno siempre fue desde lo oscuro hasta la luz en realidad. ---
(Día Trescientos cincuenta y ocho, veinticuatro de diciembre de 2017.)

"Transmite lo que has aprendido. Fuerza, coraje, sabiduría, pero también debilidad, fracaso... sí, sobre todo eso, fracaso. Ya que el mejor maestro, el fracaso es."

Bien, pues aquí estamos. Son apenas las cinco y pico de la tarde y esta Felicitación, por una vez... ya casi está lista jajaja. Sólo falta el final...¿Cómo es posible?
Bueno, como es natural acabo de hacer una revisión general de todo, de paso que lo mecanografiaba. No tengo ni idea de cómo he llegado hasta aquí pero el caso es que el conjunto... tiene su cosilla, oye.
Y estoy contento por eso. Y porque he cumplido (casi) siempre mis normas. No todo ha sido manuscrito, desde luego, pero me he portado bien respecto a lo de los tiempos y no retocar el texto.
Y también estoy triste porque, realmente, no he alcanzado mis aspiraciones de fondo. Más en la vida que en el texto, pero justamente se trataba de que lo uno sería reflejo de lo otro.

Pero sobre todo, en el aspecto formal, estoy desconcertado porque... ¿¿cómo demonios he llegado hasta aquí?? Me recuerdo hace una década: sólo quería felicitar la Navidad, adornándolo con un poco de filosofía personal. Y todo eso que ya dije la última vez, sí... pero con el paso de los años esto ha cobrabo vida propia.
Así, a cada vez la responsabilidad me acaba pesando un poco, quizá demasiado, y el convertir el medio en un fin en sí mismo me hace perder un poco el norte. Desde el punto de vista técnico, es imposible saber qué pretendía al principio, si es que acaso pretendía algo. Claro que por otra parte, además de respirar y mamar, ¿quién nació pretendiendo algo en esta vida?
Quien me conoce sabe que no soy de hacer planes. Y que no me planteo muchas metas en esta vida, desde luego. "Persigue tus sueños hasta que se cumplan", que dicen... Vale, pero ¿qué pasa si tu sueño es matar a millones de personas? No soy amigo de odiseas ni cruzadas, en cambio... ¿sabéis una cosa que sí me gusta? Seguramente no sorprenda a nadie: me gustan los partidos de fútbol .

Un partido no termina hasta que el árbitro pita. Si el resultado te es desfavorable, siempre puedes remontarlo... o siempre que mantengas la esperanza o el coraje, vaya. Y si vas ganando, no debes descuidarte porque en un segundo puedes perder aquello por lo que has peleado noventa minutos. Así que tienes que mantener la constancia.
Demasiadas veces he visto a demasiada gente -y a mí mismo, por qué no- abandonar antes de tiempo, cuando el esfuerzo no fructificaba en alegrías prontas y tangibles. Cuando la tentación de desdeñar todo el trabajo hecho y enterrarlo bajo llave, era demasiado poderosa. Rápida, fácil, seductora...

Personalmente, no me gustan los minutos de gloria. La euforia pasajera, lo nuevo y sorprendente que reemplaza de un fogonazo a lo anterior. No cuando te hace perder de vista lo que ya tenías. Aunque haya fallado alguna vez, yo soy de los que se quedan. Quien lo sabe, lo sabe y quien quiere saberlo, lo puede saber.
Gracias a eso, puedo encontrarme con gente que conocí hace lo más grande y que no nos salga sino sonreír y darnos un abrazo. Me gusta que la otra persona ya me lo esté dando cuando yo apenas me voy acordando de quién era. Y me gusta el hecho de conocer en persona a la inmensa mayoría de mis contactos en las redes sociales.
Seguramente no sé aprovechar "mi momento" y me aburro mucho más por culpa de eso. Pero me gusto más así. Algo estaré haciendo bien, quién sabe.
Y por supuesto que para estar donde estoy y ser quien soy en este punto, he cometido muchos errores y otros muchos, he cometido el error de no cometerlos. Especialmente de esto último, culpable y reincidente, señoría.



De todas formas ahora, a toro pasado y sólo por mera curiosidad... pregunto: ¿A todos los que le dan las mismas vueltas a la cabeza les pasa tan frecuentemente decirse a sí mismo "seré gilipollas", cada vez que recuerdan un momento en que podrían haber hecho OTRA cosa? ¿ALGUNA cosa? O será sólo mi síndrome personal, ya...

Por eso me gusta la idea de la canción de Rita Pavone y Gelu. Es decir, no me gusta la canción porque lo que me gusta es jugar el partido. Y me gusta porque soy un corredor de fondo. Mientras rueda el balón aún puedes hacer algo. Y yo nunca ganaré un Balón de Oro, pero ten por seguro que estaré jugando hasta que me tengan que dar el Bastón de Oro.
Mientras el árbitro no pite, hay partido, y esta felicitación ha llegado al minuto 85 perdiendo. Pero puede ser imprevisible, como un partido y como la vida misma. Y mientras alguien viene y me hace el favor de explicarme la mía y por qué tantas veces consigo exactamente lo contrario de lo que pretendo, me acuerdo de una de las últimas películas que he visto.
Una película también impredecible, aunque curiosamente eso yo ya lo esperaba. Y no debe ser de otra manera. Por ejemplo: estoy seguro de que ni aún los propios guionistas de Disney/LucasFilms saben cuánto hay o no de literal cuando ponen los títulos que ponen. ¡En la vida misma está el misterio!

Ahora lo sé: cuando empecé con esto estaba entre el "ya no me aguanto más" y el "podría seguir toda la vida así". Pero bueno, vivir con el "estoy seguro de que sí" o "de que no", es fácil. Es todo lo que mucha gente desea.
El "cabe la posibilidad de..." o directamente el "no tengo ni puta idea de lo que está pasando ni de lo que estoy haciendo", ese, ESE es el modo experto. Yo necesitaba un poco más de incertidumbre en ese momento... Y ahora vuelvo a necesitarla.

Y por eso, esta Felicitación imposible que para nada ha logrado aquello que era su razón de ser pero aún así ha conseguido ver la luz, me da la oportunidad de ver que se puede luchar por otras cosas que también parecen imposibles a priori. ¡Ah! Y como siempre, también es una ocasión para regalar un puñado de canciones para quien las quiera. A mí, es uno de los regalos que más me gusta que me hagan.
Ya ves, y pensar que estuve a punto de optar por hacer la historia de un tío que no sabía qué pollas escribir ni cómo y se le echaba el tiempo encima... Porque era imposible, claro. Y casi lo hago.

Ahora mismo no tengo ni idea de qué va a pasar después. Por mi voluntad y afán revolucionario, ¿llegaré, tal como sugiero, a acabar con todo y echarlo al fuego de una vez para siempre? ¿Acaso fuese para terminar con lo viejo y dar paso por fin a algo nuevo? ¿Y no es justo eso lo que lo que necesito? Pues oye, aquí hay kilos y Kilos de Tren... Ya sé que acabo de decir que no me gusta abandonar pero en todo caso, haga lo que haga, yo sí podré decir que lo he meditado sobradamente y que ha merecido la pena. A estas alturas, quién sabe si no seré capaz hasta de cambiar la posición de mis capítulos, o de dividirlos en trilogías para desordenarlas luego... Mientras estoy escribiendo esto, aún no lo sé. Fíjate que tú ya lo has comprobado así que, en cierto modo, lo sabes antes que yo.

Entretando, querido Yoda, yo también procuraré fracasar todas las veces necesarias y algunas más, hasta extraer alguna enseñanza. Cuando fracase otra vez lo volveré a contar y así quizás alguien pueda aprender algo de ello, quién sabe si yo mismo, incluso, un día. Mientras tanto, no sé si soy fabuloso, altruista o simplemente gilipollas. Probablemente no son atributos incompatibles.
Seré más formal, más consecuente, más pragmático... Iré al dentista. Aunque el mío, de toda la vida, murió hace diez años. ¿No lo recordáis? Ya lo dije justo entonces, en la primera. Pues todavía no he ido a otro dentista, oye...
Haré todo lo que tenga que hacer pero, mientras, no dejaré de tachar canciones de mi lista de Las tengo que cantar aunque sea una vez en la vida, aunque los guardaespaldas de U2 me saquen a patadas del escenario después de tres minutos y medio, que es todo lo que necesito. Y por cada una que tacho aparecen dos o tres más... ¿Veis? Mi carrera como cantante, al menos, sí es un propósito para 2017 que ha dejado de estar pendiente. Ya puedo tacharlo también.

Prometo que estaré a la altura de mi propio cumpleaños. Saldré a la calle y me sentiré libre como el pensamiento, o con él. "Libre como fuiste cuando empujaste la cuna por el pasillo y te subiste al borde de la cuna, Colega, porque sólo el miedo podía frenarte. Libre como has vuelto a ser para escribir. Libre para hacer tu película."


Si algo de lo que me propongo os ha gustado, os deseo exactamente lo mismo a vosotres. Mientras tanto, tomaos un respiro estas Fiestas, disfrutadlas con lo que y los quienes queráis y, por favor, ¡¡no le deis tantas vueltas a la cabeza como yo!! Jajajaja.

Yo, con mi testaruda convicción de que somos algo más que sangre, piel y hueso. Que como mínimo somos lo que hacemos. Y lo que queremos y pensamos, aunque nadie más lo sepa.

Yo que pensé demasiado, hasta lo obsesivo, en una persona, quizás, pensando que era la respuesta. Queriéndo que fuera. Pensando que era la felicidad al alcance de mi mano. Y me equivoqué.
Yo que pensé demasiado en otra persona. Cuando la persona en quien debía pensar... era yo.




Gracias a quienes estáis ahí, por estar. Tanto si lo leéis como si no, ya sabéis quiénes sois.

A quien, o
quienes, queriendo o sin querer me hicieron rescatar una ilusión que ya creía enterrada por el tedio de los años, aunque no lo diga, también lo agradezco. Y sí, yo también creo que debería haber hecho algo más con ella.
Pero en la misma primavera sentirme veinte años más viejo pero también veinte años más joven por momentos... no tiene precio.

Al final no he logrado terminar una de estas felicitaciones sin mi clásica postdata. Pero algún día, ojalá...
Mientras tanto, seguiré caminando. Y escribiendo... Que, como veis, uno nunca lo deja del todo.