¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

viernes, 24 de diciembre de 2021

Semifinal

Es un otoño gris y decadente. 
 
Camino por las calles tan deprisa como puedo; una serie de lesiones diversas que apenas comienzan no me permiten correr en este momento, pero aún sigo en forma. Voy a visitar a un par de viejos conocidos.


Sigue habiendo música cada jueves, o eso quisiera pero tengo que descansar varias sesiones porque mi garganta y voz se están resintiendo, y así cuando pueda ir estaré en condiciones de darlo todo. Aunque quizás no me dosificaría tanto de haber sabido que se va a acabar.

La selección española ha caído en octavos del Mundial contra la anfitriona, Rusia, después de una triste tanda de penaltis que colmó un camino invicto pero al cabo, insípido. En la dicotomía triunfo absoluto / eliminación anodina, parece que nos hemos vuelto a mudar al barrio más ingrato. A veces creo que la gente no está dispuesta a admitir que no siempre se gana.
Y aquí, un gallego que es tocayo mío, y ya es casualidad, se acaba de instalar en la ciudad y apenas nadie lo conoce. Pero cuando haya tenido tiempo suficiente para vivir el sueño que a mí pertenecía, ya nadie podrá olvidar su nombre en esta tierra.

Después de once ediciones consecutivas, esta va a ser la primera Navidad en que no escriba mi felicitación. Está decidido desde un año antes, cuando escribí La Última, que está en mayúsculas porque ese es su nombre, evidentemente. No obstante, pensaré alguna alternativa para suavizar el golpe.

Y puedes preguntarte qué tiene que ver todo esto consigo mismo todo ello. Si te respondo que un planeta es redondo como un balón te vas a quedar igual así que te propongo seguir leyendo porque, aviso, es la única forma de averiguarlo. Si cabe.


Camino deprisa. Voy a los sitios, espero encontrarme con alguien. A veces hasta sé que voy a ver a alguien. Y espero a que esa vez sí ocurra un milagro. Yo siempre esperándolo. Que se me ocurra esa genialidad que en un momento va a cambiarlo todo. Rara vez ha ocurrido antes, y ya nunca ocurre, ni siquiera jugando en casa.
Habría que asumir que la historia del niño que empujó la cuna es pura prehistoria. Soy un caracol que no es de nadie; ser un caracol en libertad puede tener sus ventajas pero quizás no es lo que quería. En fin, tampoco soy capaz de más.


Va a ser la primera Navidad sin felicitación pero, a cambio y para facilitar la transición, escribiré una especie de cuento inspirado en una historia que sabía mi abuela. Será para mí algo nuevo, o que en todo caso llevaba mucho, mucho tiempo sin hacer. 
Por todo lo que implica, espero y deseo que tenga una buena repercursión; finalmente pasará casi desapercibido y aunque otras veces eso no me importaba demasiado, en esta ocasión supondrá un golpe más duro de lo que habría podido prever.

Sin darme cuenta, libre, independiente y autosuficiente de mí, parece que todo lo que me rodea va a resultar más importante de lo que pensaba. No soy tan ajeno a las ajenas acciones como creí, necesito de los demás para ser yo y no lo entiendo. Quizás me falta algo y he estado tapando ese hueco con un parche, epidérmicamente, y ahora no sé qué hacer con él. Todo el mundo necesita ayuda de vez en cuando y quizás yo también, pero no sé cómo pedirla. Y tampoco sé hasta qué punto -o en qué momento- estaré dispuesto a recibirla.

Así que visitaré al señor Megamillonario y después, ya que encarta, al señor Pac-man. Son viejos conocidos y con ellos me siento cómodo, seguro. Se portarán bien conmigo, las piezas encajarían, sí... pero soy yo el que montará una escena en sus salones porque, parece, ya no son suficientes para mí. Rabiaré, patalearé, reventaré muebles y persianas a patadas en lo que parece una mala tarde porque mi eterna y difusa fantasía integral, sea cual fuere, no se realiza.

Pero es mi propia casa la que estoy destrozando.


Es mi casa, y ha sido fácil. Quedan muebles, tabiques, postes de carga... Veremos cuál será mi próxima diana y si resistirá mis embestidas.
En un par de meses se me quedará pequeña esta cancha, así que voy a comprarme una nave espacial y a comenzar esta nueva aventura. Visitaré un sin fin de planetas refulgentes, titilantes y con alegres soniquetes, me zambulliré profundo, se me olvidará cómo volver. Y todo ello sin salir de mi casa materialmente gris.
 
Se me da muy bien opinar de cuitas ajenas, pero esta vez el problema lo tengo yo y eso me descoloca. Me han provocado. Me HE provocado. Y he respondido. Como un Marty Mcfly al que llamaran gallina, ¿lo recuerdas? Bien, pues... exactamente igual.

Me gustaría no hacerlo pero ya sé positivamente que lo voy a hacer. Quizás es legítimo, quizás lo ponen para eso, quizá está hecho para mí, quizás con la mochila que traigo ya estaba tardando, quizás no hay otro camino o ya no soy capaz de seguirlo. Pero me va a quitar mi propiedad más importante.
 
Además de bastante dinero, claro.


Me pregunto en qué demonios piensan tantos cuando reaccionan por tal o cual resultado deportivo que, por lo visto, les decepciona. Más que criticar, exigen, reclaman, cual acreedores bancarios, por todo lo que habían puesto en juego. O en su cabeza, cada uno, al menos; ahí estarán sus motivos, sí, claro.
Maniqueamente parece que sólo entienden del todo o nada. Del número uno o el cero, que es cualquier otro que no sea el uno final, sin importar todo lo que haya pasado por el camino. Es verdad que parece que nos hemos acostumbrado al contraste entre el triunfo y el puesto vulgar (que tampoco valoramos), pero el día que terminemos cerca de la cumbre sin llegar a coronarla, no sé si lo vamos a entender.

En cambio yo, que siempre, siempre he criticado eso, en el ejercicio de mi libertad de elección voy a abandonarlo todo sin irme a ninguna parte y a meterme en un túnel pensando que tiene un final dorado aunque yo no lo vea, y según lo vaya recorriendo iré renunciando a esa libertad de elección que siempre, siempre he defendido. 
Porque así es el túnel y claro, no puedo imaginar todo lo que va a pasar de antemano antes de entrar, pero... y si ya casi que sí lo sé. El caso es que lo voy a hacer sin entenderlo y sin necesidad de entenderlo... Me pregunto en qué demonios voy a estar pensando. 

Los "qué habría pasado sí", se van a volver más constantes y acojonantes a medida que pase el tiempo. Y las hipótesis malas irán desapareciendo mientras que las buenas se volverán hegemónicas, para recordarme a martillazos cada uno de los desastres que, progresivamente, voy acumulando y que nadie conocerá hasta que los haya reparado o mejor aún, si es posible, nunca. 

No será difícil para mí ocultarlo, acostumbrado como estoy a soslayar y a poner siempre buena cara. Soy persistente; he dicho otras veces "volveré" y he vuelto. A todo tipo de lugares. En este caso, cuando esté dispuesto a decir "no volveré" ya será demasiado tarde porque seguiré volviendo sin remedio. 
Y en este mundo hay épica allí donde quieras encontrarla. Ya sabéis, If you're going through hell... keep going. Así que, cual Gary Cooper, con mis botas y mi estrella de sheriff seré el mismo cobarde de siempre entrando por la puerta grande al pueblo de los cobardes para enfrentarme en el duelo final. Porque m'arrencanta la épica.


Y en realidad, seguramente tendré muy buenos motivos. Estarán desde el principio o irán apareciendo. Desde la espalda que me reventará como nunca antes en la tarde del segundo sábado del año hasta el comentario innecesario de cualquiera a quien prefiera no contestar porque crea que no vale la pena. 
Me he descuidado con el tiempo, me he quemado un poco... Hay cosas que están pasando a mi alrededor, que no son mi culpa, decisiones y conductas ajenas... Puede que me vayan a quemar un poco, también. Somos humanos y tenemos lazos, pero a mí me va a pillar a desprevenido. 
 
En algún grado traicionao por la vida, pensaré que merecía más y tendré razón, pero esta determinación no me va a ayudar a lograr esa diferencia. No voy a saber cómo y voy a tomar un mal camino que me va a llevar al destino opuesto.
Durante mucho tiempo, nadie me va a decir que no va a ser siempre así; a pesar de que yo se lo he dicho tantas veces a otros, cuando estaban en un aprieto o cuando lo he visto oportuno. Pero tampoco voy a prestarme a que me lo digan, así que me harán reproches que no podré asumir porque no habrá forma de que encajen en la realidad que estaré viviendo.

...Y todo esto se irá sucediendo, amontonando, en una cuesta abajo que durará veinte meses. Hasta que los desastres caigan por su propio peso. Hasta que por fin hablaré y alguien me lo dirá, que no tengo porque vivir de esta manera. Que he dejado de ser yo. Que puedo estar mejor, por mí mismo. Con ayuda, por supuesto, pero que no necesito ningún milagro ni nada que ocurra sin que lo haya provocado yo.

Poco después otra persona más me ofrecerá su apoyo incondicional, sin ofensa, sin letra pequeña, sin cara B. Y después... bueno, después aparecerán decenas de personas que han pasado por el mismo túnel que yo, que lo entienden y que estarán emprendiendo el mismo camino de vuelta. Así que, aunque mis pasos serán más míos que nunca, no estaré solo. Coño, espero ser capaz de llegar hasta ahí porque, la verdad... pinta bien.
 

Y como ya he anunciado, mientras dure esa cuesta abajo no querré que me vea nadie. Seré nocturno y alevoso. Pero en el fondo, ojalá que alguien omniscientemente escriba sobre mí algún día. Alguien indulgente, que sea capaz de contarlo sin atacarme llegado el momento aunque, joder, le haya afectado. Alguien decidido a conocerme bien a fondo y ser mi amigo. Eso podría significar que he vuelto o estoy volviendo, en lugar de irme del todo por el corredor que he conocido. O mejor aún, que estoy dirigiéndome a un tercer lugar en el que nunca he estado.

La cuesta arriba que sigue se hará, por momentos, MUY cuesta arriba. Porque yo tardo en todo. Corría una hora y ya difícilmente corro diez minutos... Como dice Achille en Vie Normale, la vida no da una segunda vuelta, y eso es otra metáfora.
En el regreso al mundo exterior, me costará darme cuenta y re-convencerme de que no todo lo que pasa, pasa alrededor de mí. No todo depende de mí, ni todo lo puedo controlar, ni todo tiene que ver conmigo. Aunque en algún momento pensaré que tengo, quizás, una tendencia innata a pensar lo contrario. Genética, quién sabe.

Cuando empiece a asomar la cabeza, me daré de bruces con la Edad de Oro de las cosas complicadas, espinosas, ásperas y desagradables que confluyen. Necesitaré hundirme un poco más, volver a pensar otra vez que no todo depende de mí y, en último término, sólo me quedará cerrar los ojos y desear muy fuerte que nadie haya hecho otra estupidez. Ni yo, que igualmente reincidí después de haber estado deseando muy fuerte, tampoco. Pero, para conmigo mismo, trataré de mantener los ojos bien abiertos. 


A medida que vaya ascendiendo, los "qué habría pasado sí" se irán volviendo más esporádicos y las hipótesis negativas irán ganando peso, porque mi camino discurrirá por otro lado. Me daré así cuenta de las cosas que estoy haciendo, y que estoy haciendo bien. Y de las que no estoy haciendo, claro.

Voy a decir cosas que nunca me he atrevido y a preguntar otras que lo mismo, a quien nunca habría imaginado y a quien siempre debí. Pensaré que quizás soy cobarde porque le temo a la felicidad, y no al revés. Quizás la misma emoción me da vértigo. Investigaré sobre eso; puede que haya una explicación racional. Y para enmendarlo probaré cosas nuevas, sanas, que vayan bien conmigo. Haré cambios y después cambiaré los cambios para volverlos a cambiar.

Llenar mi tiempo. Llenar el tiempo en que antes estaba ocupado, llenar esas horas, sí. Y llenarlas bien. Eso es lo que necesitaré y lo que necesitaba entonces, pero entonces yo no lo sabía. Llenar un palmarés con registros de todo tipo, más buenos, más malos y más normalitos.
Descubrir que a la gente también le cuesta decir las cosas en persona, en estos tiempos. No era sólo yo, que por cierto mejoraré mucho en ese aspecto, tanto por voluntad como por pura necesidad.

Al final seré feliz, de una manera que nunca he sido. Seré dueño de mí mismo. Daré el paso de tratar de ayudar a los demás a que se ayuden a sí mismos. Porque no quiero ver a nadie dependiente, si puedo evitarlo. Y mucho menos, dependiente de mí. Daré lo que pueda y deba dar para que los demás puedan darlo también. Y me habrá hecho falta perderlo todo para darme cuenta de todo lo que tengo.


"Estoy cansado de ver torneos de alevines o infantiles llorando, no sé por qué lloran. Hay que empezar a gestionar la derrota. El rival ha ganado, independientemente de que lo merezca más o menos, y hay que enseñar a los niños pequeños que cuando se pierde no hay que llorar, hay que levantarse, intentarlo en el siguiente campeonato y felicitar al ganador". Fueron las palabras de Luis Enrique tras la eliminación en la Eurocopa, frente a Italia, en aquel grandioso partido cuyos primeros setenta minutos tuve que ver repetidos luego, porque estaba haciendo algo más importante.

Después de, al menos, los treintipico años que llevo yo vividos cayendo con drama en cuartos de final hasta que por fin nos llegó la gloria en bruto, no conocimos el 'estar ahí'. Apabullados por la frustración o cegados por el oro, no aprendimos a apreciar y valorar el trabajo bien hecho.
Precisamente este año, cuando por fin hemos caído en unas semifinales por primera vez en la historia de la selección, era la señal ideal para madurar por fin, pero me ha dado la impresión de que nadie lo entiende. He llegado incluso a leer la palabra "fiasco", y es que parece que sólo sabemos arrasar o fracasar. Y si lo entendieran, me digo, simplemente lo disfrutarían.
 
Pero yo, que reniego de esto, no puedo sino entenderlo ahora mejor que nunca. Porque yo mismo estoy en otro estadio de mi propia evolución, pero supongo que cada uno lleva sus tiempos.
Y aquí sigo, haciendo todo de nuevo como prometí, costándome mucho trabajo como predije y yendo bastante lento porque, como también y tan bien es sabido, soy un caracol.


Y aquí sigo escribiendo mi felicitación, de tantas formas distintas llamada por otras cuantas personas, a saber: "anuario", "resumen del año"... Y, después de mí, es para esas personas que la estoy escribiendo aunque algunas ya no puedan leerla. Espero que me perdonen porque ahora parezca que no he "resumido el último año", sino básicamente los dos anteriores.
 
Aunque en realidad creo que estoy hablando casi más de mi presente y sobre todo, de toda mi vida hasta ahora. Escribo sobre lo que sé y conozco, que soy yo. Así que os voy a dejar con la duda de saber si, siendo yo realmente Marty McFly, usaría o no esa máquina del tiempo. Porque para ser sinceros, yo comparto vuestra duda.

Y podría cambiar de registro, o volver a los orígenes y escribir sólo cuatro o cinco párrafos, pero es que ME GUSTA complicarme la vida, y eso está entre las cosas que no van a cambiar, un poco, difícilmente, nunca o quién sabe. Así que gracias a vosotres también por llegar hasta aquí.
 
 
 
Parece que he conseguido terminar sin hacer ni una sola mención a... ya sabéis, así que para qué lo voy a decir, ¿verdad? Si lo que yo quiero es desearos que paséis Buenas y Sanas Fiestas, Descansados Festivos, Felices Merrycrismas y Merry Christmas sin romperse la crisma en una marisma. 
En serio, son resbaladizas, tener cuidaíco.
 
Ahora que llega el momento de la despedida, me acuerdo de que llevaba navidades consecutivas deseando estar con alguien. Ahora no es que no quiera, pero de momento estoy encantado de poder estar conmigo mismo.
 
 
 
I'm coming up only... to show... you down for.
 
Post tenebras spero lucem.
 
 










(...y el siguiente mensaje post-créditos es personal así que, si tú no eres , no lo leas, ¿vale?
...
...
... 
...
...
Sigo pensando en ti. Puede incluso que cada día... Sí, eso es, creo que cada día. 
Y cada día creo. 
Sigo queriendo que me hagas esa entrevista hasta sacarme lo tuyo que hay en mí. Mi siguiente paso es hacerme tan famoso que no te quede más remedio. Porque, contra viento, marea y el mismísimo eje de rotación de la Tierra, tú a mí no me quedas más remedio. Pero, si mi disparatado-y-no-obstante-muy-elogiable plan sale bien, estaré mucho más cerca de conseguirlo. 
Aunque tendrás que cambiar de sección, eso sí.)
 
 

5 comentarios:

Slowfinger dijo...

Tremendous. Abrazo, Diego. Feliz año.

ColegadelaVega dijo...

Gracias, Tony... Feliz y pollúo 2022!!

Ana mic_mac dijo...

De caracol a caracol: despacio se puede disfrutar mejor de lo mucho, o de lo poquito, que toque en cada momento.

ColegadelaVega dijo...

Amiga Ana, ese es mi propio pensamiento aunque admito que por momentos (o por rachas) se me haya podido olvidar jeje. Besos!

Ana mic_mac dijo...

BESO ENORME :)