¿Y esto pa qué es?

Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae.
De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis...
(Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :P XDDDDD)
(Mola esto de los colorines, oye)
ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!

sábado, 24 de diciembre de 2022

Campo de sueños

 

... pero me sigo sintiendo cansado después de comer.



Ojocuidao... Vengo de donde vengo, estoy donde estoy, pero… eso es así.

Y después de comenzar este comienzo con tan plúmbea certeza te propongo descubrir qué se esconde en esta historia que, igual que aquella película -o cualquier otra que me vaya apeteciendo insinuar-, es mentira. Pero que igualmente esconde más o menos bien alguna verdad de mucha más trascendencia que su cascarón.



Una historia bien metafísica, valga el atributo, con mucho empirismo y de entrante, una señora paradoja como es el hecho de que yo, que había llegado a desarrollar una relación de cuasidependencia con la siesta indefinida, esté sonriendo mientras cojo el coche a las cuatro de la tarde cada día, al menos, de lunes a jueves, para asistir en LOS entrenamientos de los niños. Y son “los” porque siempre es más de uno a cada vez, y “al menos” porque los otros tres días de la semana vienen a ser potencialmente lo mismo, pero con partidos y a horas variadas y variables.

 

Sin comerlo ni beberlo ni pretenderlo me convierto en paradigma, como prueba viviente de que el cambio es una posibilidad que existe y se puede materializar en nuestro mundo tridimensional, una singularidad que es acogida por el horizonte de sucesos, superando así nuestra mecánica elemental porque ya se ve que un cuerpo en reposo tiende a permanecer en reposo… hasta que deja de tender, ni pollas.

Y todo ello, no por espíritu dadivoso del horizonte ese ni de sus Seres de Cinco Dimensiones sino porque, igual que con Joseph Cooper en el teseracto, hemos venido nosotros. O yo mismo, más concretamente.

 

Y sí, a mí tampoco es el único ejemplo que se me ocurre ni paradigma que crea que estoy yo mismo personificando. Pero sí es el más reciente que se ha (que he) producido y quizás el más exigente porque, como me duele la boca de decir, lo más difícil casi nunca es lo que a todo el mundo parece sino precisamente todo lo demás. Lo que es difícil de mover incluso cuando por fin lo estás intentando, y qué me vas a contar.

 

…y en fin, aprovechando las dichosas cuatro dimensiones del teseracto podemos ocupar el tiempo como deseemos (…y se entiende la razón ya que en mi premisa lo acabo de explicar como mínimo igual de bien que Christopher Nolan, ¿verdad), aprovechando esto, digo, voy a decir también que aún apenas es agosto o septiembre, en plena pretemporada, y ya estoy subiendo al polideportivo de Lomalinda con cierta regularidad pero aún no sé exactamente cuál va a ser mi calendario. Son días mayormente dedicados a ir entrando en la dinámica de trabajo, que los grupos se vayan conociendo y para familiarizarnos de nuevo con la gente y el entorno, y es justo en uno de estos días cuando aparece él. El niño.

 





Con todas las secciones del club ya estructuradas es raro ver en el campo a un jugador solo pero Nino, el niño, está en un rincón desocupado del terreno acompañado únicamente de su balón.

De piel blanca, mirada profunda, unos diez años y un voluminoso pelo ondulante con un corte bastante clásico, ajeno a las modas y más propio quizás de los años ochenta, pinta una variante oscura del castaño que mi madre definiría como el típico color caca del cabello francés. Definitivamente, con nada que llame la atención, pasa desapercibido para todos los usuarios del campo, incluido yo… hasta que se dirige a mí.

 

Parece lógico, si lo piensas. Está allí sólo, aburrido tal vez, observando un poco todo. Necesita entretenerse y saber cosas nuevas mientras va empezando la temporada y yo, a fin de cuentas, allí aún soy una cara relativamente nueva. Los entrenadores, al ser menos numerosos, más grandes y con atuendos específicos, destacamos fácilmente. 

Yo aún no tengo el título pero estoy a punto y él tiene cierta curiosidad sobre el tema; recuerdo que hablamos de esto entre otras cosas pero no cómo empieza la conversación. Quizás no es el intercambio más trascendental de la historia pero sí me llama un poco la atención porque yo, a su edad, también jugaba mucho solo pero, por mi parte, era bastante tímido. Creo. Y lo sigo siendo, seguramente, para según qué cosas.

 

En cambio Nino es sociable como yo habría podido ser, quizás. He tenido sobrada ocasión de comprobarlo aunque ahora ya raramente le vea. No tiene miedo a hablar de igual a igual con alguien que le cuadruplica en edad. No necesita ofender ni sentirse por encima; tampoco teme una ofensa. Habla de sí mismo sin reparo, parece que le gusta; realmente hay pocas cosas que sé sobre él aparte del pelazo que gasta. Espero que le dure unas cuantas décadas pero ignoro igualmente si ha sido desafortunado en genes. Eso, como siempre, será ya ejercicio de pura imaginación por mi parte.

 



Es muy joven pero tal vez ha conocido dos países en que vivir, o más. Tal vez solamente nació en otra parte y ya no lo recuerda, tal vez su familia tuvo una historia difícil y debió emigrar cuando pudo porque no había más remedio.

En fin, no lo sé y tampoco voy a curiosear; prefiero que hable lo que quiera y que lo que a él interese, lo inquiera. Sólo él sabe lo que podría decir, lo que podría saber… si se atreve a preguntar. Si no le responden con demasiada soberbia ni suficiencia demasiadas veces. Si le entienden, si están dispuestos a escucharle sin condescendencias.

 

Su trato es cordial, afable, desenfadado a la par que respetuoso. Adivino que es lo que ha debido recibir de su entorno, o será por la personalidad solitaria y autosuficiente del portero, que parece ser que es su especialidad... no tiene, insisto, problemas para hablar. 

Y es una buena cualidad porque en el futuro es posible que aborrezca las vías de comunicación que, quién sabe, serán las más populares en la época en que le toque vivir. Una época en que inundarnos de mensajes con que gigantizar cada uno el ego respectivo, que nos machacarán con que soy el más mejor, que hago muchos sacrificios y no me corresponden y que ten cuidado con las personas tóxicas que nos rodean, están por todas partes, oh dios mío, esto es un infierno, pero apenas alguna invitación a conocerte un poco más a ti mismo, descubrir, si cabe, tu propia toxicidad, entenderte y cuando vayas consiguiendo todo esto, cuidarte de verdad y ser coherente con lo que decidas.

 

Pero él preferirá, espero, vivir en armonía real con su prójimo, sin necesitar ser más que nadie, pudiendo estar bien consigo mismo para poder estar con sus amigos, familiares o quien él decida, y estar tan bien que puedan acabar muertos de risa, sin que nadie tenga que sentirse mal. Conocerá un día Nino a alguien que le hará querer decir “cuando estoy contigo siento tanto amor que me quiero hasta a mí”, y con un poco de suerte llegará a decirlo.

 



Le saldrá bien.

O mal.

O bien unas veces y no tan bien las otras pero de todo aprenderá. Y hará el bien y también, queriendo o sin querer, el mal. Cada situación le afectará y no siempre podrá intervenir; la tendrá que asimilar, entender, tratar, superar o disfrutar. Lo compartirá con quien quiera cuando quiera, se equivocará, necesitará ayuda y se atreverá a pedirla.

 

Un día querrá pintar una acuarela. Requerirá un paisaje pero tendrá que trepar un muro para divisarlo; dudará y al final se atreverá, si se siente seguro. Por fin, en lo alto, verá su futuro con claridad. Con el tiempo su visión se acercará más o menos a la realidad, se regocijará o sufrirá pero lo aceptará porque, al cabo, es el dueño de su relación con el mundo. Y ha tomado las riendas. Aunque tardará, quizás, pero perderá el miedo a la palabra imposible.

 

Otras veces tendrá que mirar hacia adentro, ojalá que se sienta bien con todo. Igual que en otros momentos, quién sabe, se tendrá que decir "menos mal que no tengo sólo esta mierda". Tomará caminos equivocados, se hará daño y necesitará reaccionar y cambiar. El suelo temblará bajo sus pies.  Se sentirá tan inseguro que pensará que todo lo que le rodea, lo que percibe más epidérmicamente, es lo más importante y que todo, quién sabe, es su culpa.

 

Ojalá que no tenga que saber cómo se vive atenazado por el peso de las palabras de los demás, las impresiones que manifiesten, sus reacciones… porque eso podría paralizarle para siempre o durante un tiempo, al menos. Se quedaría quieto hasta que descubriera todo lo que depende de él, y lo que no. Mientras tanto, “Luego no hace nada” sería también su segundo nombre.

 ...

 

Pienso en todo esto, un tanto ensimismado, en un comienzo que en mi fuero interno estaba resultándome un tanto incierto. Quizás tengo una tendencia demasiado alta a replegarme sobre mi propia mente, divagar, pensar todo demasiado y demasiado anticipadamente; la cuestión es que la presencia ocasional de Nino, saludarle tantos días y charlar con él significaba para mí una suerte de garantía. Una toma de tierra, si quieres. Y es algo que le debo.

 

…Porque ahora que ha arrancado la temporada ya casi no le veo. Su sección ha echado a andar por fin y no coincidimos en horarios; acerté cuando pensé que era alevín porque yo mismo estoy con dos grupos de alevines y le he visto jugando con algunos de mis niños después de un entrenamiento. 

Lleva más tiempo que yo en el club, eso es evidente; acerté también cuando me dije “es un gran conversador”, porque he visto que también le gusta interpelar a los otros entrenadores, de los que también conoce a varios por haber coincidido en el pasado, aunque ellos no siempre tienen tiempo…

 


Mis impresiones se confirmaron pero mi ensoñación terminó. No dudo que por un momento sentí como un despertar de agua gélida. Igual que tú ahora mismo, quizás.

Nino es el niño que yo habría podido ser, por supuesto, sin duda, pero no puede ser yo porque ya está ocupado siendo él. No es ese niño que por momentos creo ver y en el que me vi reflejado. Lo admito, llegué a pensar que me había pasado lo de Bruce Willis en aquella película en que se encuentra con un niño y NINGUNO de los dos está muerto, aunque de alguna forma estén compartiendo todo en todas partes al mismo tiempo.

 

Más que su propia presencia, el descubrir que era real fue lo que me hizo ver que yo también estoy ahí, soy real y estoy realmente haciendo aquello en lo que estaba y estoy concentrado. Nuestro encuentro hizo que el tiempo desapareciera y fue la constatación de que he ido a buscar -y a buscarme- a donde debía. Ambos existimos, luego yo existo y lo que hago existe, y además importa. Y es que ya lo avisé: esta historia era mentira porque es verdad.

 

No quedó ahí la cosa. Una de aquellas tardes de principios de otoño tuve una segunda revelación y reconozco que estuve a punto de decírselo pero claro, no podía ir de buenas a primeras y soltarle “chico, vas a ser mi próxima felicitación navideña”. Querría hacerlo aunque no tenga sentido, agradecerle el no va a ser siempre así, el vas a llegar hasta aquí que, pareciera, me estaba transmitiendo, que entre los dos estábamos evidenciando y que quisiera yo poder devolverle, pensando -como sabéis que pensé- que podría haber sido yo.

 

Ah, bueno, y evidentemente Nino no es su nombre auténtico, pero he preferido modificarlo para el relato, aunque si estos días me lo preguntas en persona pudiera ser que te lo diga. Aunque lo dudo. O tal vez lo hayas adivinado por tu propia observación y perspicacia, si tienes mucho de eso.

 



Sí recuerdo, de cuando hemos hablado, que he tratado de evitar cualquier idea absoluta y maniquea y he procurado responderle en cuanto me ha preguntado respecto a mí. Seguramente le habré dado también algún buen consejo, de esos que tal vez en otro tiempo daba en vano a los demás pero que ahora, por primera vez en mi vida, me los voy dando a mí mismo y van resultando, por fin, un poquito útiles.

 

Durante tanto tiempo, siempre pensé en el fondo que algo grande me esperaba pero no sabía cómo ni cuándo. Algo trascendente. Algo mucho más grande que, por (un) ejemplo (nada en absoluto casual), que me tocara una quiniela. Aunque acabara resignándome a eso, con distintos envoltorios.

Ahora sé que lo grande es ir a por ello, salir a su encuentro, ampliar el campo de visión, aunque no sepa si nos vamos a cruzar o no. Pero si pasa, que sea porque hemos venido nosotros.

 

Y en esas estoy, pintando mi propia acuarela, superadas a base de calma y concentración todas mis ansias de trascender, cuando se me descubre un sentido oculto del camino que estoy siguiendo, y es que mientras lo siga recorriendo estaré como estoy ahora: mejor o peor, pero siempre y permanentemente mucho más cerca del futuro de lo que jamás habría podido imaginar.

Trátalo con esmero, Diego, porque el futuro no está escrito y cualquier cosa es posible. Como aquel día en verano, cuando les hablé a mis sobrinas de mi adicción, tú sigue así, comunícate sin prejuicios. Porque ellas tampoco los tienen. Aporta tu persona y tu experiencia, sin limitar ni coartar las suyas.

 



No lo he dicho hasta ahora pero, después de ocho años y medio trabajando como profesor online, el contraste con el hecho de tener por fin caras que poder recordar por siempre, con sus respectivos nombres asociados (a diferencia de los mil y pico alumnos que inevitablemente voy olvidando...) alcanza cotas sencillamente estratosféricas. Máxime cuando mi circunstancia cotidiana es compaginar cada día de semana las dos actividades.

 

En fin, como cada vez que emprendo algo nuevo, las piezas en mi vida difícilmente encajan. Pero esta vez eso no me hará pararme porque el que tiene que encajar, soy yo. Y no las piezas entre ellas. Decidir y hacer (o no-hacer) es mi manera de ser libre a diario dentro de mis posibilidades; sentir que no me cambiaría por nadie, por jodido que se pueda poner.

Y claro que habré pensado mil millones de veces "joder, ojalá estuviera como estoy ahora pero con veinte años menos... sabiendo lo que sé"... Pero es una imposibilidad material. Así que mi solución era cambiar las leyes de lo material.

 

Soy el fantasma de MIS navidades pasadas, mis navidades presentes y, si queréis, vuestras puñeteras navidades futuras. Así que os deseo Feliz navidad desde el tercer-lugar-en-el-que-nunca-había-estado-antes. Va especialmente para todas las personas que alguna vez me sugirieron aquello de “y… ¿nunca te has planteado ser profesor?”, o la misma cuestión pero cambiando la palabra “profesor” por “entrenador”.

 



 

Este he sido yo tratando de superar la única felicitación navideña que me hizo llorar mientras la escribía y le daba las primeras lecturas... y también en la "lectura del año después", hace una semana. No sé, juzga tú mismo. Pero lo he peleado.

 

Y este soy yo pensando a lo grande, con algún sueño absurdo que prueba que a veces me vuelve a pasar lo mismitico de siempre. Pero eso no lo voy a contar porque… joder, sería demasiado épico, ¿verdad? En fin, quizás dentro de un tiempo. De momento creo que ya voy bien con un taco de realidad como no he visto otro en mi vida.

 

Dos mil veintiuno fue mi año, lo dije y lo hice. Dos mil veintidós, también, y más todavía.

Feliz navidad, cojones. Sigo mi camino, y esto es sólo el principio. Siempre. Compruébalo si quieres con las trece anteriores.

Ahora siempre es “sólo el principio”, haga lo que haga. Y haga lo que haga me seguirá costando mucho tiempo y mucho trabajo.

 

Nos vemos dentro de un año.

 

 



 

 

PD: Me vais a matar pero, la peli del título… nunca la he visto, en realidad.

 

 

No hay comentarios: