Un salto de fe
Este septiembre, a principios.
Una madre de tres. Dos chicos y una chica, la mediana.
Ya es casualidad, oye.
Aunque nos conocíamos de hacía, quizás, dos años, he de decir que a día de hoy aún ignoro su nombre. Nunca se lo he preguntado.
Pero esa fresca noche de final de verano, sólo con encontrarnos en aquella tribuna, gratuitamente se convirtió ella en mi oráculo personal, anticipando todo lo que me iba a pasar desde tal día hasta hoy.
El eco de sus carcajadas aún persiste en mis oídos.
EPISODIO I: ENTER THE MATRIX
Mira que había visto yo pasar trenes en esta vida.
Yendo, viniendo, llegando, parados, resonando por la noche los motores en la estación... Son tan familiares para mí como el olor del balastro, aunque -¿lo habré dicho ya alguna vez?- casi nunca me montara en ninguno. Ni en los de verdad, tampoco.
Pero, como sabrán quienes en estos últimos cuatro años me hayan leído o, simplemente, me hayan visto el pelo (que no es tan difícil, vamos, digo yo... Con el de la barba, quiero decir...), todo forma ya parte de mi pluscuamperfecto particular. Igual que todo lo demás.
En esta nueva Era, hace ya tiempo que este Diego arrancó su locomotora y emprendió un camino sin pausa y sin retorno, después de decirse cada día frente al espejo, además del ya clásico no voy a hacer esto o el voy a hacer esto otro, que Atrévete, te, quítate el esmalte, que nadie va a retratalte... estrít faitel.
Un camino en el que conquistar una nueva estación tras otra según se le van quedando pequeñas, cruzando yermos llanos y abandonando radiantes capitales sin sueño para no volver.
Pero yo no soy la persona que pueda (ni deba) predecir cada losa de un camino que no conozco. Soy la persona que tiene que ANDAR ese camino, inventarlo, ir construyendo la vía a medida que avanza, sufriendo todos los tropiezos que tengan que venir y dándose todos los piñazos que me haga falta darme. Todo ello así hasta completar una primera temporada digna de serie de Netflix, ya que eso es lo que me toca.
...Porque sí, ese es el símil televisivo que me atribuyó hace un par de meses un profesor de una clase de veinte en la que otra vez vuelvo a ser alumno. Y eso después de haber revelado sólo un escueto tráiler de mi aventura y sin siquiera recurrir a ningún flashback.
EPISODIO II: EL ELEFANTE EN LA HABITACIÓN
La buena noticia es que, aunque tengo mucha tarea que hacer y bajo la luz de muchos focos, me siento realizado porque ME GUSTA el protagonismo. Y lo voy a explicar con un ejemplo que, una vez más, quien me conozca entenderá bastante bien.
Me gusta revisar cada día de Facebook. Pero cada mismísimo día del calendario en los años anteriores, ¿eh?
Me gusta ver mis publicaciones, que eran -y son- muy buenas. Me aseguran una ración musical rica y variada cada día.
Y me gusta ver las reacciones. Imaginarme la cara de esa persona reaccionando. No son personas desconocidas; yo prácticamente no tengo en mi Facebook. Podrías ser tú, si es que sigues allí. Ya sabes que yo sí: como de costumbre, siempre estoy en los sitios -o llego a ellos- cuando ya no hay nadie.
Desde siempre, mucha gente me conoce y de un tiempo a esta parte, cada año me conocen más, por bloques. Me recuerda por lo que he pasado, lo que he hecho. Y para mí es importante porque no puedo vivir las vidas de los demás. Sólo la mía.
Me gusta que reaccione alguien que tiene alguna idea de mí. De lo que han sido para mí los últimos años de mi vida. Y no, no me refiero a los últimos cuarenta años de mi vida. Me refiero a unos cuatro y un trimestre antes de hoy, a los dos anteriores a esos, a los dos anteriores a los otros dos... Llega un momento en que no sé si alguien sabe algo de lo que ya ni yo mismo sé. Ni tampoco sé por qué yo me acuerdo de casi todo.
Demasiados años, quizás, y demasiado aburridos, me habían acostumbrado demasiado a entornos virtuales, sin riesgo. Hasta que me dio por buscar un entorno nuevo, real, físico... Llevo tiempo en ello, y me lleva tiempo.
Pero es que es normal: no era fácil cambiar el planteamiento para pensar -y tratar de hacer pensar- que el tren soy yo. Sólo eso ya requería un esfuerzo. Creo que puedo por fin realizar algo que, sí, me haga ser una persona diferente al terminar. Lo creo. Y de creer va esto, al cabo.
Creer para dejar de vivir en un videojuego y enfrentarme a vivir en la vida, que no tiene botón de guardar la partida pero a cambio es el programa, software o app con mejores gráficos que existe. Siempre y cuando lleve puestas las gafas.
EPISODIO III: NO MIRES ATRÁS
Pero justamente, esto no es como ser Manolito Gafotas en “Mola ser jefe”. Vamos Diego, no tengas miedo, conviértete en el Plan A y deja de ser el Plan i griega como mucho. Porque eso es lo que querías y ESO es lo que te han ofrecido.
Salta al ruedo en que tus expectativas se van a cruzar con las de tanta otra gente que no te conoce de nada ni te ha visto en su vida.
Pero prepárate.
Va a haber un contraste diametral entre un colectivo de asistentes improbables, cada cual con sus propias ideas e ilusiones. Eso por un lado.
Y por otro, la casa que cuenta conmigo por mi forma de ser y que escucha mis dramas mientras me mira con expresión de “yo he estado exactamente ahí, donde tú estás ahora; saldrás de esta”.
Así, a una semana con el peor dolor de muelas (y el peor dolor en general) con el que me hayan premiado hasta la fecha, sucederá otra semana con el peor estrés que me hayan encasquetado también hasta la fecha. Un estrés patrocinado por los estudios cinematográficos de lo que tenga yo en la cabeza, que para eso he pagado.
Y aprenderé por la vía rápida lo que es, de verdad, sentirse inseguro. Y también al mismo tiempo, lo que es el respaldo como nunca antes lo había sentido. El respaldo de quien sabe dónde estoy pero también y sobre todo el más importante: el mío propio.
Y estaré preparado porque lo he trabajado. Porque es para lo que llevaba cuatro años preparándome. O toda la vida, quizás. Porque por fin ha llegado el momento en que coincide lo que quieres, lo que necesitas y lo que tienes que hacer. Así que el caso es que estoy donde quiero estar y no me incomoda ser el elefante en la habitación.
...No me incomoda, claro. O eso pensaba. Pero cuando de pronto tienes que convertirte en líder y resulta que no has liderado nada en tu puñetera vida, más vale que dispongas de un manual básico con todas las respuestas para que lo puedas ignorar sabiendo, al menos, que existe.
Así pues, procedemos a continuación a enumerar la...
...
...
(chan, chan, chan, chan...)
(redoble)
...
(chan, chan, chan, chan, chan...)
(otro redoble)
(chan, chan, chan, chan, chan, chan, con redoble al mismo tiempo...)
...
...
¡¡¡!!! --- >>> Lista-memorando-decálogo para er Diego pa’ ahora mismo, por si se le fuera a orvidar. <<<--- ¡¡¡!!!
Podrán conocerla en breves instantes, después de la siguiente...
...
...¡pausa musical!
= D
...Y ahora sí, señoras y señores: vamos con la ¡¡¡Lista-memorando-decálogo esa como se llame, ya sabes, etcétera, etcétera!!!:
Tragarme el ego cuando me lo tenga que tragar, como me han dicho que haga.
El otro no tiene por qué tener más razón que yo. Ni yo tampoco tengo por qué tener más razón que yo mismo diez minutos más tarde, después de haber, quién sabe, escuchado a algún otro.
Mantente íntegro a pesar de lo que oigas, veas y/o demás mierda que pueda estar pasando a tus espaldas. Porque lo que no te digan a la cara no es tu problema.
El efecto Diego. A veces es sólo colateral y por desgracia yo mismo no llego apenas a catarlo pero en mi entorno puede, quién sabe, obrar... Maravillas.
Aunque puedas tener claro que "de esto ya no hay vuelta atrás" y a dónde ya no quieres volver, etc y etc, sigue siendo una decisión que se toma a diario.
...
...
Ser el primero en ponerme el último.
Vale, eso ya lo traigo de serie. Igual que el superpoder de reírme de mí mismo.
Supera la derrota. Sobrellévala, como mínimo. Ayuda a tu equipo a seguir en pie y avanzar a pesar de los golpes, al estilo Rocky Balboa’s ultra-viral speech. Por ahí, al menos, vas bien. Experiencia no te falta, tampoco.
Sé ambicioso, sí, pero prepárate para hacer implosionar tus propias expectativas también. Como cuando ves Los Últimos Jedi con tus hadas sobrinas pensando que les va a cambiar la vida pero, como es de noche y están cansadas, casi se duermen y ahora no se acuerdan de nada.
Sobre todo, no cambio por nada el poder ser capitán de mis soldados. Aprendo mucho más yo de ellos que a la inversa, y estaba dispuesto a ello. Aunque espero poder equilibrarlo.
...Y, como diría el intocable Jimmy Malone, cumplir con la Primera Norma del Buen Entrenador: llegar a comerse el turrón en el club que le fichó este verano, señor Ness.
Después de esto, los tres primeros trimestres del año que se va se te asemejarán un encefalograma plano o, al menos, una enorme y soberana pérdida de tiempo.
Aunque en el fondo pienses que es parte del camino que te ha llevado a donde estás.
EPISODIO IV: LLEGAR A NAVIDAD
...Total, que vivir era esto.
Yo, un tío obtuso que escribe para personas con agudeza, pasé de decidir cada temporada los números de mis jugadores en el PC Fútbol a tener jugadores reales que me dan ellos mismos la preferencia de sus números y yo ya, con eso, compongo.
Esta ha sido una nueva entrega más del chico que en Madrid perdió el autobús de vuelta (...pero eso daba igual porque ya había pasado el año en que debió haber vivido tantas aventuras con tantas chicas y, para variar, tampoco se había liado con ninguna). Una representación textual de la ascensión a una colina en el cerro de San Miguel porque, aunque ahora no puedas verlo, sabes que en lo más alto hay una fiesta con muchas luces.
Y se la dedico a mi amiga Mery que, sin ser la única, sin duda es la persona que más veces me sugirió que si no has pensado, a lo mejor, en hacerte entrenador, eh.
Cómo no, ahora llega el tradicional momento de que si queréis Feliz Navidad Ni Pollas, Maricarmens; buena época para recordarte que los sueños no “se cumplen”.
Los sueños SE PELEAN y se TRABAJAN.
Persíguelos y no te olvides de que a veces las ideas, planes y sugerencias que parecen secundarias te pueden llevar a lugares con los que no soñabas pero que, oye, ahí están.
Porque es posible (y solamente PO-SI-BLE) que a esta hora vuelva a ser... auxiliar. Pero con un apellido que nada tiene que ver con nada de lo que acabo de contar. Y esto, naturalmente, es un premio para quien haya leído y haya llegado hasta aquí jejeje.
Instálate un árbol bonito, con muchos adornos, mientras tanto yo disfrutaré de unos días tocándome las bolas sin que me las toque nadie más.
Celebra estas fiestas haciendo lo que te gusta y además se te da bien.
Y si, después de quince Felicitaciones Navideñas que escribí y que me encanta releer pero que, a día de hoy, ya forman parte del pasado y no cuentan para nada... si después de todo eso has leído esta, ojalá, por favor, que no me dejes sin saberlo.
A fin de cuentas, si yo tuviera a alguien que escribiera como yo (...o la mitad de bien) pero sólo una vez al año... pensaría, cojones, que me lo pone bastante fácil.
Y ojalá que te haya servido para algo. A mí, al menos, me ha servido para saber que existe la palabra “balastro”. Y mira que llevo oliéndola cuarenta años...
Oh, diciembre de 2019, cuida de este Diego que te traiciona, que no escribe. Protégele, haz que llegue hasta el aquí y ahora.
Toda la vida viendo pasar trenes para llegar, al fin, a un pueblo que hace rima (“por no hablar del paralelismo acojonante con tu apodo internáutico, ¿no, Colega?...”). La ironía es densa como para obstruir una arteria.
¡Ah! Por cierto, se me olvidaba... Aquella noche de septiembre mi Oráculo y yo disfrutamos de principio a fin nuestra pequeña charla, y ¿sabéis qué es, por encima de todo, aquello por lo que le estoy más agradecido?
...
...
...
(Sabes lo que viene ahora, ¿verdad?)
...
...
...
Exacto:
...
...
...
Porque después de escuchar sus vaticinios, nos intercambiamos los papeles. Y fui yo quien le respondí que no es otro el motivo por el que estoy aquí. Que arrostraré por fin mi destino, sea el que tenga que ser, venga como tenga que venir.
Porque el Neo-Diego es su propio elegido. Al verbalizarlo (no con estas mismas palabras, evidentemente, pero vaya...), lo importante es que pude escucharme diciéndolo. Fue como una confesión y un recordatorio que hasta hoy mantengo.
Te deseo que tengas unas felicísimas fiestas. Cágala Mucho, Kágala Harris, y vuelve a intentarlo para volverla a cagar, con Jesús (Navas) siempre en tu corazón. Muere y renace, que también va con estas fechas.
Nos vemos el año que viene aquí mismo, en mi casa de palabras, con la que será mi decimoséptima Felicitación Navideña.
Firmado: Cosas que hacemos nosotros, los extramarcianos.
(Me di cuenta de que eso éramos allá por 2019, en estas fechas, mira tú por dónde.)
(Hubo diez reacciones)
(PD: Me he dejado fuera deliberadamente un montón de canciones buenísimas pero más bien romanticonas para meterlas el año que viene, que creo que pegarán más... ¿Me ha oído usted, <guiño>, <guiño>, señor Dos Mil Veinticinco, <guiño>, <guiño>?)