San Junípero
El pino, el abeto y el enebro no pierden las hojas en invierno.
Eso es un hecho.
Los doscientos mil millones de tijeretas, ESTÁN AHÍ aunque nadie sepa de dónde han salido ni cómo han llegado.
Y San Junípero no es la figura hagiográfica más característica de estas fechas, pero alberga íntegramente la metáfora que exploraremos hoy. En milimétrico paralelismo con todos los sujetos antes mencionados.
...Así pues, empezamos.
Alúmbrame a mí mayormente.
(“Vamos, Diego, que a partir de aquí va a ir todo rodado, ya lo verás.”)
Como cada año, aquí está tu secretario, despertador y calendario humano amigo, el ColegadelaVega, recordándote otra vez que ha llegado la Navidad. Como cada año, el ColegadelaVega se pone de acuerdo con el mundo por un día para enterarse de en qué día vive.
Así que, ya que estás aquí, disfrútalo porque no es algo que se pueda esperar tratándose de mí: hace poco llegué a la conclusión, temporal como siempre, de que he vivido mis cuarenta y tres años completamente y en todo momento al margen de mi generación y a destiempo de mi tiempo.
Me gusta algo cuando ya no le gusta a nadie, hay presuntos iconos de mi infancia que he ignorado hasta ya consagrarme como calvo con barba y, en el verano en que cumplía los doce, los atemporales Beatles llegaron a mi vida (aunque podría haber pasado en cualquier otro momento…) y en esos mismos días me volví loco por el fútbol a una edad a la que o bien ya eres un veterano con años de trayectoria jugando en un equipo, o bien no pasarás de mero espectador en tu vida.
Para colmo, la mayoría de expresiones culturales con las que se supone que me he criado, incluyendo muchos dibujos animados y no digamos ya las series populares, hoy día las ignoro o directamente las repudio. Igual que las actuales, dicho sea de paso.
En fin, entre unas cosas y otras no debería haberme sorprendido de que toda mi hente hubiera oído hablar de “San Junípero” cuando reapareció en nuestros dominios e incluso dejaran escapar un suspiro de nostalgia, mientras que yo por mi parte no había escuchado ese nombre en mi vida… Y sin embargo, seas quien seas te puedo asegurar que a día de hoy es mucho más importante en la mía que en la tuya.
Déjame que te ponga en contexto…
Ahí va: Helado y cigarro.
Sí, en serio.
Ese es el contexto.
¿Qué? ¿No lo entiendes? Espérate que le dé un enfoque AÚN más oblicuo y soslayado: ¿Qué hiciste en tus últimas vacaciones? ¿Visitaste este verano algún país por primera vez? ¿Te dejaste guiar por algún gurú de las redes sociales que se pasa la vida viajando de aquí a allá por esos lugares tan de moda -o tan presuntamente recónditos- para luego tratar de hacerte las mismas fotos y vídeos que viste en esos mismos sitios? ¿Te inspiraste en alguna película, alguna recomendación o, quién sabe… en alguna serie masivamente popular de tu infancia?
Bien, pues… muérete de envidia porque yo me he montado mis propias vacaciones cada viernes, en el momento de encenderme el primer cigarro. Quien me conozca sabrá que es especialmente importante para mí, dado que por lo general sólo fumo los fines de semana. Empecé a hacerlo clandestinamente con diecisiete años, más tarde que todo el que empieza clandestinamente, ya más bien a la edad de quien termina convirtiéndose en fumador diario. Cosa que tampoco me ha ocurrido hasta hoy.
Es importante ese primer cigarro para desconectar de la semana laboral y celebrar que hemos llegado vivos a otro finde. Aunque últimamente ya no tenga demasiado trabajo del que desconectar; sí a cambio otras fuentes de cansancio, sufrimiento y preocupación intrínseca al transcurrir de la vida, o de la mía de ahora al menos.
Es importante porque marca el comienzo de la fiesta, de la diversión, de ver a quien en semana no puedo. Aunque últimamente cada vez pueda ver a menos gente, estar en menos fiestas y encontrar menos diversión. Y menos mal porque lo segundo ni lo tercero creo que ahora mismo pudiera pagármelos.
Así que, si no hay ningún concierto gratuito o similar por el que asomar la nariz, mis “propias vacaciones” consisten en acompañar el susodicho cigarro con la bebida que me apetezca en algún banco de la avenida o algún poético rincón de mi elección. Con suerte me acompaña algún amigo y vecino pero hasta eso, ahora, es infrecuente.
En verano, con la puesta de sol y las tardes más libres, de vez en cuando me permito inventarme un viernes cualquier otro día e, incluso, el exceso de un helado que anteceda al cigarro haciéndolo a su vez más apetecible. Sin abusar, puesto que ya considero que estoy más gordo de lo que debiera y de lo que aspiro.
…Y esta, en fin, puede ser mi esporádica ración de lujo en una tarde estival cualquiera. Mientras, con mis auriculares a tope de volumen, pienso en lo que no sé si llegará o si tengo ganas de que llegue o tal vez todo lo contrario y reflexiono sobre las dos o tres mismas cosas de siempre, y en medio de tanto, espero y espero… a que llegue San Junípero. 😉
Un lugar en el que sí he estado, aunque no recientemente, y al que me gustaría volver algún día, es el Carnaval de Cádiz. Aprovecharía para visitar alguna función del teatro Falla, que aquella única vez viajé únicamente con estatus de borracho callejero estándar.
Me encantan las agrupaciones del
COAC pero al mismo tiempo me frustra que ciertas modalidades tengan que seguir
un formato tan cuadriculado. Me cuesta entenderlo. Y eso que yo mismo no soy nada
cuadriculado.
También podría ir más lejos un día, quién sabe… El caso es que desde dos mil diecinueve no viajo al extranjero. Pero en realidad es igual porque, por si aún no te has dado cuenta, ya vivo en modo avión.
O tal vez te acabo de contar una mentira porque precisamente este verano “volví” a Chicago. De nuevo me puse en la piel de Víctor Zarko, el inspector forense del FBI al que yo mismo creé y para el cual imaginé todo un pasado traumático hasta lo sórdido pero más heredado que propio… Ahí queda.
Un pasado al que intenta contrarrestar, ya sea afrontándolo como empleando la huida hacia adelante, y una historia la suya que terminó con un sacrificio épico por la más altruista y edificante motivación.
Este último es, en fin, uno de mis buenos recuerdos de este año, y que por una vez he podido compartir con alguien… Me he acordado mucho de él: precisamente la noche anterior al día en que esta publicación ha de ver la luz, van y me estrenan en la tele la peli de Dungeons & Dragons, que no había visto en mi vida y que rinde tributo a una generación de niños de los setenta que sólo querían pasarlo bien pero, fíjate, no les gustaban las típicas cosas. Esas cosas que de todas maneras no estaban pensadas para ellos porque no eran cool.
Bien… ¿consideras que ya te he puesto suficientemente en contexto? Eso espero.
En todo caso, las otras cosas que pasan y que no estoy contando tampoco son forzosamente mejores.
Aunque he dormido en mi casa cada noche de este año, sí he viajado mucho por mi provincia. Allá donde las alhambras nos estrellan al pasar, un autobús o mi propio coche me han llevado a pueblos por los que apenas he llegado a asomar la cabeza más allá de su respectivo campo de fútbol.
Es cierto que cuando voy por mis propios medios podría explorar un poco más en mis destinos, pero en realidad ya me conformo con no tener que compartir viaje con los peores compañeros de viaje que haya tenido. Es curioso como la peor basura coincide a veces también con los MEJORES compañeros… Lamentablemente, lo primero acaba pesando más que lo segundo. Síganme para más paradojas de a duro el kilo.
Total, que yo ya casi no voy a ninguna parte y encima casi nadie viene a donde yo estoy. Te habrás fijado, desde que llegaron los teléfonos móviles, se acabaron las visitas sorpresa en esta tierra.
En el fondo, quizás todos y cada uno y cada una estamos solos en medio del resto del mundo. Yo por mi parte llevo tanto tiempo viendo películas solo que ya no me acuerdo si realmente prefiero verlas solo, o no.
Al final, por lo uno o lo otro, nos hacemos daño. Hay cosas que nos dan rabia.
También, lo uno o lo otro que hagamos puede hacer daño, y hay rabia que ya estaba ahí de antes y que nos afecta aunque no queramos. A veces acaba actuando por nosotros... Úsese con precaución.
Pero cuando te llegue el momento de tomar decisiones… más vale que las tomes, sean las que sean. Aunque sigas una política de Fire & Forget… decides, y sigues adelante. Porque al final, todas las batallas del mundo son solitarias.
Teniendo en cuenta que el discurrir del año sólo me ha dado para estas diatribas, que tengo cuarenta y tres y que los llevo como los llevo, se podría pensar que todo ello conforma la circunstancia perfecta para que un adicto rehabilitado recayera en su conducta adictiva.
Pienso en ello cada día, créeme, por la cuenta que me trae.
Se podría pensar también que, por mi propia historia, estoy más curtido en empatía que el común de los mortales. Pero tener perspectiva en los momentos duros, joder, QUÉ DIFÍCIL ES.
Sí, para mí también.
¿Tanta gente de verdad necesita hacer ese daño innecesario, ese comentario destructivo, etc., para sentirse mejor? ¿Y si esta gente fuese alguien a quien quieres? Si no te queda más remedio que estar dándole vueltas a todo esto… Dale siempre una vuelta más.
Porque puedes creer que hacen daño a propósito, pero cuando lo haces tú y tal vez no te enteras siquiera, ¿acaso es a propósito?
¿Y si a veces sí lo sabes pero aún así tienes que hacerlo? Si quieres que entiendan que haces daño por tu propia debilidad y por tu circunstancia, tendrás que admitir también dos cosas: por un lado, que no eres perfecto y que cometerás errores que deberás asumir; por otra parte, que la vida no es lineal y que tu plan no tiene por qué funcionar.
Yo aún lo estoy aprendiendo. Lo de no mezclar mis expectativas con las de nadie, digo. Porque sé que cada cual tiene sus propios problemas y hace sus propios planes. Habrá quien piense que para mí es fácil seguir esta deontología dado que a fin de cuentas, no me caso con nadie. Literal y figuradamente.
En todo caso, si veis que de vez en cuando disparo y me olvido, sabed que seguramente sea porque lo he decidido a conciencia y a consciencia.
Al final llega la hora de volver a preguntarte por qué estás donde estás y haciendo lo que estás haciendo. En mi caso, la respuesta sigue siendo la misma de los últimos cinco años y tres meses: porque he venido yo, y porque he querido yo. Todo lo demás, o lo que no te haya dicho yo, simplemente no tiene nada que ver conmigo.
Viene bien tener la memoria que tengo para recordar todo esto cada vez que sea preciso. Y también para reconocer la desmemoria indocumentada en medio de algún discurso pretenciosamente paternalista que me pueda tener que tragar de vez en cuando porque no haya más remedio.
Me pongo el impermeable, me quedo callado, miro a otro lado y no digo nada. Por dentro agradezco que me estén diciendo lo que me están diciendo porque estoy sacando mis propias conclusiones o respaldando las ya existentes.
Gracias a mi memoria recuerdo también lo que la gente pensó en aquel 2007, con la primera de estas Felicitaciones: que estaba más bien jodido.
Si lo pensaran esta vez, sí que acertarían.
Para eso sirve este mi ritual del veinticuatro de diciembre. Para eso y para lo que rara vez me atrevo a admitir: que a veces tengo ganas de llorar y ya no puedo. Que no estoy siempre bien, que no estoy bien en general, y que no estoy tan seguro de lo de que si eres capaz de admitir que "no estás bien", significa que "no estás tan mal".
En aquel 2007, ingenuo de mí, pensaba que vivía una vida con sus cosillas, sí, pero en un entorno estructurado y con cimientos sólidos. Que todo lo que parecía normal era realmente normal.
Recuerdo que en esos años una de las cosas que repetidamente anhelaba, era tener novia en Navidad. Me imaginaba con ella, en la aventura de admirar las luces de Navidad y comprar nosequé por esas calles… tal y como veía hacerlo a tantas parejas, a mi alrededor o en la pantalla del televisor.
Es mágico cómo eso, con el paso de los años, no es que no me apetezca pero ya no me parece tan importante. Y es curioso cómo cada vez existen menos de esas parejas. Ahora, al corto plazo, yo lo que quiero es terminar bien este texto, ponerle la música y atinar con ella, San Junípero me ayude.
Desde aquel 2007… mucho tiempo ha pasado. Mucho tiempo y menos cosas, no siempre o necesariamente las que me a mí me gustaría.
Entro de vez en cuando en mi cuenta de Hotmail para ver si alguien, quince años después, por casualidad aún se acuerda de mí. Porque yo no me atrevo a decirle, quince años después, cuando la vida pasada hace ya mucho que parece un sueño... que aún me acuerdo de ella.
Entretanto y para cuando lo necesito, tengo refugios. Como fueron el pino, el abeto y el enebro. El último ofreció sus bayas negras, el primero resguardó del viento y el abeto finalmente, tan navideño él, dio cobijo y compañía. Por si tal vez tengo un ala rota pero necesito seguir adelante.
Seguiré si es necesario, como cada vez que visito a San Junípero: solo y por mi cuenta.
Cada vez, encuentro gente joven con cabellos de diferentes colores, ropa ambigua y aspecto igualmente ambiguo en general. Bailando lo que a cada cual le apetece y cantando lo que le apetece como le apetece… Da igual si no eres cool.
Visto desde ahora y desde mi persona, me habría encantado vivir esta época en la que intento colarme y que, como no hay nadie guardando la puerta, se convierte en mi refugio. Disfruto del paisaje mientras voy dando sorbos a mi copa y narrando algo en mi cabeza.
Sigo adelante y con frecuencia solo y por mi cuenta, sí. Pero con la puerta abierta.
Para que tú también puedas venir y contarme lo que quieras, cuando te apetezca o cuando lo necesites porque, quién sabe, de pronto te sientas fuera de sitio.
Y si tienes una familia y una vida estructurada... no te preocupes. Si vives lo suficiente, el tiempo ya te irá enseñando lo complejo del ser humano y sus relaciones y se ofrecerá (o te obligará) a desarrollar los recursos que ahora tal vez te faltan. O directamente te enseñará cómo no todo era como tú pensabas. El Equilibrio en la Fuerza es la paradoja de la vida... Imposible a la par que inevitable.
Decía Sócrates, el futbolista, que una cerveza es el mejor psicólogo. Yo añado: una canción inesperada en el momento oportuno. Ven conmigo y descúbrelo.
Es que me gusta San Junípero porque se escucha otra música que no tiene nada que ver con lo que ahora están hipertrofiando para venderlo como tal... y que la gente está comprando.
Estamos a menos de dos años de que un artista de trap/reggaetón/comoquierasllamarlo haga una versión del Chiki-chiki que suene en las discotecas. La gente lo bailará como si fuera la creación del siglo... Será versionar lo que ya te está parodiando.
El contador automático de paradojas, Paradomatic Tres Mil con Bioalcohol, debe de estar… puesssssss, igual que el contador automático de paralelismos: a punto de reventar.
A todo esto… ¿todavía no he dicho lo que es, en realidad, el San Junípero dichoso?
En serio, ¿cuándo fue la última vez que consultaste la wikipedia? Espero que no haya sido en este ratillo que llevas leyendo porque, como te puedes imaginar… nada que ver.
San Junípero es un evento festivo itinerante de dj’s que incluye confeti, regalos y espectáculo audiovisual y que nos visita en el Planta Baja cada vez con más frecuencia debido a la perennidad de su éxito. Algunos conocerán del origen de su denominación por alguna de esas famosas series que yo no he visto ni tampoco pienso ver.
Así pues, desde el principio estoy escribiendo dos historias con el mismo texto: los que ya sabíais de qué San Junípero estaba hablando, llevaréis sonriendo desde el cuarto párrafo por lo menos. Los que no, llevaréis todo este tiempo desconcertados o directamente atónitos.
Y una buena parte de estas palabras salen directamente de mi último San Junípero. Momentos como esos han estado todo el tiempo escribiendo por mí.
Claro que en realidad, si me leíste hace dos años, tampoco creo que te sorprenda nada de esto…
"Vamos, Diego, que a partir de aquí va a ir todo rodado, ya lo verás".
Debe de ser más o menos así, la frase o la idea que más veces me he dicho a mí mismo desde que comenzó el año y desde un poquito antes, pareciérame. Y no es que me lo haya creído, ni tampoco que se haya realizado, desde luego. Pero sí es esa la dirección en la que he empujado.
He procurado ir al San Junípero siempre que ha tenido a bien bendecirnos y, aunque habitualmente voy solo, con suerte me encuentro a alguien que me refugia y me ayuda a aplicar un poco de pegamento entre las inconexas piezas del cajón de sastre que tengo por vida. Como por ejemplo, a la madre de mi portero del año pasado, con su pareja y un grupo de variopintos amigos/as incluyendo los que ella misma acababa de conocer.
Ellos, lo mismo que cualquier otro encuentro casual en locales de ocio o en paseos solitarios, y lo mismo que algún compañero de viaje en un autobús, son personajes de mi película y parte del decorado de mi vida, que es la única que tengo. Aparecen como en una partida de rol en la que, si me atrevo (o si alguna vez me dejara llevar), voy conociendo el inframundo, el supramundo y elquehagafaltamundo.
Igual que el bueno de nuestro agente Zarko, que a pesar de su acervo estuvo dispuesto a descender al último círculo del infierno por una buena causa. Porque le importaba. Aunque tuviese que llevarse una auténtica ensalada de ostias.
Zarko tuvo que morir para cumplir su misión. Yo por mi parte, si he tenido una misión en la vida que he asumido agradecidamente y de todo corazón ha sido la de ser compañero de viaje de dos personas, ahora adolescentes, que conocéis bien si me conocéis. Poder ser un personaje de sus propias películas ha hecho que, desde que nacieran y a pesar de las cuestas y las curvas, todo haya ido rodado.
Este es un pensamiento que, si me muriera mañana, haría que me fuera con un suspiro y una sonrisa franca, libre. Por alguna razón me parece, precisamente ahora, importante decirlo y en consecuencia lo digo.
Lo digo y lo dejo por escrito aquí, en mi casa de palabras que fue, después de otro ejercicio de poesía de vanguardia de Moe Szyslak consistente, como ya sabéis o deberíais saber, en juntar pedazos aparentemente inconexos.
Mírame, después de criticar que las Agrupaciones del Carnaval de Cádiz siempre se plieguen a las directrices formales de la jefatura del concurso... heme aquí, por chorrocentésima vez copiándote la MISMA estructura en una Felicitación navideña, con el MISMO tipo de canciones acompañando una vez más el MISMO recorrido, y encerrando en esencia el MISMO mensaje.
Pero siempre esforzándome AÚN MÁS que en la edición precedente porque, como dijo Ana Torroja, cada vez que te metes a grabar un disco tienes que pensar que va a ser, no ya el mejor, sino LO mejor que vas a hacer en tu puñetera vida.
Un refugio de ocio nocturno hace bien, igual que un refugio escrito. Para mí, ambos musicales, fíjate. Lo construimos, y lo escribimos, porque hace bien y porque, al igual que el agente Zarko cuando no rehúye el desafío y se lanza al precipicio aún consciente del peligro… hemos conocido lo contrario. Y no lo queremos.
Gracias a Zarko, y gracias a mí mismo por mis dieciséis Felicitaciones anteriores que datan de 2007 a 2024 -con sus dos años en blanco-. Gracias por recordarme a mí mismo en cada relectura, no ya sólo que sé hacer esta mierda sino que además me gusta.
Gracias también a esos dos años en blanco por recordarme asimismo lo importante que es esto para mí.
Todo ello me ha ayudado a que, también en la vida, empezara a ver la hoja en blanco, no como un abismo sino como una oportunidad.
Ahora entreno a niños que el año que viene cumplirán los doce. Llevan años de trayectoria jugando en un equipo al que yo llegué anteayer como quien dice, y a su edad yo era un tuercebotas nivel "espérate que todavía tropiezo con el balón de vez en cuando". Y ni que decir tiene que, por que mis alevines ganen, me encomiendo a San Junípero o a cualquier figura espiritual que se me ponga delante.
Este año he sufrido, sí... Digo yo que lo preocupante sería que no sufriera. No sé cómo lo hace el resto de la gente, y me suda el pene. Yo soy yo y mi manera es la buena. La que yo decida a cada vez.
No sé si ya prefiero ver películas solo, pero lo admito: casi siempre me gustaría poder hablar con alguien de la película que acabo de ver.
Todas las batallas del mundo son solitarias, pero uno solo no puede con todas las batallas solitarias del mundo.
Todos y cada uno y cada una estamos solos en medio del resto del mundo, y estamos juntos en esa soledad… Disfruta de la compañía.
Este soy yo siendo otra vez sólo el niño que buscaba una oportunidad de pasarlo bien.
Yo, terminando de nuevo el que ha vuelto a ser mi año independientemente de lo que te acabe de contar, y a punto de empezar otro que desbancará al que se ahora se termina. Aunque otra vez me cueste, como siempre, mucho, mucho trabajo.
Y también yo, con mi pelo cien por cien degenerado a nivel molecular, deseándote unas Happy Parties con San Junípero o cualquier otro venerable o beato de tu elección.
Como buen pequeño autónomo, no temo a nada excepto a convertirme en mi propia cena de Navidad.
…
…
…
Tuve una vida pasada que ahora parece un sueño, pero sigo soñando con lo que intentabas decirme aquel julio hace quince años en el barrio de los Doctores, la penúltima vez que nos vimos.
Lo que quizás intentabas decirme, y que no era imposible.
Lo que quizás intentabas decirme, y que yo era incapaz de decirte.
Hace quince años y medio yo estaba sobrepasado. Atropellado.
Ahora me va bien, como nunca, pero he necesitado la rabia. Y la estoy usando.
Prepárate para lo mejor.
…
…
…
Ten cuidado, no pierdas
el mapa de las almas lejanas... 🎵