Hace años, este fue el blog auxiliar para dejar comentarios cuando fallaba mi auténtico blog, colegadelavega.bitacoras.com. Hoy me sirve para brindaros mis Felicitaciones Navideñas y, de vez en cuando, algo más.
¿Y esto pa qué es?
Bienvenidos. Este blog es sólo para PONER COMENTARIOS a las entradas de mi "auténtico" blog BIRRA CON GINEBRA, ya que allí es taaan difícil por lo maaaal que funciona bitacorae. De todos modos, intentadlo primero allí (ya sabéis, pinchando donde las birras...), y si no puede ser, pues ya sabéis... (Sí, esta es una nueva manifestación de egocentrismo por parte de vuestro Barón de la Birra :PXDDDDD) (Mola esto de los colorines, oye) ACTUALIZACIÓN: 24/12/2014: En vista de las circunstancias, recupero hoy este blog auxiliar que me hice hace casi ocho años (en aquel momento el de verdad, de Bitacoras, fallaba pero sólo al dejar comentarios, fijaos qué cosas... tal vez debí aprovechar para hacer la migración entonces). De momento parece que funciona bien. ¡Que lo disfrutéis!
Escribo este post por si casualmente alguien se diera cuenta de que mi cuenta en Facebook ha sido suspendida y me anduviera buscando por alguna parte.
No sé por qué los gilipollas de Facebook piensan que "no soy una persona real", cuando al mismo tiempo tienen un montón de bots y perfiles falsos campeando a sus anchas y haciendo apología del fascismo y del hijoputismo en general. Lo que sí sé es que empiezan a ser demasiadas mierdas en muy poco tiempo, estoy empezando a cansarme y que en realidad no pasa nada porque me van a devolver mi cuenta más temprano que tarde... o de lo contrario vamos a salir en las noticias.
Gracias por visitar, si es que alguien visitara, y por comentar.
El pino, el abeto y el enebro
no pierden las hojas en invierno.
Eso es un hecho.
Los doscientos mil millones de
tijeretas, ESTÁN AHÍ aunque nadie sepa de dónde han salido ni cómo han llegado.
Y San Junípero no es la figura
hagiográfica más característica de estas fechas, pero alberga íntegramente la
metáfora que exploraremos hoy. En milimétrico paralelismo con todos los sujetos
antes mencionados.
...Así pues, empezamos.
Alúmbrame a mí mayormente.
(“Vamos, Diego, que a partir de
aquí va a ir todo rodado, ya lo verás.”)
Como cada año, aquí está tu
secretario, despertador y calendario humano amigo, el ColegadelaVega,
recordándote otra vez que ha llegado la Navidad. Como cada año, el
ColegadelaVega se pone de acuerdo con el mundo por un día para enterarse de en
qué día vive.
Así que, ya que estás aquí,
disfrútalo porque no es algo que se pueda esperar tratándose de mí: hace poco
llegué a la conclusión, temporal como siempre, de que he vivido mis cuarenta y
tres años completamente y en todo momento al margen de mi generación y a
destiempo de mi tiempo.
Me gusta algo cuando ya no le
gusta a nadie, hay presuntos iconos de mi infancia que he ignorado hasta ya
consagrarme como calvo con barba y, en el verano en que cumplía los doce, los
atemporales Beatles llegaron a mi vida (aunque podría haber pasado en cualquier
otro momento…) y en esos mismos días me volví loco por el fútbol a una edad a
la que o bien ya eres un veterano con años de trayectoria jugando en un equipo,
o bien no pasarás de mero espectador en tu vida.
Para colmo, la mayoría de
expresiones culturales con las que se supone que me he criado, incluyendo
muchos dibujos animados y no digamos ya las series populares, hoy día las
ignoro o directamente las repudio. Igual que las actuales, dicho sea de paso.
En fin, entre unas cosas y otras
no debería haberme sorprendido de que toda mi hente hubiera oído hablar
de “San Junípero” cuando reapareció en nuestros dominios e incluso dejaran
escapar un suspiro de nostalgia, mientras que yo por mi parte no había
escuchado ese nombre en mi vida… Y sin embargo, seas quien seas te puedo
asegurar que a día de hoy es mucho más importante en la mía que en la tuya.
Déjame que te ponga en contexto…
Ahí va: Helado y cigarro.
Sí, en serio.
Ese es el contexto.
¿Qué? ¿No lo entiendes? Espérate
que le dé un enfoque AÚN más oblicuo y soslayado: ¿Qué hiciste en tus últimas
vacaciones? ¿Visitaste este verano algún país por primera vez? ¿Te dejaste
guiar por algún gurú de las redes sociales que se pasa la vida viajando de aquí
a allá por esos lugares tan de moda -o tan presuntamente recónditos- para luego
tratar de hacerte las mismas fotos y vídeos que viste en esos mismos sitios?
¿Te inspiraste en alguna película, alguna recomendación o, quién sabe… en
alguna serie masivamente popular de tu infancia?
Bien, pues… muérete de envidia
porque yo me he montado mis propias vacaciones cada viernes, en el momento de
encenderme el primer cigarro. Quien me conozca sabrá que es especialmente
importante para mí, dado que por lo general sólo fumo los fines de semana.
Empecé a hacerlo clandestinamente con diecisiete años, más tarde que todo el
que empieza clandestinamente, ya más bien a la edad de quien termina
convirtiéndose en fumador diario. Cosa que tampoco me ha ocurrido hasta hoy.
Es importante ese primer cigarro
para desconectar de la semana laboral y celebrar que hemos llegado vivos a otro
finde. Aunque últimamente ya no tenga demasiado trabajo del que desconectar; sí
a cambio otras fuentes de cansancio, sufrimiento y preocupación intrínseca al
transcurrir de la vida, o de la mía de ahora al menos.
Es importante porque marca el
comienzo de la fiesta, de la diversión, de ver a quien en semana no puedo.
Aunque últimamente cada vez pueda ver a menos gente, estar en menos fiestas y
encontrar menos diversión. Y menos mal porque lo segundo ni lo tercero creo que
ahora mismo pudiera pagármelos.
Así que, si no hay ningún
concierto gratuito o similar por el que asomar la nariz, mis “propias
vacaciones” consisten en acompañar el susodicho cigarro con la bebida que me
apetezca en algún banco de la avenida o algún poético rincón de mi elección.
Con suerte me acompaña algún amigo y vecino pero hasta eso, ahora, es
infrecuente.
En verano, con la puesta de sol y
las tardes más libres, de vez en cuando me permito inventarme un
viernes cualquier otro día e, incluso, el exceso de un helado que anteceda al
cigarro haciéndolo a su vez más apetecible. Sin abusar, puesto que ya considero
que estoy más gordo de lo que debiera y de lo que aspiro.
…Y esta, en fin, puede ser mi
esporádica ración de lujo en una tarde estival cualquiera. Mientras, con
mis auriculares a tope de volumen, pienso en lo que no sé si llegará o si tengo
ganas de que llegue o tal vez todo lo contrario y reflexiono sobre las dos o
tres mismas cosas de siempre, y en medio de tanto, espero y espero… a que
llegue San Junípero. 😉
Un lugar en el que sí he estado,
aunque no recientemente, y al que me gustaría volver algún día, es el Carnaval
de Cádiz. Aprovecharía para visitar alguna función del teatro Falla, que
aquella única vez viajé únicamente con estatus de borracho callejero estándar.
Me encantan las agrupaciones del
COAC pero al mismo tiempo me frustra que ciertas modalidades tengan que seguir
un formato tan cuadriculado. Me cuesta entenderlo. Y eso que yo mismo no soy nada
cuadriculado.
También podría ir más lejos un
día, quién sabe… El caso es que desde dos mil diecinueve no viajo al
extranjero. Pero en realidad es igual porque, por si aún no te has dado cuenta,
ya vivo en modo avión.
O tal vez te acabo de contar una mentira
porque precisamente este verano “volví” a Chicago. De nuevo me puse en la piel
de Víctor Zarko, el inspector forense del FBI al que yo mismo creé y para el
cual imaginé todo un pasado traumático hasta lo sórdido pero más heredado que
propio… Ahí queda.
Un pasado al que intenta
contrarrestar, ya sea afrontándolo como empleando la huida hacia adelante, y
una historia la suya que terminó con un sacrificio épico por la más altruista y
edificante motivación.
Este último es, en fin, uno de mis
buenos recuerdos de este año, y que por una vez he podido compartir con
alguien… Me he acordado mucho de él: precisamente la noche anterior al día en
que esta publicación ha de ver la luz, van y me estrenan en la tele la peli de
Dungeons & Dragons, que no había visto en mi vida y que rinde tributo a una
generación de niños de los setenta que sólo querían pasarlo bien pero, fíjate,
no les gustaban las típicas cosas. Esas cosas que de todas maneras no estaban
pensadas para ellos porque no eran cool.
Bien… ¿consideras que ya te he
puesto suficientemente en contexto? Eso espero.
En todo caso, las otras cosas que
pasan y que no estoy contando tampoco son forzosamente mejores.
Aunque he dormido en mi casa cada
noche de este año, sí he viajado mucho por mi provincia. Allá donde las
alhambras nos estrellan al pasar, un autobús o mi propio coche me han llevado a
pueblos por los que apenas he llegado a asomar la cabeza más allá de su
respectivo campo de fútbol.
Es cierto que cuando voy por mis
propios medios podría explorar un poco más en mis destinos, pero en realidad ya
me conformo con no tener que compartir viaje con los peores compañeros de viaje
que haya tenido. Es curioso como la peor basura coincide a veces también con
los MEJORES compañeros… Lamentablemente, lo primero acaba pesando más que lo
segundo. Síganme para más paradojas de a duro el kilo.
Total, que yo ya casi no voy a
ninguna parte y encima casi nadie viene a donde yo estoy. Te habrás fijado,
desde que llegaron los teléfonos móviles, se acabaron las visitas sorpresa en
esta tierra.
En el fondo, quizás todos y cada
uno y cada una estamos solos en medio del resto del mundo. Yo por mi parte
llevo tanto tiempo viendo películas solo que ya no me acuerdo si realmente
prefiero verlas solo, o no.
Al final, por lo uno o lo otro,
nos hacemos daño. Hay cosas que nos dan rabia.
También, lo uno o lo otro que
hagamos puede hacer daño, y hay rabia que ya estaba ahí de antes y que nos
afecta aunque no queramos. A veces acaba actuando por nosotros... Úsese con
precaución.
Pero cuando te llegue el momento
de tomar decisiones… más vale que las tomes, sean las que sean. Aunque sigas
una política de Fire & Forget… decides, y sigues adelante. Porque al final,
todas las batallas del mundo son solitarias.
Teniendo en cuenta que el
discurrir del año sólo me ha dado para estas diatribas, que tengo cuarenta y
tres y que los llevo como los llevo, se podría pensar que todo ello conforma la
circunstancia perfecta para que un adicto rehabilitado recayera en su conducta
adictiva.
Pienso en ello cada día, créeme,
por la cuenta que me trae.
Se podría pensar también que, por
mi propia historia, estoy más curtido en empatía que el común de los mortales.
Pero tener perspectiva en los momentos duros, joder, QUÉ DIFÍCIL ES.
Sí, para mí también.
¿Tanta gente de verdad necesita
hacer ese daño innecesario, ese comentario destructivo, etc., para sentirse
mejor? ¿Y si esta gente fuese alguien a quien quieres? Si no te queda
más remedio que estar dándole vueltas a todo esto… Dale siempre una vuelta más.
Porque puedes creer que hacen daño
a propósito, pero cuando lo haces tú y tal vez no te enteras siquiera, ¿acaso
es a propósito?
¿Y si a veces sí lo sabes pero aún
así tienes que hacerlo? Si quieres que entiendan que haces daño por tu propia
debilidad y por tu circunstancia, tendrás que admitir también dos cosas: por un
lado, que no eres perfecto y que cometerás errores que deberás asumir; por otra
parte, que la vida no es lineal y que tu plan no tiene por qué funcionar.
Yo aún lo estoy aprendiendo. Lo de
no mezclar mis expectativas con las de nadie, digo. Porque sé que cada cual
tiene sus propios problemas y hace sus propios planes. Habrá quien
piense que para mí es fácil seguir esta deontología dado que a fin de cuentas, no
me caso con nadie. Literal y figuradamente.
En todo caso, si veis que de vez
en cuando disparo y me olvido, sabed que seguramente sea porque lo he
decidido a conciencia y a consciencia.
Al final llega la hora de volver a
preguntarte por qué estás donde estás y haciendo lo que estás haciendo. En mi
caso, la respuesta sigue siendo la misma de los últimos cinco años y tres
meses: porque he venido yo, y porque he querido yo. Todo lo demás, o lo que no
te haya dicho yo, simplemente no tiene nada que ver conmigo.
Viene bien tener la memoria que
tengo para recordar todo esto cada vez que sea preciso. Y también para
reconocer la desmemoria indocumentada en medio de algún discurso
pretenciosamente paternalista que me pueda tener que tragar de vez en cuando
porque no haya más remedio.
Me pongo el impermeable, me quedo
callado, miro a otro lado y no digo nada. Por dentro agradezco que me estén
diciendo lo que me están diciendo porque estoy sacando mis propias conclusiones
o respaldando las ya existentes.
Gracias a mi memoria recuerdo
también lo que la gente pensó en aquel 2007, con la primera de estas
Felicitaciones: que estaba más bien jodido.
Si lo pensaran esta vez, sí que
acertarían.
Para eso sirve este mi ritual del
veinticuatro de diciembre. Para eso y para lo que rara vez me atrevo a admitir:
que a veces tengo ganas de llorar y ya no puedo. Que no estoy siempre bien, que
no estoy bien en general, y que no estoy tan seguro de lo de que si eres
capaz de admitir que "no estás bien", significa que "no estás
tan mal".
En aquel 2007, ingenuo de mí,
pensaba que vivía una vida con sus cosillas, sí, pero en un entorno
estructurado y con cimientos sólidos. Que todo lo que parecía normal era
realmente normal.
Recuerdo que en esos años una de
las cosas que repetidamente anhelaba, era tener novia en Navidad. Me imaginaba
con ella, en la aventura de admirar las luces de Navidad y comprar nosequé por
esas calles… tal y como veía hacerlo a tantas parejas, a mi alrededor o en la
pantalla del televisor.
Es mágico cómo eso, con el paso de
los años, no es que no me apetezca pero ya no me parece tan importante. Y es
curioso cómo cada vez existen menos de esas parejas. Ahora, al corto plazo, yo
lo que quiero es terminar bien este texto, ponerle la música y atinar con ella,
San Junípero me ayude.
Desde aquel 2007… mucho tiempo ha
pasado. Mucho tiempo y menos cosas, no siempre o necesariamente las que me a mí
me gustaría.
Entro de vez en cuando en mi
cuenta de Hotmail para ver si alguien, quince años después, por casualidad aún
se acuerda de mí. Porque yo no me atrevo a decirle, quince años después, cuando
la vida pasada hace ya mucho que parece un sueño... que aún me acuerdo de ella.
Entretanto y para cuando lo
necesito, tengo refugios. Como fueron el pino, el abeto y el enebro. El último
ofreció sus bayas negras, el primero resguardó del viento y el abeto
finalmente, tan navideño él, dio cobijo y compañía. Por si tal vez tengo un ala
rota pero necesito seguir adelante.
Seguiré si es necesario, como cada
vez que visito a San Junípero: solo y por mi cuenta.
Cada vez, encuentro gente joven
con cabellos de diferentes colores, ropa ambigua y aspecto igualmente ambiguo
en general. Bailando lo que a cada cual le apetece y cantando lo que le apetece
como le apetece… Da igual si no eres cool.
Visto desde ahora y desde mi
persona, me habría encantado vivir esta época en la que intento colarme y que,
como no hay nadie guardando la puerta, se convierte en mi refugio. Disfruto del
paisaje mientras voy dando sorbos a mi copa y narrando algo en mi
cabeza.
Sigo adelante y con frecuencia
solo y por mi cuenta, sí. Pero con la puerta abierta.
Para que tú también puedas venir y
contarme lo que quieras, cuando te apetezca o cuando lo necesites porque, quién
sabe, de pronto te sientas fuera de sitio.
Y si tienes una familia y una vida
estructurada... no te preocupes. Si vives lo suficiente, el tiempo ya te irá
enseñando lo complejo del ser humano y sus relaciones y se ofrecerá (o te
obligará) a desarrollar los recursos que ahora tal vez te faltan. O directamente
te enseñará cómo no todo era como tú pensabas. El Equilibrio en la Fuerza es la
paradoja de la vida... Imposible a la par que inevitable.
Decía Sócrates, el futbolista, que
una cerveza es el mejor psicólogo. Yo añado: una canción inesperada en el
momento oportuno. Ven conmigo y descúbrelo.
Es que me gusta San Junípero
porque se escucha otra música que no tiene nada que ver con lo que ahora están
hipertrofiando para venderlo como tal... y que la gente está comprando.
Estamos a menos de dos años de que
un artista de trap/reggaetón/comoquierasllamarlo haga una versión del
Chiki-chiki que suene en las discotecas. La gente lo bailará como si fuera la
creación del siglo... Será versionar lo que ya te está parodiando.
El contador automático de
paradojas, Paradomatic Tres Mil con Bioalcohol, debe de estar…
puesssssss, igual que el contador automático de paralelismos: a punto de
reventar.
A todo esto… ¿todavía no he dicho
lo que es, en realidad, el San Junípero dichoso?
En serio, ¿cuándo fue la última
vez que consultaste la wikipedia? Espero que no haya sido en este ratillo que
llevas leyendo porque, como te puedes imaginar… nada que ver.
San Junípero es un evento festivo
itinerante de dj’s que incluye confeti, regalos y espectáculo audiovisual y que
nos visita en el Planta Baja cada vez con más frecuencia debido a la perennidad
de su éxito. Algunos conocerán del origen de su denominación por alguna de esas
famosas series que yo no he visto ni tampoco pienso ver.
Así pues, desde el principio estoy
escribiendo dos historias con el mismo texto: los que ya sabíais de qué San
Junípero estaba hablando, llevaréis sonriendo desde el cuarto párrafo por lo
menos. Los que no, llevaréis todo este tiempo desconcertados o directamente
atónitos.
Y una buena parte de estas
palabras salen directamente de mi último San Junípero. Momentos como esos han
estado todo el tiempo escribiendo por mí.
Claro que en realidad, si me
leíste hace dos años, tampoco creo que te sorprenda nada de esto…
"Vamos, Diego, que a
partir de aquí va a ir todo rodado, ya lo verás".
Debe de ser más o menos así, la
frase o la idea que más veces me he dicho a mí mismo desde que comenzó el año y
desde un poquito antes, pareciérame. Y no es que me lo haya creído, ni tampoco
que se haya realizado, desde luego. Pero sí es esa la dirección en la que he
empujado.
He procurado ir al San Junípero
siempre que ha tenido a bien bendecirnos y, aunque habitualmente voy solo, con
suerte me encuentro a alguien que me refugia y me ayuda a aplicar un
poco de pegamento entre las inconexas piezas del cajón de sastre que tengo por
vida. Como por ejemplo, a la madre de mi portero del año pasado, con su pareja
y un grupo de variopintos amigos/as incluyendo los que ella misma acababa de
conocer.
Ellos, lo mismo que cualquier otro
encuentro casual en locales de ocio o en paseos solitarios, y lo mismo que
algún compañero de viaje en un autobús, son personajes de mi película y parte
del decorado de mi vida, que es la única que tengo. Aparecen como en una
partida de rol en la que, si me atrevo (o si alguna vez me dejara llevar), voy
conociendo el inframundo, el supramundo y elquehagafaltamundo.
Igual que el bueno de nuestro
agente Zarko, que a pesar de su acervo estuvo dispuesto a descender al último
círculo del infierno por una buena causa. Porque le importaba. Aunque tuviese
que llevarse una auténtica ensalada de ostias.
Zarko tuvo que morir para
cumplir su misión. Yo por mi parte, si he tenido una misión en la vida
que he asumido agradecidamente y de todo corazón ha sido la de ser compañero de
viaje de dos personas, ahora adolescentes, que conocéis bien si me conocéis.
Poder ser un personaje de sus propias películas ha hecho que, desde que
nacieran y a pesar de las cuestas y las curvas, todo haya ido rodado.
Este es un pensamiento que, si me
muriera mañana, haría que me fuera con un suspiro y una sonrisa franca, libre.
Por alguna razón me parece, precisamente ahora, importante decirlo y en
consecuencia lo digo.
Lo digo y lo dejo por escrito
aquí, en mi casa de palabras que fue, después de otro ejercicio de
poesía de vanguardia de Moe Szyslak consistente, como ya sabéis o deberíais
saber, en juntar pedazos aparentemente inconexos.
Mírame, después de criticar que
las Agrupaciones del Carnaval de Cádiz siempre se plieguen a las directrices
formales de la jefatura del concurso... heme aquí, por chorrocentésima vez
copiándote la MISMA estructura en una Felicitación navideña, con el MISMO tipo
de canciones acompañando una vez más el MISMO recorrido, y encerrando en
esencia el MISMO mensaje.
Pero siempre esforzándome AÚN MÁS
que en la edición precedente porque, como dijo Ana Torroja, cada vez que te
metes a grabar un disco tienes que pensar que va a ser, no ya el mejor, sino LO
mejor que vas a hacer en tu puñetera vida.
Un refugio de ocio nocturno hace
bien, igual que un refugio escrito. Para mí, ambos musicales, fíjate. Lo
construimos, y lo escribimos, porque hace bien y porque, al igual que el agente
Zarko cuando no rehúye el desafío y se lanza al precipicio aún consciente del
peligro… hemos conocido lo contrario. Y no lo queremos.
Gracias a Zarko, y gracias a mí
mismo por mis dieciséis Felicitaciones anteriores que datan de 2007 a 2024
-con sus dos años en blanco-. Gracias por recordarme a mí mismo en cada
relectura, no ya sólo que sé hacer esta mierda sino que además me gusta.
Gracias también a esos dos años en
blanco por recordarme asimismo lo importante que es esto para mí.
Todo ello me ha ayudado a que,
también en la vida, empezara a ver la hoja en blanco, no como un abismo sino
como una oportunidad.
Ahora entreno a niños que el año
que viene cumplirán los doce. Llevan años de trayectoria jugando en un equipo
al que yo llegué anteayer como quien dice, y a su edad yo era un tuercebotas
nivel "espérate que todavía tropiezo con el balón de vez en
cuando". Y ni que decir tiene que, por que mis alevines ganen, me
encomiendo a San Junípero o a cualquier figura espiritual que se me ponga
delante.
Este año he sufrido, sí... Digo yo
que lo preocupante sería que no sufriera. No sé cómo lo hace el resto de la
gente, y me suda el pene. Yo soy yo y mi manera es la buena. La que yo decida a
cada vez.
No sé si ya prefiero ver películas
solo, pero lo admito: casi siempre me gustaría poder hablar con alguien de la
película que acabo de ver.
Todas las batallas del mundo son
solitarias, pero uno solo no puede con todas las batallas solitarias del mundo.
Todos y cada uno y cada una
estamos solos en medio del resto del mundo, y estamos juntos en esa soledad…
Disfruta de la compañía.
Este soy yo siendo otra vez sólo
el niño que buscaba una oportunidad de pasarlo bien.
Yo, terminando de nuevo el que ha
vuelto a ser mi año independientemente de lo que te acabe de contar, y a
punto de empezar otro que desbancará al que se ahora se termina. Aunque otra
vez me cueste, como siempre, mucho, mucho trabajo.
Y también yo, con mi pelo cien por
cien degenerado a nivel molecular, deseándote unas Happy Parties con San
Junípero o cualquier otro venerable o beato de tu elección.
Como buen pequeño autónomo, no
temo a nada excepto a convertirme en mi propia cena de Navidad.
…
…
…
Tuve una vida pasada que ahora
parece un sueño, pero sigo soñando con lo que intentabas decirme aquel julio
hace quince años en el barrio de los Doctores, la penúltima vez que nos
vimos.
Lo que quizás intentabas
decirme, y que no era imposible.
Lo que quizás intentabas
decirme, y que yo era incapaz de decirte.
Hace quince años y medio yo
estaba sobrepasado. Atropellado.
Ahora me va bien, como nunca,
pero he necesitado la rabia. Y la estoy usando.